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El diseño del paisaje en la formación del Diseñador de Interiores

Torres Arroyo, José Guillermo [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºI

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºI

VIII Jornadas de Reflexión Académica: "El Rol docente frente a los nuevos escenarios profesionales"

Año I, Vol. 1, Febrero 2000, Buenos Aires, Argentina | 76 páginas

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El diseño arquitectónico, el diseño de interiores y el diseño del paisaje se encuentran íntimamente ligados entre sí, formando una unidad, no sólo por una proximidad o imbricación física y espacial en el proyecto y en la concreción de éste, sino por una coexistencia conceptual en el interior del ser humano, en su mundo mental. Los volúmenes y los espacios que los conforman crean además contenidos vivenciales, son espacios significantes.

Las construcciones, desde sus orígenes - como se puede apreciar aún en las arquitecturas primitivas actuales- hasta el presente, son un recorte físico y cultural en el medio ambiente natural que las rodea. El hombre habita en la naturaleza, variando con el lugar y las épocas sólo el grado y la forma de su relación con la misma .

Los grandes cambios científicos y artísticos de comienzos del siglo XX, desde Einstein a Picasso, demostraron y establecieron la unidad y continuidad del espacio-tiempo, concepto que fue plasmado por medio del diseño en la arquitectura de los principales maestros del Movimiento Moderno, y esta unidad quedó instalada en la cultura del siglo XX.

El espacio en el cual se mueve el hombre a través del tiempo es un “continuum”, que abarca desde la omnipresente naturaleza que lo rodea, hasta el recinto más íntimo de una construcción para habitar. Desde los reducidos patios de las casas romanas –que circunscribían un espacio y lo poblaban con plantas frutales, aromáticas y de flor- hasta los más ambiciosos planeamientos del paisaje en la actualidad, el hombre ha venido acondicionando su hábitat con diseños que incorporan el «material verde” - las plantas- afuera y adentro de los espacios habitables, de manera tal que se puede afirmar sin lugar a dudas la íntima ligazón con la arquitectura a la que se alude más arriba.

La arquitectura y el diseño de interiores traducen significados existenciales a formas espaciales, o sea lugares, recorridos y áreas. Pero el diseño del paisaje, y también la decoración de interiores con plantas, poseen una característica propia y única, que los hace esencialmente diferentes a la arquitectura y también, aunque en menor medida, al diseño de interiores: su permanente cambio, crecimiento y mutación según el paso del tiempo y el ciclo de las estaciones. El diseño del paisaje es proyectar para un permanente devenir. La arquitectura y los interiores de ésta pueden cambiar levemente por acción del tiempo, o por modificaciones que les va realizando el hombre, pero en sí mismas son esencialmente fijas e inmutables, mientras que un paisaje –natural o creado- lleva en sí mismo el cambio como cualidad intrínseca.

Por lo tanto, diseñar una decoración interior con plantas o proyectar con material verde el paisaje que acompaña a la arquitectura, implica tener en cuenta básica y permanentemente que el material con que se trabaja es vivo y continuamente cambiante, que crece de año en año, que varía según las estaciones del año, que puede enfermar y aún morir.

Por todo esto es que más allá de las cualidades estéticas o funcionales del diseño en general, el diseño de un paisaje es una aproximación diferente a la realidad del ser humano y a sus necesidades, ya que éste es también permanentemente cambiante. El ser humano es, como expresó Heidegger, ser en el tiempo; el hombre desenvuelve su vida inmerso en el tiempo.

El diseño del paisaje requiere contar con el tiempo, le recuerda al hombre que existe en el devenir temporal, y suma una dimensión existencial que no poseen el diseño arquitectónico o de interiores. A los significados de lugar, recorrido y área, agrega un nuevo significado existencial traducido en formas espaciales, estructurando concretamente el ambiente humano en su paso y permanencia en el tiempo. El tiempo como “cuarta dimensión” se concreta existencialmente en un diseño.

Diseñar un paisaje es diseñar el tiempo de un espacio .

Para poder realizar seriamente y con éxito el diseño de un paisaje, no sólo se debe saber manejar bien todas las variables del diseño y sus significados, sino que es imprescindible el conocimiento de la “materia prima” propia de esta disciplina, el material vegetal - árboles, arbustos, herbáceas, florales, etc.

También es necesario tener un adecuado conocimiento de la biología y la sanidad vegetal, de los suelos, del asoleamiento y la insolación, del agua, del clima y la temperatura. Estos son los “materiales” con que se compone y trabaja en el diseño del paisaje, todos los cuales están afectados por el “coeficiente tiempo”, ya que varían hora a hora (caso de la luz) de año en año y de estación a estación (caso de las plantas) o de tiempo en tiempo (caso del clima y de los suelos). Tanto la “materia prima” –las plantas- como muchos de los otros materiales son o contienen seres vivos, por lo que el cambio, crecimiento y muerte son factores constantes que se hallan inevitablemente y deben ser tenidos en cuenta para el diseño.

Y volviendo a lo dicho, si la arquitectura, los interiores y el paisaje son un “continuum” un buen diseñador de interiores debe conocer y poder manejar estos ”materiales” para integrarlos en sus proyectos. Esto es lo que constituye la enseñanza del diseño del paisaje.


El diseño del paisaje en la formación del Diseñador de Interiores fue publicado de la página 74 a página75 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºI

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