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Docente: Andrea De Felice

[ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº81

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº81

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación

Año XV, Vol. 81, Julio 2018, Buenos Aires, Argentina | 160 páginas

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Abstract 

Uno de los objetivos fundamentales de COE es que los estudiantes mejoren la redacción y logren un estilo personal de escritura. En este aspecto, el Trabajo Práctico Final propone elaborar un relato familiar, con una historia interesante para contar y que, desde el punto de vista de la investigación, genere motivación en el alumno para recuperar la memoria e indagar en el pasado. Se pretende que este relato sirva para “bucear” en las propias raíces y para conectarse con la familia acercándose a un determinado acontecimiento o algún personaje significativo.

Es una manera también de indagar sobre determinados vínculos, de tematizar los afectos desde la mirada del investigador, de tomar conciencia de su historia como individuos, de la cadena de vínculos que transitaron ese andar antropológico tan particular, donde intervienen prácticas, formas de actuar y de comunicarse, experiencias, costumbres, valores, elecciones de vida, en fin, trayectorias muy ligadas a la identidad. Estos discursos, que suelen ser polifónicos, permiten revalorizar las voces de la vejez, darles participación, escuchar al otro, y capitalizar las experiencias de las generaciones pasadas que, de alguna manera, tienen incidencia en su ser de hoy, en la construcción de la subjetividad.

Así es como este Trabajo Práctico Final propone (re)descubrir un relato familiar que, de este modo, pueda transformarse en “viaje de descubrimiento” individual. Es en la construcción de un relato familiar que se inicia una búsqueda, no solo para reconstruir la identidad personal, sino para indagar en el origen de uno mismo y hasta en la propia vocación.

Producción de los estudiantes

Un viaje al fin del mundo 

D´Oliveria, Adolfo 

Corría el año 1979 cuando Juan Carlos D´Oliveira terminaba los estudios como Técnico Mecánico, en la Escuela de Educación Técnica Numero 1 Armada Argentina, situada en la provincia de Buenos Aires. Luego, continúo su formación en Psicología, en la Universidad Kennedy. Mientras estudiaba, comenzó a trabajar en aquella escuela donde egresó, ahí conoció a Claudia Zapata, una joven con quien entabló una agradable amistad. Con el paso del tiempo, se enamoraron, pero esa relación no podía prosperar en la gran ciudad… A Juan Carlos le comentaron sobre una ciudad rodeada por monta- ñas y mar, que se encontraba a más de 3.000 kilómetros de la ciudad que los vio nacer. Al Sur, este destino muy lejano y solo difundido a través de libros, con muy pocos habitantes, se transformaba en una posibilidad. Y hacía allí se embarcó la pareja, para dar un giro a su vida actual dejando todo, familia, amigos, trabajo, para descubrir un rincón del mundo, en Ushuaia

Fue nada, también todo 

Fariña, Rafael José 

San Pedro, década del 80, un pueblo tranquilo al borde del Río Paraná, en la provincia de Buenos Aires, 170 km lo separan de la Capital Federal. Calle Rivadavia esquina Obligado, una de las pocas esquinas en el pueblo que permanecía despierta a esas horas de la madrugada. Allí se encontraba Chacota, un boliche para jóvenes. Un escenario donde los pantalones Oxford, las minifaldas, las camisas a cuadros, los jeans claros y los colores estridentes se movían al ritmo de la música Disco. 

Fue ese el contexto en el que comenzó esta historia. La de mis padres, Santiago y Tessi. Él proviene de una familia numerosa y respetada. Estaba en el primer año de su carrera y trabajaba en un banco. Ella, una hermosa joven patinadora, a punto de terminar la secundaria. 

Tristezas y alegrías, tropiezos y aciertos, encuentros y desencuentros. Muchas cosas sucedieron desde entonces, mucha agua corrió bajo el puente. Pero nada impidió que esta historia tenga continuidad, aún en el presente.

El calabrés 

Pereyra, Camila 

De camisa blanca, tirantes, pantalones de vestir beige, boina y zapatos; anglosajones e hispanos encuentran una tonada pegajosa, característica y única en su hablar. ¡Y sí! Carlos Gaetano, nació en el país con forma de bota; aquel en donde hace siglos se llevaban a cabo luchas en anfiteatros, aquel en donde la pasta y la blanca torre inclinada son símbolos de su rica cultura. Bajo el régimen fascista, de la mano del Duce, había entrado en guerra con la coalición de los Aliados. Convocado y enviado a la guerra, nuestro protagonista fue sometido a la crueldad y el salvajismo de un escenario bélico, pero con valor y el dulce recuerdo de su familia, logró superarlo. Al finalizar, decidió mudarse a Argentina, un país que prometía sacarlos de la crisis creciente en Italia. A partir de todas estas situaciones vividas, sentimientos encontrados, sacrificio y, por sobre todas las cosas, coraje y voluntad, surgen miles de anécdotas para contar a sus hijos y nietos en un futuro. 

Familia solidaria 

Fernández Miscione, Camila 

José María y Josefina cruzaron el océano en la ola de migraciones españolas y se asentaron en Buenos Aires. Allí tuvieron a su hijo, a quien le enseñaron sobre el trabajo duro y la humildad. Su nombre era Omar, un buen mozo que lograba cautivar la atención del que lo rodeaba. Una de las hechizadas por este hombre fue Teté, una dama con buenos dotes familiares. Luego del casamiento, por herencia de ella, Omar se convirtió en el dueño de un mercado. Un día unos ruidos en el fondo del local, al lado de unas cajas. Se acercó y resultó ser un niño de unos cinco años. Estaba algo sucio y hambriento, así que le ofreció ayuda. Le dio un plato de comida y algo de ropa. Mientras acababa su plato, levantó la mirada y le dijo: “Muchas gracias señor”. Esos ojos, esas palabras, llenaron el alma de Omar, quien decidió ir por más. Hubo varios obstáculos, sobre todo, por la mujer que parió al niño, pero logró darle un hogar y ofrecerle todo el amor posible. Él es José, mi tío, un maestro mayor de obras que vive en Ushuaia, con su esposa y sus dos hijos.

Pieza por pieza, construyendo una vida 

Caride, Gianluca 

Mario solo tenía 13 años cuando escuchó caer la primera bomba sobre su tan amada Calabria, la región de Italia que lo vio nacer. Se crió en un campito sobre la montaña con inmensos verdes y praderas. Pero vivió una realidad inigualable que pocos pudieron contar: la desdicha de la Segunda Guerra Mundial, cuando tuvo que refugiarse donde podía ante los bombardeos. En una realidad sombría, trabajaba sobre la tierra desde el amanecer hasta el ocaso para ganarse el pan y, como si fuera poco, dormía bajo una gotera que le salpicaba el pecho. 

Ante una Italia devastada, a los 17 años decidió cruzar el océano en la embarcación de la esperanza, de las oportunidades para sumergirse a una nueva vida en Argentina. Este es el relato de un inmigrante que con todo en su contra salió adelante, formó una familia y los que tuvieron la oportunidad de conocerlo saben y sabrán siempre lo que fue, un guerrero de la vida.

Entre fuegos y sentimientos 

Llamal, Paula Sabrina 

El 23 de enero de 1981 Horacio Llamal se enteraba que debía hacer el servicio militar. Antes de subirse al micro, logra entregarle un papel a una señora que estaba cerca para que pudiera dar aviso de la partida a su familia. Llegó a una estancia ubicada en Comandante Piedra Buena, Santa Cruz, donde realizaba actividades militares y pasaba su tiempo libre cazando, recorriendo grandes distancias con sus compañeros de grupo “Batallón de Ingenieros de Combate 181”. 

Un año después, terminó sus responsabilidades y disfrutó días libres en aquella provincia. Pero el 2 de abril de 1982, le avisaron que debía volver a servicio porque la guerra había comenzado. Ese momento fue de aquellos que lo marcaron tanto que jamás pudo olvidar las sensaciones encontradas, la desesperación, la angustia, los recuerdos... 

Hoy, Horacio se siente preparado para contar aquello que sintió y vivió durante la Guerra de Malvinas. 

(Ver trabajo completo en p. 91)

Contra viento y marea 

Zamora Halajewski, Heizel Daniela 

Con nueve años, el pequeño Conrado ya tenía un objetivo para su vida. Dicen los vecinos del barrio que era un muchacho serio y trabajador pero, por otro lado, él sabía que no solo decían eso, sino que también se escuchaban rumores inciertos. 

Sordo ante cualquier prejuicio, él seguía con la mirada fija en su objetivo, su vecina. La veía en la casa del frente todos los días y eso no le molestaba, al contrario, era como mirar el atardecer en una persona. Ella no solo tenía a Conrado a sus pies, sino que Judith era la reina del barrio y la niña más querida por los chicos. Además de los vecinos, tenía como obstáculo a la familia. Estaba rodeada de familiares que la cuidaban y protegían rígidamente.... un padre serio que vigilaba el frente de su casa todos los días, una madre controladora y hermanos que la celaban. Fueron pocas y muy pocas las veces que ella salió a una fiesta a divertirse. Considerando toda esta situación, Conrado lo tomó como el mayor reto de su vida: “el comienzo de su aventura”.

En las botas del Coronel 

Pozo Videa, Marcela 

 En 1903 nació Alcides Videa, en un pueblo de la ciudad de La Paz. Creció con siete hermanos, su padre, Max, trabajaba en Correos y su madre, Carmen, se encargaba de la crianza de sus hijos. El deseo de su padre de tener un hijo militar hizo que Alcides se alistara al ejército a los diecinueve años. Su pasión por los caballos lo llevó a tomar el arma de Caballería. El General Hans Kunt, militante alemán, lo eligió como su mano derecha. 

Corría 1932 cuando formó fila para combatir en la “Guerra del Chaco”, conflicto bélico entre Bolivia y Paraguay por el territorio del Chaco Boreal. Tuvo que vivir situaciones límites como beber agua de los charcos, comer hojas y sobreponerse ante picaduras de serpientes. Jamás imaginó tener que enterrar a sus propios compañeros de batalla. La guerra marcó un antes y un después en su vida, convirtiéndolo en una persona desolada, orgulloso de su Patria y a la vez sensible. Mi Coronel, como lo llamaban muchas personas, dio su último suspiro en 1998. 

Mi abuela Margarita 

Gleizerman Copello, Micaela

Elegí la historia de mi abuela porque parece un cuento. Porque ella parecía una criatura divina, inventada por un romántico. Todos sus detalles me inspiraban. Era elegante, noble y luchadora. Su presencia imponente y dulce a la vez era digna de admirar. Mi abuela Margarita fue lo más lindo que me tocó y lo que me dio fue tanto que me abasteció de amor para una vida entera. Sé muy bien que nunca voy a volver a tener contacto con un ser tan puro. 

Margarita nació en Hungría, rodeada de viñedos y una vida de princesa. En la Segunda Guerra Mundial el gobierno tomó su casa, sus pertenencias y su nación. Huyó de la persecución y se exilió en la Argentina con su hijo de un año y sin nada en sus manos. 

Es el relato de alguien que tuvo todo, se lo arrancaron y construyó de nuevo algo mucho más grande: ser lo más lindo que le pasó a cualquiera que tuvo el honor de conocerla.

No es para cualquiera la bota de Potro 

Castro, Sebastián Eduardo 

Corría 1940 y a nuestro país le quedaban tres años de “Dé- cada Infame”, ese último tramo en manos del catamarqueño Ramón Castillo. El pacto Roca-Runciman no daba sus frutos y las personas que vivían del campo comenzaron a migrar a la ciudad. A la democracia argentina aún le faltaban muchos años para madurar.

Mientras tanto, en interior del país los bandidos rurales funcionaban como guardaespaldas de los candidatos. Es aquí donde aparece nuestro protagonista, Don Boetto, abuelo materno de mi abuelo. Cartero y propietario de un almacén de ramos generales en la localidad de Bowen, en Mendoza. La carta era el medio más efectivo de comunicación y el cartero tenía el “secreto de correo”, la correspondencia de un bando político era codiciada por la oposición para hacerse de alguna información. Con este oficio, la vida de Boetto se jugaba al límite en varias oportunidades. Un relato para conocer los vicisitudes de un cartero, en un contexto donde los caballos, los tiros y las persecuciones no tenían nada que envidiarle al Lejano Oeste de Hollywood.

Una historia de viaje y amor 

Piccardo, Camila Sofía 

1990 en la ciudad de Concepción, Chile. Ximena, mi madre fue invitada a un cumpleaños por su amiga Jimena. Llegó la noche y fueron a la fiesta. En el lugar estaba el novio de Jimena, Juan, junto con Carlos. Se vieron por primera vez y hubo un flechazo. Él vivía en el centro de la ciudad y ella, en las afueras y tenía que regresar temprano a su casa. Esa noche sólo intercambiaron unas palabras.

Los jóvenes, de 18 y 19 años, cursaban el último año de la secundaria, ella iba a un colegio de mujeres y él a otro de varones. La segunda cita fue en un punto intermedio, a la salida del colegio. Y siguieron otros encuentros, en un local de fichines en centro, porque estaba de moda en esa época. Allí hablaron de distintos temas, sobre música, comidas e infinidades de cosas. La siguiente cita fue en una plaza, donde sellaron su primer beso y el inicio de una historia de amor que da origen a este relato. 

La verdadera tormenta 

Hwang, David Amado

Mi tío es un misionero coreano radicado en Mendoza y hace unos años recibió a un amigo en su casa. Un día decidió llevarlo a pasear a una montaña cercana, al Aconcagua, sin el permiso de su esposa que estaba preparando una cena especial para el invitado. No era la primera vez que mi tío se escapaba sin el permiso de su esposa, por lo que sabía que le esperaba un gran infierno en caso de que llegara tarde. Luego de pasar la tarde en la montaña, al momento de descender se encontraron con una tormenta de nieve que no dejaba ver nada. Su camioneta se quedó atascada y sin visibilidad, por lo que pensó que iba a morir, aunque en realidad tenía más miedo de cómo iba a reaccionar su esposa si llegaba tarde de nuevo. Esperaron horas y la tormenta no cesaba. Cuando por fin pudo ver un rayo de luz, notó que se encontraba en la entrada de la montaña y que en todo este tiempo podría haberse ido tranquilamente a su hogar... por lo que arrancó la camioneta y se puso en marcha pensando que una tormenta aún mayor lo esperaba en casa.

Un gringo viejo 

Compagnucci, Matías 

“García Márquez no inventó nada”, dijo mi profesor de historia latinoamericana cuando terminaba una clase sobre la revolución mexicana. Frase que cobra significado entonces, cuando nos damos cuenta de que nuestro continente fue forjado por acontecimientos que a veces rozaban lo mágico, con historias diversas que unían a sujetos con regiones y paisajes, atravesados por tramas en donde se mezclan la pasión, el romance, la acción y la comedia, produciendo diversos sentimientos en las personas que las escuchan y que las reproducen.

Una de esas historias casi de fantasía es la de mi bisabuelo, Enrico Compagnucci, un “gringo viejo” que tuvo que pasar las mil y una para poder llegar a Santa Fe, después de haber combatido en la Primera Guerra Mundial, subiéndose a un barco bananero como polizón para escapar de los conflictos de Europa. Y logró “hacerse la América”, años más tarde, sin siquiera haber aprendido el idioma. 

(Ver trabajo completo en p. 90)

Un viaje inolvidable 

Schieppati, Eugenia Lucía 

Estados Unidos puede ser recordado de muchas maneras, lugar de ensueño, de pesadillas, romance, etc. Pero no todo el mundo visita el país más de una vez y logra ver tantos cambios, según el año y los cambios de la vida personal. Eduardo Claudio Schieppati ha ido muchas veces, incluso volvió a visitar la misma ciudad en algunos casos. Pero no todas fueron tan especiales, su favorito es el viaje que hizo con su mujer e hijos en el año 2010. Allí estuvo de viaje durante un mes entero, donde logró visitar tres ciudades. Éstas fueron Miami, Orlando y Washington DC, en cada una ellas hay experiencias, muchas historias y anécdotas que no se olvidará nunca.

A cerebro abierto 

Kogan, Manue

Todo comenzó con un simple dolor, lo que en un principio era normal por estrés, pero poco a poco fue empeorando y así comenzó la búsqueda, ¿Qué sería lo que realmente le estaba pasando a una de estas dos niñas? Para averiguarlo, pasaron por médicos y análisis de todo tipo. Luego de un año de espera, se le detectó una malformación peligrosa en el cerebelo, llamada Malformación de Chiari grado I. La situación generó un revuelo en la familia, especialmente en sus padres, quienes comenzaron a averiguar de qué se trataba por múltiples medios y cuáles serían los pasos a seguir. Por un lado, estaban tranquilos porque se había encontrado lo que le estaba causando los dolores y mareos pero, por otro lado, se encontraban asustados ya que debería ser operada: “Le debían abrir el cerebro” y Juana tan solo tenía cuatro años.

“Algunos abrimos la cabeza para entender, otros abrimos para curar. Quédense tranquilos”, fueron las palabras del mé- dico responsable de operar a la pequeña.

Uno en un millón 

Puchi Bariceli, Patricia 

José Gregorio Puchi Ocanto nació en Caracas el 12 de marzo de 1942, en un familia numerosa, eran siete hermanos. De pequeño tuvo que aprender a compartir. Cuando por primera vez fue a una fiesta, intentando ocultar las suelas rotas de sus zapatos, entendió que tenía que trabajar duro si quería progresar. El estudio era la manera. Con horas extra y de la mano de su esposa pudo terminar su carrera en la prestigiosa Universidad Simón Bolívar. Y cuando ella murió, dejándolo con dos hijas, algunas deudas y completamente desconcertado, se dio cuenta que la vida, está y luego sin más, se va. Todo dio un giro inesperado para nuestro protagonista, quién ahora debía tomar un rumbo diferente, sin saber muy bien qué le esperaba. El destino fue Valencia, donde toda su vida fue cambiando lentamente. Risas, salsa, dinero, fracasos,amores, desamores, vida, muerte. Esta es la historia de un hombre que descubrió que lo más importante en este mundo es mantener viva la ilusión.


Docente: Andrea De Felice fue publicado de la página 47 a página51 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº81

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