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Docente: María Fernanda Guerra

[ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº77

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº77

ISSN: 1668-5229

Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Introducción a la Investigación. Proyectos Ganadores Segundo Cuatrimestre 2016 Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita. Proyectos Ganadores Segun

Año XIII, Vol. 77, Mayo 2017, Buenos Aires, Argentina | 208 páginas

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Abstract del docente 

El proyecto de la asignatura comunicación oral y escrita consiste en redactar una historia familiar que se realizará a partir de la entrega de trabajos parciales donde deberán utilizar técnicas de recolección de datos a buscando información sobre la historia familiar a través de fuentes primarias y secundarias. En la narración de dicha historia se utilizarán los conocimientos adquiridos durante la cursada que pondrán en juego el uso de estrategias discursivas y el desarrollo de distintas secuencias textuales y el uso correcto de la normativa gráfica

Producción de los estudiantes

Alemanes por Argentina Matías Ezequiel Serain

La migración alemana se dio muy fuerte en la segunda guerra mundial (1939-1945).
Muchos alemanes emigraron a países como Rusia, Colombia, Brasil o Argentina. Los Ludwigs eran una familia de alemanes que vinieron a Argentina buscando una vida mejor, donde se podía tener distintos pensamientos sin que lo castigaran por eso. Durante muchos años la familia ha ido pasando por diferentes situaciones que marcaron la vida de cada uno de los integrantes. Vivir en un país donde no se habla el mismo idioma no es fácil, por lo que el proceso de adaptación tampoco lo fue. El choque cultural entre países e incluso en el mismo país, en las distintas provincias, puede ser incluso peor. Pero estos inmigrantes alemanes pudieron superarlo, a pesar de todos los obstáculos que la vida les puso, finalmente lograron lo que tenían planeado desde un principio, una vida mejor y feliz.  (Ver introducción y conclusión del trabajo en p. 133)

Aire fresco  Clara García Fuentes

En el trabajo destinado para la materia Comunicación Oral y Escrita, he decidido contar una historia que personalmente siempre me resultó muy interesante. La misma trata sobre mi abuela a quien conozco desde que tengo uso de razón y con quien he compartido incontables momentos de mi vida. Ella se llama Marta, nació en Alemania y se instaló en Argentina en el año 1944. En esta narración, busco contar cómo fue este proceso, detallar de qué manera llegó a Argentina y logró instalarse. También, se narrará sobre el contexto de la época en la que vivió que influyo en ella. Se describe cómo reconstituye una vida nueva en un país lejano y logra formar una familia. Marta se caracteriza por su elegancia, su altura y sus piernas sin fin. Es delgada y, como su nacionalidad lo dicta, rubia y de ojos celestes y su piel es clara como buena enemiga del sol. A la hora de ponerme a pensar en el título, decidí reflexionar sobre la historia misma y ceo que el título “Aire Fresco” es una manera de decir “un gran cambio” pero de manera indirecta.

Desde Victoria hasta la vuelta  Clara Gamba

En esta historia voy a contar un segmento de vida de mi mamá, María Rosa, quien con 21 años fue a vivir con una hija y su marido a Brasil. Ella y su marido eran militantes y luchaban por una situación mejor. Desconocían el peligro que podían correr, ellos pensaron que su vida iba a ser tranquila, por las tardes la plaza y a la noche un asado en el patio de la casa de mi abuelo con su hija Victoria. Pero no fue así, un día les llegó la noticia que debido a su actividad política los podrían estar buscando, sus compañeros comenzaron a ser detenidos y las cosas se complicaban cada vez más. La coyuntura argentina del momento a Argentina los obligo a tomar la decisión de exiliarse a Brasil atravesando un año muy conflictivo, el 1976. Con una nena muy chiquita y con mucho miedo tuvieron que tomar la decisión más grande de sus vidas. Primero averiguaron si se podían ir del país, después les quedó decidir donde se iban a ir, como la mayoría de sus amigos se iban a Europa ellos pensaron que ese sería el mejor lugar, pero primero pasarían por Brasil donde se encontraba la cuñada de María, tía de Victoria. Una vez en Brasil las cosas empezaron a tornar cierta normalidad y color y se plantearon la idea de quedarse allí. Ya que era mucho más cerca que Europa, podrían volver y recibir visitas. La decisión de irse de un pueblo en la Patagonia Argentina en el que los habitantes se conocen todos para irse a San Pablo no fue nada fácil, pero la prioridad era su familia. Una vez instalados en San Pablo nació mi otra hermana, Joanna, ella es brasilera y su infancia la vivió allá. En cuanto pudieron mi mamá y su marido volvieron a la Argentina. Mi mamá era una chica aventurera y con mucha valentía y su único propósito era tener una familia y mantenerla a salvo. Esta historia tiene como componentes la alegría, la tristeza, el miedo, peligro y amor, por que así son las historias de vidas, repletas de sentimientos. 

Empezar de nuevo  Sophía Henin Ulman

Ubicándonos en la ciudad capital de Santiago del Estero, hace unos 37 años, Leopoldo Henin y Ana Ulman, se conocieron en el grupo de la iglesia San Francisco de Asís, donde por la lindura de mi madre, y el atrevimiento de mi padre, pasaron a ser noviecitos de la pre-adolescencia. Por cuestiones de la vida, familiares sobre todo, Leopoldo desaparece de la vida de Ana, sin dejar rastro, sin previo aviso que anticipe este hecho. Transcurridos los años, 10 para ser precisos, Ana que se encontraba limpiando su vereda, se topó con Leopoldo que cruzaba justo por ahí. Charla va, charla viene, terminaron recobrando eso que habían dejado de adolescentes para ponerle un poco más de sentimiento. A los 3 meses de haber estado saliendo, deciden casarse. Por la labor de mi padre, el lugar para establecerse siendo recién casados es una estancia en la ciudad de Río Gallegos llamada “El Cóndor”. El 11 de marzo de 1992 nazco yo la mayor; y el 5 de marzo de 1995 nace mi segunda hermana, Constanza. Cuando tenía 4 años de edad, a mi padre lo trasladan a una estancia en Puerto San Julián, llamada “Estancia Coronel”, para ser administrador, lo que fue un nuevo comienzo para toda la familia. En 1998, luego de haber pasado 2 años allí, el 16 de mayo nace Camila, la menor hasta ese momento. Cinco para acá, cinco para allá, éramos nosotros en todo momento. Ese lugar verde, esa pampa desolada, esa montaña eterna añorando ser caminada, los árboles para trepar. Si hay algo que agradecemos, es haber tenido la posibilidad de estar ahí, en ese lugar, en ese tiempo, aprendiendo a ser la familia que hoy somos. Siete años transcurridos, tranquilos, yendo y viniendo, del pueblo al campo, del campo al pueblo, y así la mayoría de los días, para ir al colegio, para hacer mandados, sociales, y demás. Es en el 2006 cuando mi padre decide comprar una casa en el pueblo, pero seguía siendo lo mismo, con la diferencia de que ahora teníamos un lugar donde estar, donde parar, donde hacer tiempo. No podíamos despegarnos de la idea de abandonar el campo, ese lugar tan tranquilo, hasta que la adolescencia fue asomando a mi puerta, y a la de mi hermana del medio, Constanza. Fue entonces cuando decidimos empezar a habitar esa casa, entonces era noches allá, noches acá, dividiendo tiempos. Mi último año de secundario había llegado, miles de emociones y pensamientos me rondaban en la mente, tanto a mí como a mi familia, era lo que tanto había esperado. Mi cumpleaños, ese año, aparte de ser el último en mi casa, tuvo una sorpresa más. Esa noche salí a festejar, y luego de haberla pasado muy lindo, llegó la hora de irme a dormir. La mañana fue pesada, imposible despertarme, mi cuerpo y mente todavía no coordinaban para arrancar, y fue entonces cuando medio dormida, medio despierta, siento que mi mamá abre mi cuarto, y me dice: - Hija, ¡estoy embarazada! No podía creerlo, nadie en realidad. Mi mamá era un mar de llanto, mi papá, la alegría personificada. Luego de 17 años, míos, de pensar que ya estaba, que éramos 5, y que estaba bien que lo fuéramos, la familia se agrandaba, sin pensarlo, sin quererlo. Y fue ahí que comenzó todo de nuevo. La mayor dejaba la casa en breve, y no iba a haber consuelo para los padres. Y llegó, como caído del cielo, como un regalo inesperado, para tapar vacíos, para hacernos sentir y hacernos entender que la vida sigue, y que de lo malo o triste, pueden surgir las mejores cosas de la vida. Era la oportunidad de que llegue el varón, el anhelo de toda la familia, luego de tres mujeres, si no llegaba en ese momento, no iba a llegar más. Y emprendimos viaje, todos, a realizar la ecografía a la ciudad de Comodoro Rivadavia, a los 5 meses de embarazo nos dieron la noticia, llegaría Hans. Y así fue como un punto de perfección comenzó a rondar, pese a las dificultades que se venían con respecto a mi partida. La tristeza había pasado a un segundo plano, ahora solo contábamos con las ansias de tenerlo, de conocerlo. Hoy en día, a sus 6 años de edad, con esa dulzura enorme que lo caracteriza desde pequeño, no deja de sorprendernos. Es un niño, criado entre grandes, pero niño al fin. 

Tren de las nubes

Lara Miranda

La historia a narrar ocurrió en Julio del año 2005 en la provincia de Salta. Realizábamos nuestro primer viaje juntas con mi mamá al norte argentino, luego de recorrer Jujuy concluíamos nuestro viaje en Salta. Al llegar a esta provincia, gran mayoría de los lugareños nos recomendaron realizar el viaje en el tren de las nubes, que consta de un viaje en tren de 14 horas donde el destino final es un puente que se encuentra a 4.200 metros de altura. Nosotras, muy entusiasmadas, sacamos los boletos para el día siguiente pero desgraciadamente luego de 7 horas el tren sufrió un desarreglo. Quedamos paradas durante 2 horas sin saber que sucedía, las luces y la calefacción se apagaron y la temperatura ambiente era de 10º bajo cero. Pasadas las 2 horas nos informaron que el tren no podía concluir su recorrido, y que, a los 500 pasajeros que estábamos a bordo del tren seríamos evacuados por personas en autos particulares desde un pueblo a 20 km. Como si fuera poco, debido a la gran altura, mucha gente comenzó a descomponerse. Varios se desmayaron, los carritos de oxigeno iban de un lado para el otro, repartiéndose entre aquellos que más lo necesitaban. Personal del tren pasaba repartiendo hojas de coca, en conclusión, la situación era un caos. Pasadas un par de horas comenzaron a llegar nuestros rescatistas, la gente tan amable del pueblo San Antonio de los Cobres, los cuales nos llevaron a un refugio cercano. A las 4 de la mañana por fin terminaba la pesadilla, aquel viaje que tendría que haber durado 14 horas, pero se convirtió en uno de 21 largas horas.

Unidos por el arte  Manuela Aguirre

Nosotros somos una familia que desciende de los italianos. Nuestro apellido materno, Ercolano, desciende de una isla Italiana llamada Herculano. La cual quedo enterrada bajo las cenizas del volcán Vesubio. Habiendo superado esa catástrofe, Hoy es un pequeño pueblo del sur de Italia llamado Ercolano. Muy pintoresco, con calles empedradas y ropa colgada en las alturas de los balcones. Mis bisabuelos vinieron a Argentina deurante la segunda guerra mundial, tratando de huir. Luego de haberse instalado, mi bisabuelo de a poco fue armando una pequeña industria, la cual no tuvo éxito y de muy joven comenzó a trabajar en lo que era Segba, que hoy es Edesur. Allí trabajo durante toda su vida. Mientras mi bisabuela Angelina se dedicaba a armar su hogar, cocinar, coser y los trabajos domésticos. 

En un comienzo, como tantos inmigrantes vivieron en un conventillo. Que es un lugar donde se hospedaban muchas familias juntas, en el barrio de la Boca. Tuvieron tres hijos varones. De los cuales uno es mi abuelo llamado Salvador. Él fue al colegio frente al puerto del barrio de la boca. Hoy transformado en museo. Y se trata del museo del gran artista plástico Quinquela Martín. Es allí donde comienza, creo yo nuestra veta artística. Mi abuelo ha conversado con Quinquela, y siempre me cuenta que era un señor muy cariñoso y amable con los niños, los iba a visitar y les contaba de cómo había comenzado su historia, de cómo pintaba los barcos ya que él vivía enfrente. Hoy en día esa escuela ya no existe más, sino que se transformó en el museo de Quinquela Martín. Mi abuelo siempre cuenta que mi bisabuelo siempre lo incorporo para que trabaje en Segba, pero que al terminar allí se dirigía al teatro San Martín, y trabajaba haciendo las escenografías de las obras de teatro. Mi abuelo es un gran dibujante, y si no hubiese tenido que trabajar desde tan chico, seguramente hubiese elegido alguna carrera que tuviese que ver con eso. Pensándolo, creo que un tema que caracteriza a nuestra familia, es lo artístico, de diferentes modos. Por un lado Salvador que es mi abuelo materno que trabajaba en las escenografías del teatro, por otro lado mi abuelo paterno, es coleccionista de pinturas, al entrar a la casa se pueden observar pinturas de todos los artistas, de diferentes tamaños y estilos. Luego mi madre heredo de mi abuelo la pasión por el dibujo y el arte en su totalidad, y es pintora. Y finalmente yo, que desde muy chiquita fui probando distintas formas del arte. Desde la parte musical, el piano y el canto, la escritura, y finalmente lo que es el dibujo y el diseño que es lo que decidí que va a ser mi vida a partir de ahora. Creo que acá no hay un solo sujeto de la historia, sino que varios sujetos que estamos unidos por lo que es el arte en todas sus formas, especialmente en lo que es la pintura, el dibujo y el diseño. No podría relatar la historia de una sola persona.

Historia de mi abuelo  Lucía Scheweizer

Decidí compartir la vida de mi abuelo materno, ya que es alguien a quien admiro. Pese a todas las complicaciones que tuvo que pasar, nunca dejó de esforzarse en lograr sus proyectos y en ser una mejor persona. Mi abuelo Pedro Besenyi vivió la Segunda Guerra Mundial. El y toda su familia, compuesta por sus padres y un hermano mayor, eran de Hungría. Su padre, trabajaba en el ejército, y su madre era profesora de filosofía con un buen nivel y reconocimiento. Tenía tan solo 6 años cuando decidieron escaparse de la guerra. Tuvieron un largo recorrido por Europa intentando encontrar un lugar estable donde podrían empezar su vida de cero. Llegaron a Argentina, donde se quedaron hasta que fallecieron. Se podría decir que Pedro era una persona que fue criada en una familia muy trabajadora y perseverante. Estas características son admirables, provocaban que se exigiera a sí mismo hasta que conseguía las metas que se proponía. Su curiosidad por aprender lo llevo a saber muchas cosas, que un señor grande de su edad quizá no entendía. Aún en su adultez, seguía muy interesado por la tecnología y los avances; estaba enterado de todo, como un joven más. Desde que cursó los estudios primarios, hasta en la universidad siempre se destacó y finalizó la carrera de ingeniería industrial. Fue profesor y un ingeniero muy demandado. A pesar de lo dura que fue su vida, siempre demostró buen humor y cariño. Pedro fue un hombre que valoraba mucho a la familia, ya que desde niño era lo único que tenía hasta llegar a Buenos Aires. Por esto mismo, disfrutaba el momento y los pequeños detalles de la vida; del buen comer, de los paisajes, y de la diversión entre amigos y familia. 

Vida y Gracia Moisés  Jesus Manotas Romero

La historia que voy a contar, tiene como protagonista a mi abuela por parte de padre, quien fue una mujer con un carácter fuerte, dedicada a su familia, que se tuvo que enfrentar a difíciles situaciones durante su vida, como un matrimonio por conveniencia, traición por parte de familiares, resentimientos y celos. Elegí contar su historia porque es una persona que influyó mucho en mi vida, mi abuela que se llamaba Carmen Vega murió a los 98 años de edad, y en vida fue una mujer a quien admiré mucho y aun lo sigo haciendo, debido a que a pesar de las situaciones a las que se vio expuesta logro salir adelante, no solo ella, sino toda su familia. Fue el pilar del hogar, puesto que mi abuelo falleció a temprana edad, dedicó su vida a sus hijos, sus nietos y bisnietos. En el transcurso de este trabajo voy a ir contando sobre su vida, como fue forzada a un matrimonio por conveniencia con otro miembro de la familia, todo por mantener el dinero familiar, como tuvo que lidiar con las consecuencias de las infidelidades de su padre, que casi ocasionan que perdiera todo, y que a pesar de todo lograra formar un hogar estable para sus hijos.

Una selva de horrores  Agostina Gómez Cativelli

No les daban las piernas para correr, no encontraban lugar lo suficientemente apartado de la civilización para esconderse del terror que los acechaba. Estaban envueltos en una tenebrosa persecución que parecía no tener fin, y el manto rojo de una época sangrienta amenazaba con cubrirlos de pies a cabeza mientras la noche los acogía en un sueño etéreo y superficial. Las fieras seguían sus huellas hacia donde quiera que huyeran, pisándoles los talones, helándoles la espina dorsal con cada movimiento, con cada táctica que ponían en marcha. ¿Tantos ojos tenían?, ¿o eran, quizás, muchos pájaros los que cantaban las coordenadas? Corrían los años setenta, y el miedo y el horror eran moneda corriente en estas tierras; las torturas y las ejecuciones, un destino echado a la suerte, donde a veces era cruz, y otras era cara. En la Selva Tucumana, los zorros cazaban a sus presas con la misma violencia que los militares cazaban al pueblo. La única diferencia era que los zorros cazaban solos. Los militares, en manada. No había voz, no había grito capaz de quebrar las paredes del Estado violento que subyugaba a su gente. Las ideas eran un puñal de doble filo, y la valentía y el coraje, una espada. Los más temerarios habían terminado como pájaros detrás de los barrotes. Y cada vez que sonaba el gatillo, un lobo, en algún lugar del Mundo, aullaba. Una madre, en su hogar, rompía páginas y páginas de libros, considerados fuentes de material subversivo, denominados como documentación perniciosa. Destrozaba cada ejemplar con manos temblorosas, pero repletas de decisión. En su pecho, el corazón le galopaba de manera tan intensa que el sonido de sus latidos acallaba al resto de la ciudad. Sólo estaba ella. Ella y su corazón. Ella y los libros de su hijo. Luego, el agua del retrete los hacía desaparecer como por arte de magia, ocultado la evidencia capaz de teñir de sangre las alfombras de su hogar. En su puerta, los golpes de los nudillos llamaban con ansiedad, anunciando la llegada de las fieras. Entre los frondosos árboles de la Selva, podía ocultarse hasta un yaguareté. 

En busca de una nueva vida  Paula Micaela Lorenzo

Celia y José eran un matrimonio joven de un pueblo de Espa- ña llamado Pontevedra ubicado en el noroeste de la península ibérica y perteneciente a Galicia. En ese momento tenían dos pequeñas hijas: María Manuela de dos años y una recién nacida llamada María del Carmen. En 1949 España estaba en la Dictadura de Franco, una de las épocas más oscuras de la historia del país. Fue un periodo muy difícil para los ciudadanos, estaban excluidos de la vida política, cultural, intelectual y social. La economía estaba devastada, no había esperanza de vida, la gente se moría de hambre en las calles. La solución que encontraron Celia y José fue dejar su pueblo. Celia era mi abuela. Yo no la llegué a conocer pero todos me dicen que me parezco mucho a ella. Era una mujer alta, con grandes ojos azules y una corta melena rubia rizada. Ella odiaba la idea de irse de su país y abandonar lo poco y nada que tenía asegurado allá pero no soportaba la idea de que su familia se separase ya que no había forma de convencer a José de quedarse. Era una mujer muy trabajadora y emprendedora, por estas razones en el fondo sabía que tenía que dejar su pueblo ya que allá su familia no tenía futuro José se fue en septiembre de 1946. Antes que traer a toda su familia quería conocer él a la Argentina; saber qué propuestas tenía el país, conseguir donde vivir por lo menos un tiempo y lo más importante, conseguir trabajo. La abuela Celia se quedó en Pontevedra con sus dos hijas. Cada vez estaba más convencida de que la idea de irse era lo mejor. José había conseguido trabajo como chofer de colectivo, estaba ganando bastante bien y le enviaba dinero para ella y sus hijas. Además le mandaba cartas cada semana contándole como estaba yendo todo y como todo lo que soñaron se estaba cumpliendo. En noviembre de 1947 Celia y sus hijas se subieron a un barco rumbo a su nuevo hogar. Estaba llena de nervios e inseguridades, por más de que José le asegurase que todo estaba e iba a estar bien era una mujer muy insegura. Fue alrededor de un mes arriba del barco, donde conoció a Susana una rebelde mujer de más o menos 20 años con muchas historias que contar. Celia, la mujer de ojos azules sabía que a pesar del centenar de mareos que sufrió en ese barco, ese mes le daría muchas historias que contar.

Bekef  Micaela Bilavsky

La historia a abordar trata sobre un viaje que realicé en el año 2014 a los 17 años de edad, donde tuve la oportunidad de vivenciar 5 días en el ejército de Israel. Israel es un país soberano de Oriente Próximo que se encuentra en la ribera sudoriental del mar Mediterráneo. Limita al norte con el Líbano, al este con Siria, Jordania, Palestina (Cisjordania), al oeste con el mar Mediterráneo y Palestina (Franja de Gaza), al suroeste con Egipto y al sur con el golfo de Aqaba, en el mar Rojo. Con una población de unos 8 millones de habitantes, la mayoría de los cuales son judíos, Israel es el único Estado judío del mundo. Este país se encuentra constantemente en amenaza y guerra, es por eso que el ejército de Israel, también conocido como tzavá, es casi imprescindible. El día 18 de enero, junto con el grupo Hebraica, realizamos un viaje llamado Bekeff de un mes de duración donde hicimos un recorrido a través de Israel. Una parte del viaje consistió en realizar un programa de entrenamiento militar israelí, que prepara a los jóvenes para el servicio militar obligatorio en las Fuerzas de Defensa Israelíes, llamado “Gadna”, donde se enseñan elementos de disciplina y técnicas militares. Es conducido por soldados de la brigada de infantería Nahal y cada año entrena unos 19.000 jóvenes israelíes, además de numerosos jóvenes de otras nacionalidades. La Gadna a la cual yo asistí está ubicada en la base de Sdeh Boker, en el desierto del Néguev, y es la mayor Gadna del país. Una vez ya instalados, nos dividimos en grupos de 15 personas conformados por hombres y mujeres donde nos fue asignada una “Mefakedet”, es decir, una comandante a cargo de enseñarnos las técnicas militares utilizadas en el ejército. Teníamos que utilizar trajes color verde que consistían de una camisa, cinturón, pantalón, campera y un gorro. Dormíamos en una gran carpa al aire libre en bolsas de dormir junto con otras chicas de la Gadna. La mefakedet solo hablaba hebreo, por lo tanto era difícil comunicarnos, pero de alguna forma lo lográbamos. Teníamos diversas tareas: limpiar la cocina, servir la comida, limpiar los platos, limpiar el baño, entre muchas otras. Cuando no se cumplía alguna de las normas, la mefakedet nos “castigaba” con flexiones de brazos. De esta experiencia me llevé muchos recuerdos, entre ellos cómo disparar un arma, cómo reaccionar ante un ataque, obedecer y respetar a tu superior y muchas cosas más. Pero lo que más disfruté fue vivenciar esta increíble experiencia junto a mis amigos, y realizar nuevas amistades.

¿Cómo un simple viaje puede ser tan especial para alguien?  Adhemar Gianni

Haciendo referencia al título, ¿Cómo un simple viaje puede ser tan especial para alguien? un sábado a la noche mi hermana Martina me llamó que iba a ir con su pareja Marcos y su hija Lucía a Rosario, y quería invitarnos a mí y a mi novia Emilia para que vayamos con el fin de pasar el día y visitar a mi hermana Candela que vive ahí con su novio Jesús. Rosario es una ciudad que se encuentra a 188 KM de Venado Tuerto, a casi 3 horas en auto, lo que facilitó que podamos ir y venir en el día. Fuimos a disfrutar de los paisajes, de un almuerzo en la playa, de improvisar lo que sea total el día era todo nuestro y queríamos aprovechar estar lejos de todo, sólo nosotros, sin nada que nos apure y disfrutando del hermoso día, ese 14 de agosto. Pero, ¿Qué hace especial a algo tan común como viajar con tu familia?, lo que lo hace especial para mí, es la gente con la que tuve la suerte de compartir ese momento y la situación que estamos viviendo todos. Mis hermanas y yo, vivimos toda la vida juntos, hasta que mi hermana mayor decidió ir a vivir sola. Después de eso sólo quedamos Candela, mi hermana melliza, y yo. Hasta que al no tener otra alternativa, ella se fue a Rosario a estudiar y yo a Buenos Aires. Pasamos de vivir 18 años pegados, ir al mismo colegio, tener los mismos compañeros de toda la vida, promocionar juntos, y hasta compartir la misma panza, y nacer con dos minutos de diferencia, de compartir toda una vida junto a ella y mi otra hermana a estar a 300 y 350 kilómetros de distancia de ambas. Pasamos de vernos todos los días y pelearnos por todo a amarnos a más no poder y aprovechar cada minuto que nos tenemos a todos juntos. Lo que también lo hace diferente es que fue la primera vez que viajamos con mis hermanas por nuestra cuenta, y todos acompañados por nuestras respectivas parejas y además la primera vez que hago un viaje con mi novia junto a mi familia. Lo especial no fue el lugar, fue con la gente que fui, la que me hizo pasar una tarde muy linda y nos unió a todos un poco más ya que en este último tiempo nos empezamos a juntar, es algo que recién empieza y espero que siga por mucho tiempo más. Puedo viajar al otro lado del mundo o juntarnos todos a comer una noche, pero el simple hecho de compartir cualquier cosa con ellos es algo que valoro mucho, sea el lugar que sea. 

Recuerdos de una memoria colectiva  Lucía Osterc

Janez, nombre esloveno del español Juan, es mi abuelo paterno. Hoy tiene 82 años y tiene Alzheimer. Yo soy su nieta número diez de diecisiete. No recuerdo mucho sobre su personalidad y forma de ser porque le diagnosticaron su enfermedad cuando yo tenía nueve años, la cual empeoró a fines del año 2009 cuando tuvo un ACV. Desde aquel entonces se le dificulta hablar y los efectos del Alzheimer se potenciaron. Hace ya más de un año que está en silla de ruedas, pero antes del accidente cardiovascular era un hombre muy activo y trabajador. Siempre fue muy alto y delgado. Tiene ojos celestes, de los más claros que alguien alguna vez podrá ver. Por lo general tiene la mirada perdida pero por momentos te mira y sonríe con ojos amigables y afectuosos. Vive con mi abuela, su mujer Elsa, en una casa grande donde recibe a nietos y nietas, hijos e hijas y yernos y nueras todos los fines de semana. Recuerdo que tenía el hábito de comerse las uñas, tal vez por nerviosismo, tal vez solo por costumbre. Es una persona cariñosa y alegre. Siempre le gustó cantar ópera, costumbre que adquirió de su país natal Eslovenia, al igual que el catolicismo. Mi abuela cuenta que era un hombre optimista, lo cual le permitió sobrepasar las desgracias que sufrió de pequeño. Él era el menor de nueve hermanos, vivía con todos ellos y sus padres en Eslovenia. En ese entonces este era un país muy pequeño con tan solo dos mil habitantes. Cuando la Segunda Guerra mundial comenzó mi abuelo tenía tres años. Vivió toda su infancia en guerra hasta los trece años cuando la guerra terminó. Con el tratado de Yalta Eslovenia pasó a formar parte de la República Federativa Socialista de Yugoslavia, de carácter socialista, liderada por Josip Broz, más conocido como Tito. En ese momento uno de los hermanos de mi abuelo fue asesinado por cuestiones políticas. Cuenta mi papa, su hijo Tomás, que cuando mi abuelo tenía doce años, una noche ya casi por cenar estaba la familia reunida en la casa cuando una familia amiga les avisó que los socialistas venían por ellos. Amenazados por la dictadura, tomaron las escrituras y sólo con lo que llevaban puesto tuvieron que escapar caminando hacia Austria. Por la noches caminaban y durante el día se escondían por miedo a ser encontrados. Estuvieron dos años y medio refugiados por Europa, sufrieron hambre y muchas desgracias. Al ser el más pequeño de todos los hermanos, Janez recibió mucho amor y cariño. Lo cuidaron mucho y por eso no sufrió los efectos de la guerra como sus dos hermanos mayores, quienes lucharon en ella. Siempre buscaba ayudar a sus padres, ya mayores de edad. Le ponía contento trabajar con tan solo catorce años para apoyar a su familia: durante el tiempo refugiado en Italia, mi abuelo se levantaba a las cuatro de la mañana para trabajar de monaguillo en una iglesia. Su familia era católica practicante y sigue siéndolo hasta el día de hoy. A la edad de quince, en el año 1948, tuvieron la oportunidad de trasladarse a Estados Unidos, Canadá, Australia o Argentina. En ese tiempo Perón, presidente argentino, había permitido la libre inmigración al país. Ludvik, padre de mi abuelo, ya tenía sesenta años y eligió ir a Argentina porque, por su pacto con la Iglesia, el peronismo no discriminaba sino que aceptaba todo tipo de inmigrantes, no solo aquellos que significaban una fuerte mano de obra. El barco que zarpaba de Italia frenó en las Islas Canarias y luego siguió su rumbo a Argentina donde recibieron a mi abuelo junto con sus hermanos y padres, al igual que a muchos otros refugiados. Mi abuela cuenta que se hospedaron tres días en un hotel de inmigrantes donde dieron de comer. El tercer día, por intermedio de un sacerdote amigo que viajó con ellos, pudieron conseguir una casa entre Vicente López y Florida. Janez empezó a trabajar en una tintorería llamada Cofia. Con el pasar de los años, en la tintorería vieron que tenía un gran potencial y capacidad y lo mandaron a estudiar. Al poco tiempo ya era técnico químico tintorero y a la edad de veintidós ya era jefe de fábrica. Por aquella época mi abuelo conoció en unas vacaciones a mi abuela. Luego de tres meses se pusieron de novios y a los cinco años se casaron. Recién casados y ya con un hijo, en el 1963 mi abuelo se quedó sin trabajo por el cierre de la empresa. Sufrieron problemas económicos por un tiempo hasta que Janez volvió a conseguir trabajo en otra tintorería. A los cuatro años de casados y ya con cuatro hijos Janez se asoció con otros cuatro profesionales y alquilaron una tintorería que había cerrado. Luego de muchos años de trabajo compraron una pequeña fábrica en Ramos Mejía y fueron expandiéndose. En el 1970 mi abuelo compró toda la empresa y junto con mi abuela tuvieron a la quinta y última hija. Con el correr del tiempo sus cinco hijos crecieron y también tuvieron sus hijos: diecisiete nietos y nietas, que nos lleva al día de hoy. Por su enfermedad Janez no recuerda nada de su historia, aunque yo creo que sigue latente, no en su memoria, pero si en su corazón. Por eso hoy decido reconstruirla y tal vez, a través de la memoria de quienes alguna vez la escucharon de su boca, pueda relatar su historia de vida que merece ser contada y guardada en la memoria. Hoy apelo a los recuerdos de mi familia para rearmar la memoria de mi abuelo, una memoria que no le pertenece más a él, una memoria fragmentada en pequeños pedacitos que yacen en el recuerdo de sus familiares, una memoria que ahora le pertenece a muchos: una memoria colectiva.  (Ver introducción y conclusión del trabajo en p. 135)

Un recuerdo del soldado desconocido  Agustina Carla Conti

Islas Malvinas 1982, una invasión. Una guerra por recuperar un territorio argentino que concluyó con la derrota argentina y casi miles de muertes de ambos bandos e isleños. Seiscientos cuarenta y nueve muertos argentinos, militares y civiles, obligados y voluntarios. Por 34 años se ha rendido homenaje a los hombres que lucharon en la guerra. Pero nadie habló de las mujeres hasta el aniversario número 30 de lo ocurrido. Nadie las menciona en los libros de historia, ni en los reconocimientos a los veteranos. 

En este trabajo, mi protagonista será Susana Maza, mejor amiga de mi mamá y, para mí, tan querida como una tía de sangre. Pero esta vez nos centraremos específicamente en quién era hace 34 años: una de las seis instrumentadoras quirúrgicas que asistieron a los soldados de Malvinas. Rondaba los 25 años y se ofreció voluntaria para tratar heridos en el Rompehielos ARA Almirante Irízar, que funcionó como buque hospital, y flotaba a unos 600 metros de las islas. Ella, las otras cinco instrumentadotas y una docena de enfermeras desde casi el anonimato trabajaron curando tanto físicamente como emocionalmente a los jóvenes heridos, asustados, sucios, moribundos y congelados. (Ver introducción y conclusión del trabajo en p. 140)

Canadá  Amparo Roldan

En mi trabajo voy a contar un hecho de mi vida, la despedida de mi mejor amiga, quien se fue a vivir a Canadá para estudiar. Voy a hablar de cómo fueron los meses previos, de por que tomó esa decisión, y de todo lo que siente. Sus miedos, al emprender este viaje, los nervios, la alegría, la tristeza, la emoción y todo lo que implica empezar una vida en otro país. Dejando a sus hermanos y a su padre, viajaría con su madre y su abuela hacia Canadá para el comienzo de una nueva etapa de su vida. A pesar de que iba a emprender su viaje acompa- ñada por ellas, sentía que las iba a extrañar cuando volvieran a Argentina 2 semanas después. Con su valija y su mochila, estaba esperando, sentada en un banco del aeropuerto. Por las reiteradas veces que miraba su reloj y su expresión, podías darte cuenta que esperaba a alguien. A las 7:30 pm debería hacer el embarque y su amiga no había llegado a despedirla. Ya se había despedido de su novio, sus hermanos y su padre, quienes ya estaban volviendo a su casa pero no de Florencia, de quien, todavía, no había señales. 

Vacaciones bajo agua  Josefina Carrere

Naples queda en el lado oeste de la Península de la Florida. Es un pequeño pueblo sobre la playa, muy ordenada, muy limpia y muy tranquila, quizás demasiado para mi gusto. Es también el lugar que mi familia eligió para pasar las vacaciones de verano del 2015, como ya lo veníamos haciendo los cinco veranos anteriores. Llegamos un 27 de diciembre, justo unos días antes de Año Nuevo. Al haber ido tantas veces, no solo conocemos el lugar muy bien, sino que tenemos una especie de rutina armada, un itinerario fijo que nos gusta seguir. El día que llegamos hacemos el check in en el hotel, nos cambiamos rápido y vamos a la playa. Almorzamos ahí y si es un día con sol que no se puede desaprovechar nos quedamos, sino vamos a recorrer la 5ta avenida, que es la calle principal. Los días que siguieron fueron tan soleados que no resguardarse bajo la sombra no era una opción. El mar, su color y sus olas parecían una mentira. Las temperaturas altas no paraban de sorprendernos día tras día. Todo era perfecto. O al menos parecía serlo. Llegó el 31 y llegó acompañado de muchas otras cosas, y con cosas me refiero a todo lo que en unas vacaciones no querés que te pase. Frío, agua (mucha agua o más bien, demasiada), rayos, truenos, cortes de luz y un mar que subía sin parar. Todo lo que no tenía que suceder, sucedió. Pero empecemos desde el principio. La mañana del 31 nos sorprendió, y no fue una sorpresa para nada grata. Abrimos las persianas y ¿con qué nos encontramos? Con todo lo contrario a lo que venían siendo los días anteriores. Viento, nubes, lluvia y frío. “Bueno, no es la muerte de nadie” dijo mi papá para que los ánimos no cayeran. Y tenía razón, había otras actividades para hacer. Igualmente, lo peor vendría a la noche. Sí, la noche de año nuevo. Hacia las 3 empezó a llover. Era un lluvia normal, como cualquier otra. Después de unas horas paró y así todos volvieron a sus rutinas. Ese día el atardecer fue espectacular, el mejor desde que habíamos llegado. Esa noche fuimos a comer a la 5ta avenida, como solíamos hacer, y volvimos temprano por que estábamos cansados, así que nos fuimos directo a dormir. Ahí fue cuando todo empeoró. La tormenta de esa noche fue impresionante, nunca habíamos vivido algo parecido. Nos asustamos tanto que fuimos al lobby de entrada para ver si alguien podía decirnos algo. La respuesta fue la más inesperada.

Vacaciones de susto  Sol Luján Stupis

En el verano del año 2009, con mi familia viajamos a Brasil en auto. Fue un viaje muy largo y al ir con mi hermano y mi hermana íbamos entretenidos. Ya estábamos agobiados de estar sentados, un día de viaje y decidimos parar en un hotel. Por fuera parecía normal, simple, pero era solo por una noche. Entramos y no era lo que aparentaba, nos habían tocado cuartos separados, en distintos pisos, las mantas estaban sucias y el señor nos atendió con una botella de cerveza en la mano, lo cual nos impresiono un poco. Enseguida nos fuimos, seguimos un par de km y encontramos otro impecable por dentro y fuera, bajamos del auto y cuando mi papa va a pagar, se dio cuenta que le faltaban todos los documentos y la plata. Fue desesperante no saber dónde estaban, si nos lo habíamos olvidado en el otro hotel, o directamente se cayeron del auto, todos comenzamos a buscar por todos lados, mi papá estaba bloqueado. Después de 40 minutos de buscar, mi mama se fijó en la contrapuerta del auto, en el lugar menos pensado, donde primero nos tendríamos que haber fijado, estaban ahí. Volvimos a respirar.

Guerra de Malvinas  Pía Villamayor

En este trabajo contaré una historia muy conmovedora sobre Fernando, mi tío político. Lo más interesante del relato no es sólo la tragedia que padeció, sino cómo decidió actuar luego de la misma. Contaré algunos de los tantos sentimientos que tuvo, los pensamientos que se le cruzaron por su mente en momentos críticos y qué pasa después de la tragedia vivida. Todo aquello que nos sucede en la vida nos marca, deja una huella latente y profunda en nosotros, más si se trata de algo tan trágico. No somos las mismas personas después de ciertos hechos importantes que nos ocurren. Cambiamos, nuestros pensamientos se modifican, nuestras formas de actuar o reaccionar frente a situaciones no serán iguales que lo que hubiesen sido en un pasado. Con el tiempo, podemos evolucionar. Fernando es un sobreviviente de la guerra de las Malvinas. Pese a su poco entrenamiento de menos de un año, debió ir a luchar para defender sus tierras. Pero, ¿Qué pasa después, actúa en él la resiliencia? 

Es justamente eso lo cautivador de la historia, ya que, si bien muchas veces no tenemos la posibilidad de elegir aquello que nos pasa, nunca perderemos la capacidad de optar cómo llevar la situación. Somos seres libres, y por tanto, somos responsables de nuestros propios actos.


Docente: María Fernanda Guerra fue publicado de la página 59 a página65 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº77

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