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El turismo floreciente en la Argentina: ¿Política de estado? ó ¿Política oportunista?

Giunta, María Romina

Escritos en la Facultad Nº38

Escritos en la Facultad Nº38

ISSN: 1669-2306

Nuevos Profesionales en Diseño y Comunicación Edición VII: 13 de diciembre de 2007 Trabajos Finales de Grado aprobados [Resúmenes] Junio | Octubre 2007

Año III, Vol. 38, Noviembre 2007, Buenos Aires, Argentina | 54 páginas

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Un turismo sostenido, sustentable, armónico y competitivo
requiere de una política concebida y diseñada democráticamente,
estrategias adecuadas para que los responsables de la
gestión puedan desarrollar su labor, alternativas seleccionadas
de acuerdo a estas estrategias y poder, utilizado de manera
coherente con ella, todo ello socializado de forma tal que la
realidad externa e interna sea lo más simétrica posible y donde
el sentido de pertenencia se logre por convicción antes que por
sanciones (económicas, físicas o sociales) ¿Cómo lograrlo?
Así, los objetivos del presente trabajo son:
- Demostrar que el crecimiento de la actividad se vio favorecido
por la situación cambiaria que atraviesa el país y no por
ser el turismo una política de Estado.
- Evidenciar la falta de planificación, regulación y control en
materia turística.
- Trabajar de manera vehemente para lograr un Turismo
sustentable.
Se ha demostrado a lo largo del trabajo que durante los últimos
años, el flujo de turistas extranjeros que recibe nuestro país
se ha incrementado notablemente.
De Norte a Sur, los miles de kilómetros que constituyen el
territorio nacional con su diversidad geográfica resultan una
sorpresa constante para los visitantes. Desde la Ciudad Autónoma
de Buenos Aires, una capital de impronta europea que
es además uno de los grandes centros culturales de América
Latina, hasta los cardones y poblados de adobe del Noroeste,
desde la imponencia de las Cataratas del Iguazú y la selva
misionera hasta las comarcas andinas y los grandes lagos
patagónicos, desde la ruta del vino en la zona de Cuyo hasta
una de las mayores reservas faunística como es Península
Valdés, desde el paisaje glaciario del Perito Moreno hasta la
Puna, La Argentina ofrece una variada gama de postales para
los ojos del foráneo.
Más allá de los encantos propios de cada región, la Argentina
entera brinda las más variadas alternativas gastronómicas, de
traslado y hotelería, además de tours y diversas actividades.
¿Pero está realmente preparada para la recepción de grandes
contingentes de turistas?
Las actividades preferidas por los europeos suelen ser aquellas
de turismo aventura como son el trekking, escaladas, bicicleta
de alta montaña, cabalgatas, esqui, parapentismo, travesías en
4x4, buceo y excursiones de pesca deportiva o paseos náuticos
en cualquiera de los cientos de ríos y lagos argentinos.
Los orientales, en cambio, eligen tours bien organizados cuyos
destinos son los principales hitos turísticos del país como los
shows de tango en la capital porteña, las visitas al Parque
Nacional Iguazú o ver a las ballenas en Península Valdés.
Aquellos viajeros más activos y curiosos suelen optar por
escenarios como los de Talampaya e Ischigualasto, Sierras
de las Quijadas o los esteros del Iberá, donde la naturaleza
gobierna tanto desde la imponencia de los paisajes como en
la nutrida presencia de todo tipo de especies de la flora y la
fauna típicas de cada región.
El turista latinoamericano, en cambio, por lo general se inclina
por los paseos de compras y busca buen precio en todo tipo
de artículo regional.
En síntesis, el país tiene mucho para ofrecer y satisfacer los
gustos de cada persona que lo visita, prácticamente todos los
extranjeros que recorren sus rutas quedan impresionados por
la amplitud del cielo y la gran extensión del territorio muchas
veces llano y desierto, donde las vacas pastan serenamente y
la vida rural concentra buena parte de la actividad económica.
Viajar por la Argentina tiene para los foráneos un atractivo
extra y es que los argentinos también viajan por el país y de
esta manera pueden compartir sus experiencias con gente
propia del lugar. ¿Pero hay políticas claras que regulen todas
estas actividades?
¿Qué busca el turista extranjero cuando llega a la Argentina?
Quizá lo sabe, quizá no. Pero sin duda sus objetivos no son
solamente de recreación, también tiene exigencias culturales.
La cultura es un capital común de la humanidad, según la
conocida definición de UNESCO: "El Patrimonio Cultural
de un pueblo también comprende las obras de sus artistas,
arquitectos, músicos, escritores y sabios, así como las creaciones
anónimas, surgidas del alma popular, y el conjunto de
valores que dan sentido a la vida, es decir, las obras materiales
y no materiales que expresan la creatividad de ese pueblo;
la lengua, los ritos, las creencias, los lugares y monumentos
históricos, la literatura, las obras de arte y los archivos y bibliotecas"
(definición elaborada por la Conferencia Mundial
de la UNESCO sobre el Patrimonio Cultural, celebrada en
México en el año 1982).
¿Y no es eso acaso lo que espera el turista que llega a la Argentina,
encontrarse de alguna manera con Borges y el tango,
recorrer Buenos Aires -la que se considera una de las ciudades
más contradictorias y atractivas de América latina- adentrarse
en los misterios del Iberá, reconocer rastros de la cultura
mapuche, desplazarse desde los Saltos de Moconá hasta las
misiones jesuíticas, alucinarse frente a los hielos eternos? El
turismo es, debería serlo, una construcción sociocultural, que
solamente se consolidará a partir de que el Estado desarrolle
una clara política al respecto convocando a una relación dialógica
compleja entre sus múltiples actores, con objetivos y
programas diversos, y con similares cuotas de poder.
El turismo, así entendido, es cultural, ecológico, ambientalista,
antropológico, y tiene claros objetivos económicos. Tiene
que ver con la identidad de los argentinos, aceptando que
esa identidad no es más que una instantánea de un proceso en
constante movimiento, que incluye el resultado de historias
vividas, pasadas y presentes, que surgieron como respuesta a
las necesidades de cambio de los diferentes actores y de sus
posicionamientos diversos. Así, el turismo puede pasar de ser
una mera exhibición de exotismo construida para consumo de
turistas pudientes a convertirse en un espacio de visibilidad
política para comunidades a veces relegadas. Puede pasar
de ser una mera actividad económica a convertirse en una
auténtica industria cultural.


El turismo floreciente en la Argentina: ¿Política de estado? ó ¿Política oportunista? fue publicado de la página 26 a página27 en Escritos en la Facultad Nº38

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