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¿Todo para todos?

Rodríguez Paz, Nadia

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXXVII

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXXVII

ISSN: 1668-1673

Año XX , Vol. 37, Febrero 2019, Buenos Aires, Argentina | 198 páginas

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Resumen: el docente debiera observar al grupo de estudiantes, no solo saber qué cantidad de estudiantes asisten y tomar lista, sino intentar conocerlos. Pero se advierte que no se trata de etiquetar a los estudiantes según la primera impresión del docente (que se basa en sus esquemas de valoración y percepción), es decir, no se trata de clasificar como estudiante inteligente o mal alumno, sino que se intenta distinguir a los estudiantes con el fin de llegar a ellos de la manera más efectiva y diferenciada conforme a cada uno de ellos. Porque al estereotipar se generan expectativas factibles de ser profecías autocumplidas y pueden incidir en el rendimiento del estudiante.

Palabras clave: Etiquetar – estrategias de enseñanza – aprendizaje [Resúmenes en inglés y portugués en la página 49]

1) Observe su grupo de estudiantes 2) No abra el manual. Abra el repertorio de herramientas 3) ¿y ahora qué sigue? Ser docente no es tan fácil como aparenta. No se trata de llegar al aula y cumplir con un curriculum prescriptivo, transmitir la información de manual y delegar la responsabilidad absoluta al estudiante de haber o no aprendido.

Afortunadamente, aunque resulte un tanto más complejo, se han ido perfeccionando las estrategias de enseñanza, poniendo el foco en el aprendizaje del estudiante, con una metodología constructivista y no como un mecanismo lineal, dogmático, conductista como era décadas atrás. No obstante, pareciera que aún es difícil ponerlas en práctica, ya sea porque todavía se sigue percibiendo la enseñanza con el foco puesto en la autoridad del docente, o simplemente porque se desatiende las variantes que puedan surgir en el curso, debido a múltiples factores que inciden en cada estudiante, entendiéndolos como sujetos con diferente capacidad cognitiva, atravesados por factores psicosociales y que tienen distinto tiempo de aprendizaje, entre otros. Por tal motivo, este ensayo pretende señalar estas desavenencias y propone generar conciencia con el fin de invitar a quienes se dediquen a la docencia (en este caso para el nivel superior) a que sean mejores profesores y docentes inclusivos como propone Carlino (2005).

Litwin manifiesta que en la universidad asisten estudiantes, que por lo general han tenido diferente formación escolar y diferente acceso al conocimiento en cuanto a intereses y estilos, por ello “nos deberemos preocupar por generar puertas de entradas diferentes para que inicien el proceso del conocimiento”. (1997, p. 100 ).

Entonces, se trata de una enseñanza reflexiva y diferenciada, que tenga en cuenta factores pedagógicos como la didáctica y las estrategias de enseñanza, aplicados con la atención puesta en el estudiante, con el objetivo de brindarle herramientas que le ayuden a apropiarse del conocimiento. No se trata de enseñar en un modo tutorial que aborda determinado tema con escasa profundidad mediante una serie de pasos a seguir con el fin de realizar cierta tarea con un mecanismo unilateral y para cualquier persona, ya que como afirma Bruner, “el conocimiento y las formas de pensar dependen de cuán favorable o facilitadora sea la ´caja de herramientas ´ cultural que el profesor ofrezca al aprendiz (…) los contextos culturales que favorecen el desarrollo mental son principalmente –e inevitablemente- interpersonales”.

(1997, p. 86).

De modo que al llegar al aula, el docente debiera observar al grupo de estudiantes, no sólo saber qué cantidad de estudiantes asisten y tomar lista, sino intentar conocerlos.

Pero se advierte que no se trata de etiquetar a los estudiantes según la primera impresión del docente (que se basa en sus esquemas de valoración y percepción), es decir, no se trata de clasificar como estudiante inteligente o mal alumno, sino que se intenta distinguir a los estudiantes con el fin de llegar a ellos de la manera más efectiva y diferenciada conforme a cada uno de ellos. Porque al estereotipar se generan expectativas factibles de ser profecías autocumplidas y pueden incidir en el rendimiento del estudiante. De tal modo que si se nombra al estudiante como alumno incumplidor, el profesor espera que el estudiante no cumpla con el trabajo; por el contrario, si el docente clasifica a un estudiante como aplicado, esperará que éste cumpla con la tarea.

En palabras de Kaplan, “la expectativa que un sujeto tiene de otro influye en el tipo y calidad de relación que mantiene con él”. (2004, p.28).

Entonces, según Kaplan (2004), si bien clasificar a las personas es un acto casi inevitable porque economiza y ordena la información, lo mejor sería no manifestar explícitamente esas categorizaciones, sino reflexionar acerca de ellas, matizarlas, flexibilizarlas y sí expresarle a los estudiantes que pueden ser capaces de realizar cierta tarea. También es necesario conocer sus motivaciones, saber qué expectativas tienen de la materia, qué conceptos tienen del tema a tratar y cómo lo abordan.

De esta manera el docente además puede saber cómo llevar a cabo el programa curricular que ha realizado y determinar si precisa algún ajuste basándose en las necesidades que vayan surgiendo en el aula. Así ayuda al estudiante a transitar un aprendizaje genuino.

Bain comparte cuatro categorías sugeridas por Perry y sus colegas (2007) por las que el estudiante puede transitar en el aprendizaje: La primera es sabedores de lo aceptado, o como lo llama Paulo Freire, modelo bancario (Bain, 2007, p.54), porque los estudiantes están siempre atentos a tomar nota de cada palabra que dice el profesor y tratar de conseguir las respuestas correctas a fin de aprenderlas de memoria y almacenarlas. La segunda se trata de sabedores subjetivosporque utilizan los sentimientos para pensar, es decir que si obtienen una mala calificación, creen que podría deberse a que la profesora no le gusta su opinión.

La tercera es sabedores del procedimiento:aprenden a utilizar los criterios de razonamiento cuando realizan sus trabajos en clase, pero fuera del ámbito educativo no lo llevan a la práctica, ese aprendizaje no influye en su pensamiento. Solo realizan lo que el profesor les pide a fin de cumplir pero no terminan adquiriendo un aprendizaje significativo. Por último, describe la cuarta categoría, y es a la que debiera apuntar el docente a que sus estudiantes lleguen: es nivel del compromiso, comprendido por dos subcategorías:sabedores separadosy sabedores conectados.La primera subcategoría trata de un estudiante que cuestiona lo que conoce, se mantiene escéptico; y la segunda habla de los estudiantes que se conectan con aquellas ideas de forma apasionada. El paso de una categoría a otra no es lineal, sino que el estudiante puede transitar en más de uno al mismo tiempo y del nivel más alto puede ir a la primera categoría y viceversa.

Por otro lado, Bain aporta otras tres categorías que responden a diferentes tipos de estudiantes: el estudiante estratégico, el estudiante superficialy el estudiante profundo. El primero se interesa en obtener buenas calificaciones, pero con el objetivo de aprobar la materia, no porque esté motivado en aprender verdaderamente.

Más bien se rigen por competir frente a sus pares para tener las mejores notas. Entonces su estrategia es aprender para el examen y luego olvida la materia fácilmente. El estudiante superficial teme fallar, por lo tanto transmite lo que dicta el profesor, lo repite y memoriza. No se anima a equivocare y en consecuencia no va a la profundidad del asunto, no cuestiona. Craig Nelson, mencionando por Bain, nombra a estas dos categorías como estudiantes bulímicos (Bain, 2007, p.

51) porque al final del curso olvidan la materia, no se apropian del conocimiento. El tercer tipo de estudiante, es, en cambio, el estudiante profundo. Es aquel que “responde primariamente al desafío de llegar a dominar algo, metiéndose en la materia e intentándola comprender en toda su complejidad”. (Bain, 2007, p. 51).

¿Entonces debiera volcarse la responsabilidad de la falta de aprendizaje a los estudiantes bulímicos? Claro que no. Una vez que el docente pudo identificar a los tipos de estudiantes, debería ayudarlos a aprender utilizando diferentes estrategias para cada uno, intentando que lleguen al nivel de sabedores comprometidos, que seguramente el estudiante profundo ya lo haya alcanzado, aunque no basta sólo con eso. Hay que motivar a los estudiantes continuamente, animarles a aprender de sus errores, intervenir.

Una forma de intervenir según Bain (2007, p.53), es “adoptar una visión desarrollista del aprendizaje” . El docente debe conocer qué conceptos tiene el estudiante acerca del tema a tratar. Para llegar a él debiera entender cómo piensa, en otras palabras, debiera entender cuál es su modelo mental y evaluar si es necesario transformarlo.

Bruner refiere al modelo mental de la siguiente manera: El hombre construye modelos de su mundo, y no son construcciones vacías, sino significativas e integradas a un contexto, que a su vez le permiten ir más allá. Capta el mundo de una manera que le permite hacer predicciones acerca de lo que vendrá a continuación, puede hacer comparaciones en pocas milésimas de segundo, entre una nueva experiencia y otra, que luego almacena para incorporarla después al resto del modelo [mental]. (1997, p.18).

Bain (2007) propone entonces desafiar intelectualmente a los estudiantes para intervenir en ese modelo mental, formulando preguntas divergentes que provoquen la reflexión del estudiante. Es decir, no darles la respuesta servida con una pregunta convergente, sino brindarle la oportunidad al estudiante de pensar la respuesta. De esta forma ayudaría al estudiante profundo a dominar el conocimiento, le daría herramientas al estudiante estratégico para que busque la respuesta y al estudiante superficial lo invita a participar y a arriesgarse en la respuesta, haciéndole saber que se puede aprender del error, que equivocarse no significa fracasar. Lo importante de las preguntas divergentes es que invitan a reflexionar y acercan al estudiatnte a la categoría de sabedores comprometidos.

Así, para cada instancia de aprendizaje hay un tipo de pregunta: para los sabedores de lo aceptado se enfocarán en hechos relevantes, por ejemplo: ¿cuál es la esencia de tal corriente filosófica?; para los sabedores subjetivos enfocarse en evidencias, para los sabedores del procedimiento enfocarse en sus valores, en sus conclusiones; y para todos los niveles, enseñar la ausencia de certeza, fomentando la personalidad crítica y reflexiva.

Pero no basta sólo con hacer preguntas. Para enseñar se debe intentar motivar intrínsecamente al estudiante, es decir, no motivarlos superficial o extrínsecamente calificándolos con la nota, sino incentivarlos en el proceso de su aprendizaje.

Como afirma Kaplan (1992), se trata del desafío docente al analizar el proceso más que el resultado, reflexionar sobre las estrategias utilizadas. Se trata de crear un entorno rico en herramientas facilitadoras para el aprendizaje crítico natural, en el que se enseña la disciplina “mediante trabajos (preguntas y tareas) que los estudiantes encontrarán fascinantes - auténticas tareas que les provocará curiosidad, que les motivará a repensar sus supuestos y a examinar sus modelos mentales de la realidad” (Bain, 2007, p. 58).

Se debe invitar a los estudiantes a superarse en sus competencias, ayudarlos a ser críticos, traspolando la información en un nivel comprensible, dando ejemplos de la vida cotidiana o de situaciones allegadas a ellos. No se debe suponer que en el nivel superior los estudiantes ya tienen la capacidad cognitiva suficiente para entenderlo todo. Por el contrario, se debería acompañar el proceso de aprendizaje de los estudiantes, funcionando como andamiaje, como guía. Al respecto, Carlino propone enseñar el lenguaje discursivo de cada disciplina, fomentando la práctica de la escritura y lectura, guiando al estudiante con el material bibliográfico. La autora hace una analogía del ámbito académico como una nueva cultura: la cultura académica a la que el docente debiera darle la bienvenida, siendo el estudiante un alumno inmigrante al que el profesor debiera darle la bienvenida, siendo este un docente inclusivo”. (2005, p. 91).

Para concluir, la tarea que tiene el docente no es nada fácil, supone el grande desafío de enseñar casi holísticamente, es decir, teniendo en cuenta múltiples variantes que afectan a la tríada didáctica, con el primer fin de formar personas competentes. “Enseñar es atraer a los estudiantes, diseñando cuidadosamente un entorno en el que ellos aprendan”. (Bain, 2007, p. 62).

Por este motivo es un desafío para el docente poder identificar en qué categoría se encuentra el estudiante para intentar que este supere la categoría de sabedor de lo aceptado.

Referencias bibliográficas 

Bain, K. (2007). Lo que hacen los mejores profesores universitarios. Barcelona: Universitat de València.

Bruner, J. (1997). La educación, puerta de la cultura. Madrid: Aprendizaje Visor.

Carlino, P. (2005) Escribir, leer y aprender en la universidad. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica 

Kaplan, C. (2004). Buenos y malos alumnos. Descripciones que predicen. Buenos Aires: Aique Didáctica.

Litwin, E. (1997). Corrientes Didácticas Contemporáneas. Buenos Aires: Ed. Paidós.

Nota: Este trabajo fue desarrollado en la asignatura Introducción a las Estrategias de Enseñanza a cargo del profesor Carlos Caram en el marco del Programa de Reflexión e Innovación Pedagógica.

Abstract: The teacher should observe the group of students, not only know how many students attend and take the list, but try to know them. But it is noted that it is not about labeling students according to the teacher’s first impression (based on their assessment and perception schemes), that is, it is not about classifying as an intelligent student or a bad student, but rather an attempt distinguish students in order to reach them in the most effective and differentiated way according to each of them. Because stereotyping generates feasible expectations of being self-fulfilling prophecies and can affect the student’s performance.

Keywords: Label - teaching strategies - learning 

Resumo: O docente devesse observar ao grupo de estudantes, não só saber que quantidade de estudantes assistem e tomam a lista, sina tentar os conhecer. Mas adverte-se que não se trata de etiquetar aos estudantes segundo a primeira impressão do docente (que se baseia em seus esquemas de valoração e percepção), isto é, não se trata de classificar como estudante inteligente ou mau aluno, sina que se tenta distinguir aos estudantes com o fim de chegar a eles da maneira mais efetiva e diferenciada conforme à cada um deles. Porque ao estereotipar geram-se expectativas factíveis de ser profecias autocumplidas e podem incidir no rendimento do estudante.

Palavras chave: Label - estratégias de ensino - aprendizagem 


Nadia Rodríguez Paz. Diseño Gráfico Publicitario (Universidad de Palermo)


¿Todo para todos? fue publicado de la página 47 a página49 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXXVII

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