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Los Proyectos de Graduación y su instancia inmediatamente previa al coloquio. El Informe de Evaluación Final: su propósito, relevancia y momento op

García de la Cárcova, Alejo [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Escritos en la Facultad Nº134

Escritos en la Facultad Nº134

ISSN: 1669-2306

Calidad del Programa de Graduación (Innovación, Contribución disciplinar, Integración, Evaluación) Jornada Académica 18 de octubre de 2017 - Edición I

Año XIII, Vol. 134, Octubre 2017, Buenos Aires, Argentina | 82 páginas

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El Proyecto de Graduación como instancia final en el largo proceso de formación universitaria, se presenta como un momento sumamente relevante para el estudiante avanzado, y su cercanía con el mundo profesional. 

Y la Evaluación Final, de dicha entrega previa al coloquio y realizada por un docente disciplinar del Equipo de Evaluación, será de suma importancia para el tramo concluyente del mismo; como así también para un positivo proceso conducente a la realización del proyecto propuesto, cuando este así lo amerite. Lo ante dicho, en la medida en que las devoluciones lleguen en el momento oportuno para la reflexión y elaboración por parte del estudiante. 
El presente artículo se enmarca en la Línea Temática de Evaluación, pues pretende aportar mejoras en la Evaluación Final del Proyecto de Graduación, entre el Informe Final y el Coloquio de graduación. 
El formar parte tanto del Equipo de Evaluación, como del Jurado del Coloquio; e intercambiar opiniones con colegas de diversas disciplinas, como así también con los estudiantes que participan del Coloquio o que se acercan para realizar alguna consulta previa, condujo a la reflexión acerca de cómo contribuir a que el estudiante se presente a esta instancia final con un nivel más elevado, profesional y maduro en relación a su Proyecto de Graduación; y que -para esto- el informe de evaluación final cumpla un rol significativo. 
Por esta razón, la Evaluación Final, previa al coloquio, suele ser la oportunidad de ajustar cuestiones del Proyecto de Graduación de carácter disciplinar, en diálogo estrecho entre ambos participantes: estudiante y profesor. Por esto, “Diseñar y llevar a cabo buenas evaluaciones implica también tender un puente entre lo que esperan los estudiantes y lo que pretenden los profesores de las evaluaciones.” (Litwin, 2008, p.177). 
Esto último, especialmente cuando se trata de un momento bisagra entre el mundo universitario y el profesional. Y más aún si los proyectos propuestos tienen claras intenciones u oportunidades de concretarse profesionalmente, incluso -y en muchos casos- como primer proyecto laboral. Pues -en variadas oportunidades- los estudiantes quieren ver sus proyectos hechos realidad, y exigen a sus evaluadores respuestas o sugerencias concretas, que favorezcan a llegada a buen puerto de sus propuestas. Y los docentes esperamos que ellos afronten este trabajo final integral e integrador de los aprendizajes en su carrera con responsabilidad y ética profesional, con compromiso y seriedad, por su parte; y con orgullo de nuestra parte, si avanzan y concretan proyectos que comenzaron a elaborar durante el periodo universitario. La Evaluación Final aborda aspectos relacionados con su pertinencia, un marco teórico apropiado, relevancia y cierto grado de innovación, una bibliografía adecuada y multidisciplinar, además de una clara presentación y representación del proyecto. En el caso puntual de este ensayo -y valga la aclaración a esta altura- se centrará en aquellos Proyectos de Graduación pertenecientes al área proyectual: más específicamente, al campo del diseño industrial; enmarcados en el área académica Diseño de Objetos y Productos. 
En su mayoría, las propuestas de los estudiantes de esta disciplina suelen enmarcarse en la Línea Temática Diseño y Producción de Objetos, Espacios e Imágenes. Por lo general se trata de objetos de mediana complejidad, que involucran una cierta cantidad de piezas con una forma y función determinadas. Si bien son pocos los trabajos que incluyen apenas una maqueta de estudio, sí se espera que contengan representaciones gráficas de muy buena calidad -tanto del objeto propuesto como de su relación con el usuario al que va dirigido, y su entorno- y por otro lado, del detalle de los planos técnicos del conjunto y de cada pieza por separado, según las especificaciones y formatos estándar empleados en esta disciplina. Por eso, como docentes -y esperando lo mismo de los estudiantes que alcanzan esta etapa- se aspira a un alto nivel en el conjunto de la producción final presentada. Conviene mencionar, por otro lado, que estos proyectos podrán formar parte también de un primer portfolio de presentación, para las primeras búsquedas laborales, ya que el nivel de presentación alcanzado a esta altura final de la carrera, está en condiciones de reflejar el nivel que podrán ofrecer al sector profesional. Esto se logra, no solo con los conceptos impartidos a lo largo del cursado de las asignaturas obligatorias del plan de estudio, sino también con la permanente ejemplificación de casos personales que los profesores aportan de sus experiencias en el campo profesional; como así también de trabajos previos y destacados de estudiantes de anteriores cohortes. De esta manera, se va generando un proceso de identificación donde, en palabras de Marcel Postic: “A diferentes fases de su maduración corresponden ideales cada vez más evolucionados, encarnados en personas (…)” (1982, p.181). En este caso, el rol docente es primordial y, de este modo se produce una identificación con el enseñante, que según el caso, redundará en un aprendizaje positivo y permanente en éste. 
Con el mismo sentido, en esta etapa de evaluación final del Proyecto de Graduación -y siendo docentes y profesionales del área disciplinar específica- se espera que las recomendaciones allí realizadas, también se transfieran según lo propuesto por Postic. Puesto que el docente partícipe en la Evaluación Final aporta en un doble rol: el de las recomendaciones que se relacionan con el aspecto factible de las propuestas presentadas, por un lado y según su experiencia, y en lo concerniente a las condiciones generales de entrega propias del Proyecto de Graduación, del cual éste también cuenta con el ejercicio en la corrección integral de todos sus contenidos formales y conceptuales. Con lo cual, la Evaluación Final es un documento sumamente importante para el avance del Proyecto de Graduación, ya que presenta -por un lado- las observaciones en relación a todos los componentes de la entrega final; como así también, las sugerencias que el evaluador disciplinar realiza, conducentes a una mejor resolución de los aspectos conceptuales de la propuesta, dentro del área disciplinar específica en la que se encuentre enmarcada. No es poco importante aclarar que, no debe ser el propósito del evaluador disciplinar dirigir las sugerencias del proyecto según un punto de vista personal y hegemónico, sino acompañar al estudiante a resolver su propuesta de la mejor manera posible, siempre dentro de las variables que éste último maneja o abriendo un abanico de otras posibilidades. 
Según lo antedicho, es porqué se detecta un desfasaje en el momento en que consideramos oportuno que el estudiante reciba estas sugerencias, incluidas en la Evaluación Final. Si el Proyecto de Graduación es aprobado y pasa a la instancia de coloquio, el documento -y sus observaciones y sugerencias disciplinares- llega a manos del estudiante en el momento mismo del coloquio. Esto significa que el estudiante se confronta con lo propuesto por su evaluador minutos antes de realizar la defensa de su proyecto. Aquí identificamos un doble riesgo: por un lado, la imposibilidad de permitir que el estudiante elabore y realice los avances convenientes para un proyecto y un coloquio de mayor nivel académico; y por otro lado, la posibilidad de generar incomodidad en el estudiante, y que esto repercuta -sin más nervios y dudas de las que, de seguro, ya puede traer consigo- en cómo afrontar la defensa oral de su proyecto. 
Como se mencionó al inicio de este escrito -al entablar conversaciones con colegas y estudiantes en instancia de coloquio- se concordó en la relevancia de recibir la Evaluación Final disciplinar con un considerable margen de tiempo previo al Coloquio, para poder aprovechar lo allí volcado por el evaluador. Pues, para los evaluadores, esto significa que no ha sido en vano su tarea, y que podrán tener la posibilidad de interpelar al estudiante en aquellos aspectos que se consideraron oportunos de ser revisados. En cuanto a los estudiantes, se insiste en la oportunidad de elevar la calidad de la propuesta, en favor de profundizar en ésta y de realizar una reflexión sumamente enriquecedora para hacer del coloquio un espacio más de aprendizaje; contando con mejores herramientas para la defensa de su Proyecto de Graduación. Esto representa lo que Dietel, Herman y Knuth (1991) referencian como validez de significado. Para lo que, estos autores se hacen -y del mismo modo nos hacemos- la siguiente pregunta: “¿las tareas de evaluación tienen significado para los estudiantes y los motivan para alcanzar su mejor rendimiento?” (como se cita en Camilloni, Celman, Litwin, 1998, p.84). Si la evaluación pretende conducir al estudiante a un nivel de mayor excelencia y redundar con éxito en el aprendizaje, es evidente que cuanto antes la reciba, mejor será su provecho. 
Llegando hasta aquí, y tomando lo antedicho como punto de partida, se comenzará a delinear una propuesta conducente a la mejora: no solo de cómo el estudiante pueda capitalizar su presentación en el coloquio final de grado, sino también, la posibilidad de reflexionar acerca de su Proyecto de Graduación con una perspectiva más cercana a su próxima etapa en el ámbito profesional. 
Para ello, se considera de capital importancia que la Evaluación Final llegue a manos del estudiante, previo al coloquio final, con suficiente tiempo para que el evaluado analice y elabore lo allí expuesto. 
Cuando Brown y Glasner (2003) analizan la experiencia de la evaluación innovadora, se detienen a reflexionar sobre los beneficios que ésta produce en los estudiantes a largo plazo. Motivarlos a realizar un último, esfuerzo en su etapa universitaria de grado, será no solo un “vehículo para el aprendizaje y el desarrollo de conocimientos útiles y habilidades que a largo plazo beneficiarán al estudiante.” (Brwon y Glasner, 2003, p.95); sino también la posibilidad de estimularlos a avanzar en sus proyectos, un paso más allá. De lo contrario, puede ser factible que el estudiante siquiera llegue a encarar estas correcciones -una vez aprobado el coloquio- pudiendo desalentar su avance como primer proyecto profesional. 
Por otro lado, contribuir a una reflexión más profunda -en relación a lo expuesto en su entrega final- e incluso en diálogo más parejo con sus evaluadores al momento del coloquio, será beneficioso para lograr un mayor grado de madurez y seguridad como futuro profesional. 
En relación a los párrafos que anteceden, se pretende dar a entender que es valido y hasta esperable que, como educadores -y en este caso en particular, ya como formadores de personas próximas a ejercer la actividad profesional- no hay que descuidar aquellas circunstancias, en la tarea de la enseñanza, que son claves para darle sentido a lo transitado durante toda la carrera; y creemos que tanto el Proyecto de Graduación como su Evaluación Final y su coloquio, son instancias culminantes pero sobre todo formativas del perfil profesional. 
Hacer llegar la Evaluación Final al estudiante, durante un tiempo considerable antes del coloquio debe redundar en una mejora significativa, ya sea de su Proyecto de Graduación, de la defensa de éste en su coloquio, de un aprendizaje significativo a ser aprovechado en su futuro profesional, o en todas las instancias recién mencionadas; lo cual se consideraría óptimo. Sabemos que, entre la entrega que realizamos los evaluadores disciplinares -de la Evaluación Final- al Equipo de Coordinación de Proyecto de Graduación, y la escena del coloquio final de graduación, acontece un tiempo considerable como para poder acercar -dicha evaluación- con antelación a los estudiantes próximos a recibirse. 
Creemos firmemente que “Lo futuro es lo mejor de lo presente” (Ingenieros. 2007, p.10) en el devenir de nuestros estudiantes. Por ello, todas las etapas del aprendizaje -y siendo la evaluación una de ellas- deben ser conducentes a un futuro firme y gratificante, como profesional; mirando hacía atrás con orgullo por el camino de formación recorrido durante su carrera universitaria.

Referencias bibliográficas 
Brown, S. y Glasner, A. (edit.) (2003). Evaluar en la Universidad. Problemas y nuevos conceptos. Madrid: Narcea. 
Camilloni, A., Celman, S. y Litwin, E. (1998). La evaluación de los aprendizajes en el debate didáctico contemporáneo. Buenos Aires: Paidós. 
Ingenieros, J. (2007). El hombre mediocre. Buenos Aires: R.P. Centro Editor de Cultura. 
Litwin, E. (2008). El oficio de enseñar. Buenos Aires: Paidós. 
Postic, M. (1982). La relación educativa. Factores institucionales, sociológicos y culturales. Madrid: Narcea.


Los Proyectos de Graduación y su instancia inmediatamente previa al coloquio. El Informe de Evaluación Final: su propósito, relevancia y momento op fue publicado de la página 26 a página28 en Escritos en la Facultad Nº134

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