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Educación y Nuevas generaciones. Los desafíos de la Generación Z

Maioli, Esteban [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Resumen: El artículo presenta los resultados de una investigación empírica que pretende identificar las características psico-sociales de la Generación Z, al tiempo que identificar las tensiones emergentes de su participación en el orden institucional educativo de nivel superior, en el Área Metropolitana de Buenos Aires (entre 2016 y 2017).

Las hipótesis de trabajo que guiaron la indagación fueron que (a) los miembros de la Generación Z cuentan con características psico-sociales específicas que afectan su modo de actuar y significar el mundo y que (b) tales características provocan una serie de tensiones asociadas a los modos tradicionales de conducir los procesos de enseñanza-aprendizaje en los entornos institucionales de la formación educativa en el nivel universitario. Tales tensiones se evidencian no solo en el modo en que los jóvenes de la Generación Z se vinculan con el conocimiento, sino también en las maneras en que los docentes y personal directivo universitario conducen sus prácticas formativas. La investigación pretende, de manera exploratoria y descriptiva, ofrecer algunas líneas de tratamiento y problematización sobre la cuestión.

Palabras clave: generación – educación universitaria – características psico-sociales – prácticas – conocimiento – procesos de enseñanza-aprendizaje


Introducción 

Las sociedades contemporáneas han sido caracterizadas de modo diverso en términos semánticos, pero coincidentes en términos de los atributos que se le adjudican. En términos generales, las llamadas “sociedades de la información” o “sociedades del riesgo” son calificadas como estructuras socio-culturales en donde se advierte una celeridad nunca antes advertida asociada al cambio social. En gran medida, el referente empírico más directamente observable es la rapidez del cambio tecnológico. Pero un análisis más profundo, permite notar que ciertas transformaciones, tanto a nivel institucional como a nivel de las relaciones de experiencia, radicalizan las transformaciones iniciadas tiempo atrás con la emergencia de la sociedad moderna. Por ello, no resulta sorprendente que Giddens caracterice a nuestro tiempo socio-histórico como “modernidad radicalizada” (Giddens, 1995), contexto histórico en el cual se inscribe el desarrollo de las nuevas generaciones históricas. La generación histórica ha sido un objeto de estudio para el campo disciplinar de la Sociología al menos durante más de 80 años, desde que los estudios fundacionales de K. Mannheim (1928) recuperaran como objeto de conocimiento este agrupamiento social adscripto. Una generación histórica es un agrupamiento humano cuya característica fundamental consiste en que sus miembros comparten años de nacimiento y, en virtud de ello, se inscriben en un marco socio-histórico compartido, desde el cual significan (de modo subjetivo) sus prácticas sociales. En cierto sentido, se asume que el hecho de compartir ciertos hechos históricos significativos comunes genera un impacto en la subjetividad de los agentes sociales, y en virtud de ello, condiciona el modo de actuar, sentir y pensar de ellos. 

La celeridad del cambio social que se advierte en el contexto de las sociedades en proceso de globalización (Giddens, 1995) impone la necesidad de indagar sobre las transformaciones que son advertidas tanto en la subjetividad de los agentes involucrados como de su inserción en ámbitos institucionales de relevancia social, tales como la educación. La rapidez e inmediatez del cambio tecnológico y su impacto en las relaciones sociales se observa en la emergencia de nuevas generaciones históricas que cuentan con características psicosociales únicas. En este sentido, el estudio sobre las generaciones asume una relevancia fundamental, en tanto que tales características específicas conforman pautas de comportamiento social asociadas a expectativas y actitudes propias de cada generación. 

Como nunca antes, la institución educativa se enfrenta a una realidad inexcusable: las generaciones históricas que se integran a sus estructuras asumen un carácter diverso, e interpela a los modos de “hacer las cosas” que se plantean en el contexto institucional. Por otro lado, las instituciones de educación superior se enfrentan a contextos multi-generacionales. Si bien es cierto que cierta generación histórica tiene una mayor presencia en el ámbito formativo de educación superior, no resulta menos cierto que otros miembros de distintas generaciones participan de los procesos de formación en la Universidad. Al menos dos generaciones históricas coinciden con mayor presencia, y es posible que otros miembros de distintas generaciones también lo hagan. De acuerdo con Addor (2011), nunca antes las organizaciones (de cualquier tipo) habían enfrentado el desafío de contar con un grupo tan heterogéneo de miembros. Los miembros de cada generación histórica se caracterizan por un conjunto diferente de valores, creencias, actitudes y ambiciones que se hacen manifiestas en su acción concreta en las estructuras organizacionales. Sus diferentes actitudes promueven la búsqueda de fines diversos, al tiempo que también establecen modos peculiares de relacionamiento entre pares y superiores. Todo ello revela una fuente de tensiones asociadas a su incorporación en estructuras organizacionales que operan como “estructura estructurante” (Bourdieu, 1991; Giddens, 1995) y que, en virtud de ello, habilitan modos específicos de búsqueda de satisfacción de intereses particulares en el entorno organizacional educativo. 

Al mismo tiempo, los funcionarios institucionales de la educación superior (aquellos que pueden ser calificados de manera simple como “profesores”) asumen como reales ciertas cualidades de los integrantes de las nuevas generaciones que se encuentran fundadas en estereotipos o representaciones sociales que no encuentran su correlato con la realidad. En esta línea, muchas veces se afirman acciones asumidas que darían cuenta de un entendimiento de las expectativas de las nuevas generaciones sobre el mundo educativo que no encuentran una real concretización en la práctica de enseñanza. Sin dudas, entender las diferencias generacionales puede ser una herramienta de profunda importancia para los docentes y demás funcionarios de las instituciones educativas de nivel superior para revisar sus prácticas, modalidades de enseñanza y, fundamentalmente, evaluar sus propuestas formativas a la luz de los estudiantes que se incorporan en sus clases. 

Este artículo se funda en la reflexión y análisis de una investigación empírica conducida en el ámbito urbano de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina, durante el año 2016 y 2017, como parte de un proyecto de investigación bi-anual conducido en el marco del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Argentina de la Empresa. Recupera las expectativas de los miembros de la llamada Generación Z con relación al ámbito institucional educativo y su incorporación en diversas organizaciones de educación superior, al tiempo que revela las principales características psico-sociales de esta generación histórica. Pretende, al mismo tiempo, identificar las tensiones existentes entre las expectativas asociadas a la formación universitaria de los integrantes de la Gen Z y las representaciones sociales sobre tal generación que circulan entre funcionarios institucionales de la formación educativa de nivel superior.

1. Los estudios generacionales 

A partir de los textos fundacionales de K. Mannheim (1928) se inicia una importante producción académicacientífica que recupera a la generación como concepto central. En la actualidad, los estudios generacionales son bastante habituales en disciplinas tales como la Administración, la Sociología Organizacional y la Educación. Recientemente, en el campo de diversas disciplinas asociadas al mundo del trabajo se comenzó a recuperar el enfoque generacional para intentar explicar las tensiones emergentes de la fuerza de trabajo que se integra, no exenta de conflictos, en las estructuras organizacionales. Al mismo tiempo, en el campo de las Ciencias de la Educación se han comenzado a realizar estudios que intentan caracterizar las especificidades que tienen las nuevas generaciones para revisar su impacto en los modos de enseñanza-aprendizaje. 

Generalmente, se entiende como generación histórica a un tipo de agrupamiento poblacional, de tipo adscripto, cuya característica fundamental consiste en compartir años de nacimiento, y en virtud de ello, sus miembros comparten un conjunto de eventos históricos significativos durante etapas primordiales de su desarrollo individual y social (Smola y Sutton, 2002). El hecho de compartir “años” de nacimiento comporta un marco sociocultural (e histórico) compartido, desde el cual se asume que impacta en la conformación de su yo social y, en definitiva, en su subjetividad. Con ello, se presume que ciertos modos de significar el mundo de la vida son semejantes, dado que la interiorización de la realidad social objetiva (realizada durante el proceso de socialización primaria y secundaria) se realiza a partir de un marco referencial común. Por ello, la dialéctica social imprime a los sujetos de una misma generación elementos identitarios comunes (aunque no idénticos) (Jenkins, 2008). Los miembros de una generación comparten un conjunto de experiencias histórico-sociales, cuyos efectos se mantienen con relativa estabilidad a lo largo de sus vidas (Maioli, 2015). En gran medida, la influencia de la “historia” sobre las “biografías” de los miembros de una generación histórica se debe a que tales hechos históricos significativos forman parte del contexto socio-cultural en el cual se desenvuelve el proceso de socialización. Durante tal proceso se internalizan un conjunto de valores, creencias, símbolos y actitudes, entre otros, que determinarán en gran medida la personalidad individual y social del agente (Berger y Luckmann, 2003). El conjunto de experiencias vividas por un colectivo social es lo que permite distinguir a una generación de otra, en tanto que tales vivencias afectan el modo de ver el mundo, sus valores, perspectivas y capacidades (Maioli, 2016). Pilcher (1994) define a la generación histórica como el agregado de personas que cuentan con una edad similar y que participan en el mismo contexto y circunstancias histórico-sociales. Los eventos históricos significativos pueden desenvolverse durante las distintas etapas de la socialización del agente, con impactos más o menos notables según la fase de socialización (primaria o secundaria). Hechos tales como una gran crisis financiera, una guerra o bien las innovaciones tecnológicas tendrán efectos en la acción e interacción de los miembros de una generación, dado que, aún de manera inconsciente, influyen en la conformación de actitudes y patrones de comportamiento social (Maioli, 2016). Si bien es cierto que personas de distinta edad atraviesan por los mismos eventos históricos, la edad a la que cada uno se expone a ciertos hechos políticos, económicos, sociales o culturales determinará el grado de subjetivación e internalización y, en consecuencia, afectará el modo de ver el mundo de cada uno de ellos (Maioli, 2016). 

De este modo, se entiende que la dialéctica social (Berger y Luckmann, 2003) resulta el marco teórico adecuado para pensar el impacto en la subjetividad que tiene el marco socio-cultural más amplio en el cual se integran los agentes sociales. Es decir, las prácticas sociales de los agentes asumen significados y sentidos de una matriz que opera como universo simbólico y que comporta el carácter de un marco socio-cultural más amplio. Ese marco, construido históricamente, implica que ciertos hechos estructurales tendrán un impacto en la conformación de la subjetividad de los agentes sociales. Su “modo de ver” el mundo estará condicionado por tal contexto. En cierta medida, resulta incluso evidente para el propio sentido común que los modos de hacer, de pensar y de sentir de las generaciones “pasadas” son distintas a las de las generaciones “nuevas”. En el contexto de modernidad radicalizada, donde el cambio social se ve acrecentado por la rapidez que asume el mismo, esto incluso se vuelve más notable. Zhao Feng (2011) sostiene que una generación es “un grupo de personas que poseen ciertas cualidades sociales dada porque su edad estipula que debieron crecer y estar activos en un período y ambiente específicos. Una generación tiene dos tipos de atributos: atributos naturales y atributos sociales. Los atributos naturales son principalmente su edad. La gente es vista como parte de una generación primero y principal porque tienen aproximadamente la misma edad. La uniformidad de edad es también sincronización y constituye la premisa básica para definir una generación. Los atributos sociales son principalmente, atributos que se formaron por los diferentes tiempos y ambientes en los que la gente se ha situado; y las generaciones, en el sentido sociológico, están diferenciadas por las diferencias sociales formadas como resultados. El énfasis esta dado aquí en cualidades comunes compartidas.” 

Sin dudas, una característica fundamental de la generación histórica son los modos compartidos de socialización, en tanto que la estructura socio-cultural internalizada por los agentes miembros de una misma generación histórica es similar, aunque nunca idéntica, en virtud de la división social del trabajo y la distribución social del conocimiento (Berger y Luckmann, 2003). Todo ello conduce, en consecuencia, a considerar que existe una fuerte vinculación entre las características psico-sociales de los miembros de una misma generación, siempre que se asume que tales características se construyen a partir de un medio social específico. 

En otro orden de cosas, la literatura especializada en los estudios generacionales reconoce que en contextos de cambio social profundo (como los vividos en el marco de la globalización económica, social y cultural contemporánea) las diferencias generacionales se “recortan” en periodos cada vez más acotados (Maioli y Filipuzzi, 2017). Si bien es cierto que el campo de los estudios generacionales adolece de una proliferación de términos y modos de nominación que no siempre dan cuenta de distinciones empíricas concretas (es habitual encontrar una rica polisemia en los modos de nombrar a las generaciones), no puede negarse que existen diferencias en las actitudes, valoraciones, ideologías y creencias de los distintos colectivos generacionales. Las transformaciones del yo (Giddens, 1995) en contextos sociales cambiantes implican, en consecuencia, modos de acción e interacción peculiares que se desenvuelven en marcos institucionales que no siempre logran “ajustarse” a la celeridad del cambio social existente (Giddens, 1995; Bauman, 1999). De tal modo, es esperable que emerjan tensiones inherentes a los modos de comportamiento social de las generaciones históricas (especialmente las más recientes) con los marcos institucionalizados de relaciones sociales anclados en el ámbito laboral. La fuerza de trabajo multi-generacional se conforma como un objeto de indagación de relevancia, no solo teórica, sino también social.

2. La Generación Z 

Suele considerarse a la Generación Z como el grupo poblacional cuyo nacimiento se produce después de 1995 aproximadamente (Wood, 2013). No obstante, no existe un pleno consenso sobre el recorte temporal de la generación. Otros especialistas explican que la Generación Z debe considerarse a partir del cambio de milenio (Bennet et al., 2012). Sea como fuese, lo cierto es que en general suele admitirse que frente a la existencia de la Generación Y (o Millenials), es posible advertir la conformación de otro agrupamiento generacional “nuevo”, en virtud de las transformaciones socio-históricas que operan como contexto. La generación Millenial es considerada la generación “previa” a la Z, y sus miembros son aquellos cuyos años de nacimiento coinciden entre 1978 y 1990/1994, aproximadamente. Nuevamente, es menester señalar que los recortes etarios son meras decisiones de cada uno de los especialistas que se dedican al estudio generacional, y sobre los cuales no existe un pleno acuerdo. 

Tulgan (2013) refiere que, a diferencia de las generaciones previas, la Generación Z es la única que puede considerarse plenamente “global”, en tanto que sus miembros han nacido en el contexto consolidado de la globalización. Si bien algunos especialistas sostienen que existen características psico-sociales compartidas entre la generación Millenial y la Generación Z (Wood, 2013), es posible afirmar que, en general, se advierte que los miembros de la nueva generación cuentan con expectativas nuevas vinculadas a su inserción en la vida universitaria y profesional. Cuentan, sin dudas, con habilidades específicas relacionadas a la adaptación y, fundamentalmente, al uso de la tecnología. Los dispositivos tecnológicos forman parte de su vida cotidiana (desde smartphones, PCs, consolas de juego y similares). Más allá de los dispositivos, el uso de las redes sociales y el recurso de Internet son características sobresalientes de los miembros de esta generación. Al igual que la Generación Millenial, pueden ser definidos como “multitaskers”, en tanto que son capaces de realizar múltiples tareas al mismo tiempo, y en general, con el mismo grado de atención y dedicación. No obstante, ello no implica que la atención dada a las diferentes actividades sea profunda. Es decir, si bien son capaces de hacer varias cosas al mismo tiempo, el grado de compromiso subjetivo con cada una de las actividades desarrolladas es más bien liviano. Generalmente, es considerada superficial, en gran medida debido a la ansiedad que es propia de esta generación. Lyons (2013) explica que esta habilidad es desarrollada tempranamente, principalmente debido a la gran cantidad de información que aprenden a procesar de las diversas fuentes que utilizan, todas ellas asociadas a las redes sociales y a otras tecnologías. Addor (2011) opina que, por ello, la Generación Z resulta más productiva, en términos de capacidad de trabajo, que las generaciones previas. Un estudio realizado por la consultora Adecco (2015) refleja que los miembros de la generación Z cuentan con un sentimiento de confianza sobre su proyección profesional. Asimismo, explica que suelen asumir una visión del trabajo asociada con el empredurismo (o entrepreneurship), lo cual se relaciona con un rechazo a las formas tradicionales del trabajo fuertemente regulado (en términos de horarios, condiciones, asignaciones de tareas). En general, al caracterizar a la generación Z, se hace referencia a la creatividad y la innovación como características sobresalientes (Half, 2015). Su vinculación con las estructuras de autoridad podría caracterizarse de “tensa”: se privilegia la horizontalidad propia de los modos de vinculación mediados en entornos digitales, donde las modalidades de interacción tienden más a la paridad que a la suprasubordinación. Ello les confiere un carácter especial y, en cierta medida, problemático: no siempre reconocen las estructuras de autoridad y se sienten incómodos en contextos que entienden los fuerzan a mantener relaciones de subordinación. 

Algunas características sobresalientes de la Generación Z pueden ser sintetizadas del siguiente modo: son los primeros en nacer completamente en un mundo digital; son altamente móviles y preparados para movilizarse con suma facilidad. Con las herramientas de la comunicación al alcance de la mano, les gusta investigar todo e informarse bien, por lo que quien quiera acercarse a ellos debería mantener la información y el diálogo constantemente fluyendo, a la vez que crear espacios específicamente orientados hacia ellos, pues desean ser tenidos en cuenta. Las redes sociales son parte de su vida, siendo una buena herramienta para quien quiera acercarse a ellos. La tecnología se encuentra integrada en sus vidas. Se estima que un 75% de estos jóvenes cuenta con perfil en una red social, y que el 80% mantiene su celular cerca mientras duerme (Maioli, Ibañez y Filipuzzi, 2013). También presentan una fuerte fascinación por los videojuegos y, en general, por cualquier dispositivo tecnológico. Se muestran preocupados por los desafíos del mundo moderno (pobreza, desigualdad, cambio climático, entre otros). A su vez, colaboran en grupo para resolver problemas, aunque no necesariamente bajo las formas tradicionales. Las nuevas tecnologías permiten la conformación de grupos “virtuales”, y generalmente son este tipo de grupos los que proliferan entre los miembros de esta generación. La Generación Z puede fácilmente conjugar la iniciativa individual con la acción comunitaria a través de sus múltiples redes sociales y la facilidad con la que se comunican. Finalmente, al vivir en un mundo más globalizado, donde los intercambios son frecuentes y es fácil comunicarse y generar acción con personas alrededor de todo el mundo, son más abiertos a la diversidad, y al mismo tiempo más adaptables. En pocas palabras, son seguros, autoexpresivos, cada vez más liberales y abiertos al cambio. Además de su clara y fuerte relación con la tecnología, presentan rasgos consumistas y de muy alta autoestima, a veces sobre-exagerado (Maioli, 2017). Son optimistas, pues han crecido en tiempos de prosperidad. Además, en general son sociables, talentosos, bien educados, colaborativos, abiertos mentalmente, influyentes y orientados hacia objetivos. El uso de la tecnología, que implica acceso a dispositivos de cierto valor, provoca que asuman un carácter materialista, y que, al mismo tiempo, sean considerados algo egoístas, y orientados solo por sus propios objetivos, con una posible sobrecarga de autoestima. Se suelen aburrir con facilidad, con períodos cortos de atención, y prefieren Internet como fuente principal de información, antes que la lectura de un libro. No les gustan las tareas rutinarias. Mientras que pueden ser buenos aprendices autodidactas, también desean el máximo resultado, lo que significa que se dirigen exclusivamente por los objetivos y resultados. Además de ser conocidos por desear feedback inmediato, también se sabe que tienen ciertos problemas aceptando las críticas, y aunque son respetuosos de la autoridad, no tienen grandes problemas en desafiarla cuando no están de acuerdo en lo que se les propone. Se sienten cómodos con el cambio, más abiertos y tolerantes, confiados y optimistas sobre su futuro, además de ser eficientes en trabajar interconectados para lograr sus objetivos, aún con gente más allá de sus fronteras nacionales (Maioli, 2017). Su habilidad para maximizar su efectividad en el trabajo ha hecho que muchos los tachen de “perezosos”, aunque esto puede estar más relacionado con el modelo mental de trabajo que ellos mismos tienen. En general, desean lograr un buen balance vida/ trabajo, y vivir el momento, por lo que les interesa un ambiente de trabajo flexible, opuesto al horario de trabajo tradicional. Es de resaltar su alta confianza en sí mismos, devenida en narcisismo, y el hecho de que muchos se encuentran motivados en adquirir habilidades para mantenerse en buenas posiciones en el mercado laboral, por lo que están constantemente preocupados, aún luego de graduados, de sumar nuevas destrezas. Son pensadores críticos, que llegan con innovadoras y creativas ideas para ayudar. Para ellos no solo un salario competitivo es importante, sino también un buen ambiente de trabajo. No desean estar en la misma posición por un largo tiempo, le gusta el cambio y el desarrollo, preferiblemente rápido. Son agresivos y ambiciosos en su carrera, y encuentran más importantes los desafíos para su desarrollo que un empleo de por vida, por lo que una organización será eficaz en retenerlos si les puede ofrecer múltiples oportunidades de crecimiento, aún dentro de sí misma. En pocas palabras, buscan constantemente desarrollar sus talentos y consideran cada trabajo como una oportunidad a ser añadida a sus valores.

3. Metodología de la investigación 

Este artículo recupera los resultados obtenidos de una investigación empírica realizada durante el último trimestre de 2016 y el primer trimestre de 2017, en el marco de un proyecto de investigación disciplinar bi-anual conducido en el Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Argentina de la Empresa (Buenos Aires, Argentina). El diseño metodológico propuesto para la investigación implicó la modalidad de la triangulación metodológica, con la pretensión de alcanzar mayor certidumbre en las inferencias inductivas realizadas. En este sentido, se combinaron técnicas de recolección del enfoque cuantitativo y del diseño cualitativo (Maxwell, 2008). Para el primer enfoque, se diseñó y administró una encuesta auto-administrada con preguntas de opción múltiple y escalas actitudinales. El instrumento contó con 26 preguntas tendientes a confirmar, por un lado, las características psico-sociales de la Gen Z; por otro lado, a reconocer sus miradas y concepciones acerca del estudio y del empleo. El índice de confiabilidad, medido por coeficiente alfa de Cronbach, obtenidos para todos los factores medidos fue de = 0.75. Se elaboró una muestra no probabilística por decisión razonada, por cuotas, de un tamaño de 400 casos, que consideró al universo bajo estudio. Por cuestiones de conveniencia para el acceso a los datos, se privilegió la realización de las encuestas en el ámbito de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La recolección de los datos fue realizada en el período de septiembre 2016 a abril 2017. Según los usos y costumbres de la metodología cuantitativa, la encuesta fue administrada en formato papel, y luego los datos fueron codificados, tabulados y analizados a partir del sistema estadístico SPSS. 

De acuerdo a la estrategia multi-método, se condujeron también entrevistas en profundidad a docentes universitarios de Universidades públicas y privadas. Se llevaron a cabo entrevistas semi-estructuradas que recuperaron las principales dimensiones de análisis reconocidas en el problema de investigación. En total, se realizaron 14 entrevistas cualitativas. El criterio del tamaño de esta muestra intencional por decisión razonada fue la recursividad discursiva y la saturación teórica (Glaser y Strauss, 1967). La técnica de análisis de datos cualitativos fue el análisis de contenido. 

4. Resultados y principales aspectos de discusión 

Una de las características ampliamente recuperada en la investigación académica sobre los estudios generacionales señala que los miembros de la Generación Z hacen un uso extendido de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Efectivamente, en el caso de los encuestados se verifica un amplio uso de ciertos dispositivos tecnológicos y aplicaciones. El 96% de los encuestados afirma poseer celular, y un 79% de ellos cuenta con un dispositivo que le permite acceso a Internet desde allí (smartphones, en su mayoría). Estos datos revelan que la gran mayoría de los encuestados utiliza la tecnología de modo tal que le permite la realización de otras actividades al mismo tiempo. En general, los miembros de la Generación Z asumen comportamientos multitasking, es decir, la realización al mismo tiempo de varias actividades, hecho habilitado por el uso de este tipo de tecnologías. 

Al momento de ser consultados por el uso específico de ciertos medios de comunicación y relacionamiento promovidos por las nuevas tecnologías, resulta sorprendente verificar que el 53% de la población encuestada no realiza envío alguno de correos electrónicos. De aquellos que utilizan el correo electrónico como instrumento de comunicación, el 26% envía solo entre uno y tres e-mails por día. Podría suponerse que la “ausencia” de comunicación en tiempo real que supone el correo electrónico opera como desincentivo para su utilización. En general, los medios preferidos por los encuestados se vinculan con instrumentos que admitan la comunicación virtual en tiempo real, tales como mensajes de texto, sistemas de chat o uso de redes sociales. 

Con relación a lo previamente señalado, es posible advertir un uso extendido de dispositivos que admiten comunicación en tiempo real. Sin embargo, el uso del celular como medio más tradicional no se encuentra tan extendido como podría suponerse. Solo el 10% de los encuestados envía diariamente entre 11 y 30 mensajes (SMS) por día. De hecho, el 48% de los jóvenes consultados envía entre 1 y 10 mensajes. Sin dudas, el uso del celular se encuentra ampliamente extendido; sin embargo, el dispositivo no es considerado en sus usos habituales (llamadas telefónicas, mensajes de texto), sino más bien como instrumento que concentra una serie de actividades comunicacionales y lúdicas de uso cotidiano por los jóvenes de esta generación (cámara fotográfica, juegos, acceso a Internet y redes sociales, etc.). Esto resulta observable al analizar los datos vinculados con el uso de los sistemas de mensajería instantánea, tales como Whatsapp y otros sistemas de chat. Un 40% de los encuestados señaló que realiza un uso muy frecuente de tales servicios, y un 22 % indicó que lo utiliza con frecuencia. Es decir, más del 62% de los encuestados utiliza servicios de mensajería instantánea con una frecuencia normal, lo cual denota la mayor preferencia de este tipo de comunicación virtual (en línea, en tiempo real) frente a otras modalidades, también virtuales, pero mediadas por el tiempo. 

Con relación al uso del chat (sistema de conversación virtual en tiempo real), un 30% de la muestra refiere a que lo utiliza más de cinco horas al día. En términos agregados, un 54% señala que dedica al menos entre una a cuatro horas diarias al uso del sistema de chat. 

Es necesario considerar que, tal como se ha revelado previamente, los miembros de la Generación Z no hacen un uso exclusivo de estos medios o instrumentos, sino que combinan la realización de actividades en un mismo tiempo. La apropiación de la tecnología móvil los habilita a este tipo de comportamiento. También resulta significativo que un 13% de los encuestados no hagan uso del sistema de chat. Es interesante vincular este valor con aquel previamente presentado que señala que un 15% de la población encuestada que posee celular, no cuenta con acceso a servicios de internet en este dispositivo. Pareciera que existe una correlación entre uso del sistema de chat con los dispositivos móviles. A partir de ello, se podría hipotetizar que los jóvenes de la generación bajo estudio no hacen uso de sistemas de chat bajo otros dispositivos (PC, por ejemplo). 

Frente a la consulta por el tiempo dedicado al uso de Internet, un 35% de los encuestados señala que pasa más de cinco horas utilizando la red. Si se realiza un agregado de categorías, un 68% de la muestra admite utilizar la red más de tres horas al día. Esto resulta significativo a la luz de lo analizado previamente, al mismo tiempo que permite identificar ciertos tipos de comportamientos diferenciadores de los miembros de esta generación. La contrastación del uso de los dispositivos tecnológicos y el tiempo dedicado a las relaciones interpersonales cara-cara da cuenta de los procesos de cambio con relación a las distintas modalidades de interacción. De este modo, no resulta sorprendente que el 44% de los encuestados dedique entre 1 y 10 horas a mantener relaciones sociales en co-presencia con sus amigos durante una semana. Esto supone, entonces, un contacto personal de menos de una hora y media diaria (por fuera del tiempo de permanencia ámbitos de co-presencia, como la Universidad) con sus compañeros o amigos. 

Por otro lado, la encuesta también reveló una característica muy propia de los miembros de esta generación. En general, se señala que los jóvenes son capaces de realizar múltiples tareas al mismo tiempo. Un 80% de los encuestados señala que realizan más de una tarea mientras chatea o navega por Internet. Es decir, al mismo tiempo que utilizan la red o algún dispositivo de chat realizan alguna otra actividad. Por ejemplo, un 43% de los encuestados indicó que mira televisión o escucha música mientras chatea. Un 16% indica que utiliza la red mientras se moviliza hacia algún lugar. Resulta sorprendente que un 18% de los jóvenes consultados estudie mientras hace uso de estos dispositivos y tecnologías. 

De los múltiples propósitos perseguidos con el uso de Internet, la encuesta consultó por la búsqueda y uso de información para la realización de tareas académicas. El 95% de los encuestados indica que utiliza Internet para buscar información. De ellos, el 51% refiere a que hace un uso “instrumental” de la información buscada. Es decir, identifica la información requerida y luego “corta y pega” la misma en sus tareas académicas. Esto revela que las prácticas académicas promovidas o bien legitimadas no suponen una apropiación e internalización del conocimiento. El tratamiento de la información pareciera ser más superficial. En gran medida, este tipo de prácticas puede entenderse a partir de una cierta legitimación en el ámbito de la escuela secundaria. Al mismo tiempo, supone un enorme desafío para la educación universitaria, que opera bajo una lógica de búsqueda de fuentes de conocimiento distinta. Un 35% utiliza la información localizada en los entornos virtuales como un insumo para la elaboración personal de una respuesta. Esto permite pensar que, al menos en este caso, existe una pretensión de internalización de la información obtenida. No obstante, en líneas generales, se aprecia que los jóvenes de la Gen Z no jerarquizan, clasifican y seleccionan la información recuperada de las Web; por el contrario, hay un criterio de resolución fundado en la inmediatez que le impide, en principio, asumir una mirada crítica sobre la información recolectada. 

Con relación a la percepción de la Generación Z de la formación universitaria, un 34% de los encuestados señaló que privilegian que el profesor enseñe de modo relajado y divertido. Un porcentaje similar, 32%, señala que valora el conocimiento del docente. Solo un 11% privilegia al docente que propone actividades que los invite a pensar y reflexionar sobre la temática tratada.

Por otro lado, solo un 4% considera que un buen profesor es aquel que es exigente con las actividades que propone. Cuando son consultados por los modos mediante los cuales se le facilita la comprensión de los temas dictados por el docente, el 29% de los encuestados elige la discusión grupal de los tópicos tratados por el profesor como la estrategia adecuada. Un 19% sostiene que los recursos audiovisuales son una forma pertinente, al tiempo que un 17% elige la realización de trabajos prácticos vinculados con el tema discutido. Con relación a los recursos audiovisuales, los miembros de la Generación Z consultados no consideran que el uso del PPT (presentación por medio de cañon proyector y PC) sea el recurso más apropiado. Se entiende que el recurso audiovisual debe ir más allá de la “lectura” de un PPT. Resulta interesante señalar que solo un 11% considera que el uso de computadoras y demás dispositivos tecnológicos puede colaborar en la tarea de facilitar la comprensión de los contenidos ofrecidos por el docente. 

Al momento de consultarles por su proyección de educación superior, el 49% de los encuestados prefiere la universidad privada. Por el contrario, el 34% se orienta a elegir asistir a una universidad pública. 

Por otra parte, al momento de indicar los motivos por los cuales eligieron su carrera universitaria, el 41% señaló que buscó en ella herramientas para el desempeño profesional. Esto confirma una orientación clara hacia el desarrollo de competencias que se espera que la formación universitaria pueda ofrecer. Por otro lado, el 18% refirió a que prefirió que fuera corta y sencilla. El 10% busca una formación general muy buena. Resulta llamativo el hecho de que solo el 7% de la población encuestada eligiera la carrera por la posibilidad de que la misma le permita ganar dinero. El desarrollo económico y el desarrollo educativo parecen estar desanclados en los miembros de esta generación. 

4.1. Los desafíos de la Educación Superior. La mirada docente 

Como parte de los datos cualitativos recuperados durante la investigación, se presentan algunas perspectivas de los docentes y del personal directivo que fue entrevistado. En general, la mirada docente sobre las nuevas generaciones asume distintas perspectivas. Por un lado, se reconoce que los modos de enseñanza deben ser ajustados a las expectativas que la Generación Z tiene sobre los procesos formativos, al tiempo que también se intuye que el modo de vinculación de los miembros de la nueva generación con el conocimiento es distinto al de las generaciones previas. No obstante, también se percibe que existen ciertos obstáculos para el reconocimiento de tales especificidades. Los motivos pueden ser varios. Como hipótesis de trabajo se asume que muchas veces los docentes sostienen ciertas representaciones inadecuadas acerca de las nuevas generaciones o incluso que muchas de sus representaciones se ven permeadas por la comparación (en cierta medida inadecuada) de “cómo se hacían las cosas” previamente, considerando que tal modo era “el más adecuado”. De este modo, en algunos casos se advierte una consideración negativa a las características psico-sociales de los miembros de la Gen Z. Por ejemplo, en una entrevista cualitativa, Edgardo informa que:

Las clases ahora son más difíciles. No sabés muy bien cómo hacer para que los chicos no se aburran. Siempre los ves conectados con el teléfono. Lo peor es que ellos te ven que vos los estás viendo mientras no te prestan mucha atención, pero igual siguen con lo suyo. A veces siento frustración, porque yo pienso en que preparé una buena clase, pero igual ellos ni enterados. (Edgardo, 51 años, docente).

Frente a los distintos modos en que perciben algunos docentes la vinculación de los jóvenes de la Generación Z con el proceso de enseñanza-aprendizaje, se proponen iniciativas novedosas, que pretenden modificar cómo se hacen las cosas en el espacio del aula. Por ejemplo, Sara explica que:

Hace un tiempo que decidí cambiar un par de cosas de cómo dictaba las clases. Por ejemplo, siempre trato de poner en la clase algún videíto o algo así, audiovisual, porque los pibes se enganchan con eso… También me di cuenta que no sirve de nada decirles que no usen el celular… entonces pensé como podía hacer que lo usaran para estudiar. Muchas veces les pido que busquen algo de lo que estoy dictando en clase… entonces se sienten como incluidos con eso. (Sara, 37 años, docente).

Previamente, se ha explica que los jóvenes de la iGen (tal como también se denomina la Generación Z) mantienen una posición ambivalente con la autoridad. No son proclives a considerar de manera positiva las estructuras de supra-subordinación, y en general, no tienen una consideración positiva tampoco con las estructuras normativas que no logran comprender. En muchos casos, esto genera una suerte de conflicto, dado que los espacios formativos se encuentran regulados. Frente a la exigencia de mayor flexibilidad que pretenden los miembros de la Gen Z, su involucramiento en las estructuras universitarias en algunos casos los compele a resolver tensiones asociadas al cumplimiento de ciertas normativas que son consideradas fundamentales por la institución educativa. En este sentido se entiende lo que explica Daniel, director de un Departamento de una universidad privada:

Siempre es un tema pensar qué tipo de actitud se tiene que tener con los estudiantes. Muchos de los docentes de mi departamento me dicen que ellos prefieren ser más flexibles, por ejemplo, con el tema de la asistencia, porque de ese modo los chicos se comprometen más. Creo que hay muchas formas de hacer las cosas que los profesores tienen que revisar, y animarse a probar… (Daniel, 53 años, director de departamento).

Las palabras de Daniel dan cuenta de una reflexión que pone en el centro de atención la necesidad de revisar los modos de “hacer las cosas” que los docentes universitarios reproducen por medio de su práctica docente. La cuestión fundamental consiste en considerar si ciertos modos tradicionales de prácticas deben seguir siendo sostenidas, o bien si la incorporación de las nuevas generaciones en el mundo institucional educativo de nivel superior exige una “reflexividad” que invite a interpelar las estructuras normativas que regulan la práctica docente, en general, y los procesos de enseñanza-aprendizaje, en particular

Una preocupación que se hace presente en el cuerpo docente universitario se concentra en intentar comprender de manera más profunda y compleja las características de los estudiantes. Muchos docentes advierten modificaciones en los modos de comportamientos de los jóvenes, aunque tal vez no cuentan con una comprensión profunda de qué se ha transformado y en qué sentido tales cambios pueden afectar los modos “tradicionales” de hacer las cosas en el espacio del aula. En palabras de Patricia, docente de niveles iniciales en la formación universitaria de una Universidad pública: 

Me parece que nuestros estudiantes han cambiado, pero al mismo tiempo creo que no tenemos una buena comprensión de cómo son… Creo que muchas veces asumimos ciertas formas de verlos que no necesariamente son correctas. Muchas veces escucho a mis colegas decir que los chicos son desinteresados, que nada los engancha. No sé si es así. Yo tengo estudiantes muy comprometidos, que preguntan, que discuten. Ojo, también tengo de los otros. Pero creo que es un poco injusto generalizar y decir así muy suelto de cuerpo que a los chicos no les interesa nada… No creo que sea así. (Patricia, 34 años, docente).

En cierto sentido, lo señalado por la entrevista señala que resulta necesario contar con mayor información para pensar de qué modo ciertas prácticas docentes e institucionales (en sentido más amplio) deben ser “adaptadas” a los cambios que se advierten en torno a las nuevas generaciones. Esta reflexividad institucional (Giddens, 1995) no resulta sencilla; el cambio social acelerado en contexto de modernidad radicalizada le imprime a la reflexividad una dificultad fundamental: los cambios se suceden más rápidos que los procesos de adaptación y transformación que las propias instituciones son capaces de incorporar. No obstante, queda aún pendiente el interrogante de cómo la institución educativa de nivel superior es capaz de revisar los modos de “hacer las cosas” en el marco de una generación histórica que les exige una adaptación a las formas tradicionales en torno a la estructuración de sus prácticas.

5. Conclusiones 

Los miembros de la Generación Z cuentan con características psico-sociales específicas que los diferencian de las generaciones históricas previas. Todo ello conduce a una necesaria revisión de las prácticas docentes orientadas a la integración en la estructura educativa de un tipo de estudiante “distinto” a los que previamente se tenían en consideración. La condición de “distinto” no implica valoración alguna; por el contrario, pareciera ser un importante desafío para los educadores considerar que las transformaciones psico-sociales de las nuevas generaciones no contienen en sí misma una apreciación subjetiva intrínseca. No obstante, resulta cierto que muchas veces los docentes, anclados en representaciones sociales previas de qué es considerado “un estudiante universitario”, realizan comparaciones valorativas que no conducen a un entendimiento profundo de las divergencias, sino más bien a una etiquetamiento infundado y basado en concepciones que resulta menester revisar de manera reflexiva. 

Por ello, muchas de las prácticas docentes se fundan sobre construcciones estereotipadas de los miembros de la nueva generación. Ciertas apreciaciones respecto de sus intereses, motivaciones y preocupaciones no encuentran un correlato con la evidencia empírica. Ello conduce a mal interpretar sus expectativas y en virtud de ello, a pensar de manera inadecuada las estrategias para lograr un mayor compromiso subjetivo con la producción del conocimiento en el ámbito de formación educativa. 

Ciertas características actitudinales de los Gen Z exigen modalidades de trabajo distintas a las tradicionales. Su relación con el conocimiento, y fundamentalmente, con los entornos de producción y circulación del mismo, podría ser el punto de partida para una posición de revisión de las prácticas docentes. Si los estudiantes de la Generación Z tienen modos de “hacer las cosas” distintos a los de las generaciones previas, tal vez ello invite a reflexionar a los docentes que es posible ensayar modos de “hacer las cosas” que los interpele de modo tal de conseguir un mayor compromiso subjetivo con los procesos de enseñanza-aprendizaje. No obstante, no resulta suficiente que el cuerpo docente únicamente revise sus prácticas; las casas de estudio y las Universidades también deben llevar adelante procesos de reorganización de los modos tradicionales de enseñanza. En general, muchas universidades promueven que los docentes incorporen estrategias de enseñanza novedosas, asociadas principalmente con la incorporación de la tecnología en el aula. No obstante, no alcanza con el uso del PPT en las clases. Los estudiantes de la Generación Z cuentan con expectativas más amplias y extensas de lo que entienden es el uso y apropiación de la tecnología en el ámbito formativo de nivel superior. De tal modo, las instituciones educativas deben acompañar el proceso de adaptación de las estrategias de enseñanza con programas de formación docente, al tiempo que promover un mejor entendimiento de las nuevas generaciones por medio de programas de investigación que profundicen en su estudio. 

La nueva Gen Z espera de la educación, al menos, tres cuestiones claves: una formación que los prepare para el mundo laboral; un docente que sea al mismo tiempo un “conocedor”, pero también “agradable” (¡pero no demagógico!); y mayor flexibilidad, asociado a nuevos modos de hacer y pensar. Todo ello obliga a que los docentes deben contar con habilidades para enseñar en un ambiente multi-generacional, caracterizado por la celeridad de los cambios. 

El artículo presenta los resultados de una investigación que, se entiende, cuenta con limitaciones de orden metodológico (en virtud de la construcción de una muestra no probabilística). No obstante, encuentra niveles de confianza aceptados en virtud de concordar con ciertas apreciaciones que son recuperadas por la literatura especializada en la temática. Se sugiere que otros investigadores propongan diseños metodológicos probabilísticos que pudieran confirmar los datos presentados en esta investigación, y que al mismo tiempo, permitan seguir ahondado y profundizando el conocimiento de los modos de apreciación de las nuevas generaciones.

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Abstract: The article presents the results of an empirical research that aims to identify the psycho-social characteristics of Generation Z, while identifying the tensions arising from their participation in the higher-order educational institutional order, in the Metropolitan Area of Buenos Aires (between 2016 and 2017).

The working hypotheses that guided the investigation were that (a) the members of Generation Z have specific psycho-social characteristics that affect their way of acting and meaning the world and that (b) such characteristics provoke a series of tensions associated with the traditional ways of conducting the teaching-learning processes in the institutional environments of educational training at the university level. Such tensions are evident not only in the way in which the young people of Generation Z are linked to knowledge, but also in the ways in which teachers and university supervisors conduct their training practices. The research aims, in an exploratory and descriptive way, to offer some lines of treatment and problematization on the issue.

Keywords: generation - university education - psycho-social characteristics - practices - knowledge - teaching-learning processes

Resumo: O artigo apresenta os resultados de uma pesquisa empírica que pretende identificar as características psico-sociais da Geração Z, ao mesmo tempo em que identificar as tensões emergentes de sua participação na ordem institucional educativo de nível superior, na Área Metropolitana de Buenos Aires (entre 2016 e 2017).

As hipóteses de trabalho que guiaram a indagação foram que (a) os membros da Geração Z contam com características psicosociais específicas que afetam seu modo de atuar e significar o mundo e que (b) tais características provocam uma série de tensões associadas aos modos tradicionais de conduzir os processos de ensino-aprendizagem nos meios institucionais da formação educativa no nível universitário. Tais tensões se evidencian não só no modo em que os jovens da Geração Z se vinculam com o conhecimento, sina também nas maneiras em que os docentes e pessoal diretivo universitario conducen suas práticas de treinamento. A pesquisa pretende, de forma exploratória e descritiva, oferecer algumas linhas de tratamento e problematização sobre o assunto

Palavras chave: geração - educação universitária - características psicossociais - práticas - conhecimento - processos de ensino-aprendizagem


Esteban Maioli: Dr. en Ciencias Sociales (FLACSO Sede Académica Argentina). Magíster en Ciencia Política y Sociología (FLACO Sede Académica Argentina). Licenciado en Sociología (UBA). Licenciado en Ciencia Política (UBA). 


Educación y Nuevas generaciones. Los desafíos de la Generación Z fue publicado de la página 231 a página240 en

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