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Buscando Pokemones. Otro intento de análisis más sobre las propuestas del constructivismo y el conductismo en la educación argentina, pero políticamen

Cavanna, Esteban

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXXVII

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXXVII

ISSN: 1668-1673

Año XX , Vol. 37, Febrero 2019, Buenos Aires, Argentina | 198 páginas

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Resumen: Cuando entre los miembros de un grupo se enfatiza el trabajo colectivo no solo ocurren interesantes intercambios de conocimiento y debates, sino que se aprende a encontrar y a valorar soluciones conjuntas que provienen de aciertos y errores, convirtiendo esa formación (tanto del docente como del estudiante) en algo real: esto representa una verdadera retroalimentación, premisa enunciada por Rebeca Anijovich (2010) en cuanto al impacto de esta teoría sobre los conocimientos, procesos de comprensión, autoestima y motivación, entre otros.

Palabras clave: Constructivismo – aciertos – errores - retroalimentación


Introducción 

“A los seis años interrumpí mi educación para asistir a la escuela” declaró el escritor irlandés Bernard Shaw (1856-1950), que ganó el Premio Nobel de Literatura en 1925. Las nuevas miradas sobre la evaluación educativa indican que se ha corrido el foco de la medición cuantitativa hacia otra dimensión formativa, en la cual el feedback que los estudiantes logran con el docente (y viceversa) resulta una herramienta para optimizar el proceso de aprendizaje, ver lo que se debe modificar e identificar fortalezas y debilidades. Cuando entre los miembros de un grupo se enfatiza el trabajo colectivo no solo ocurren interesantes intercambios de conocimiento y debates, sino que se aprende a encontrar y a valorar soluciones conjuntas que provienen de aciertos y errores, convirtiendo esa formación (tanto del docente como del estudiante) en algo real: esto representa una verdadera retroalimentación, premisa enunciada por Rebeca Anijovich (2010) en cuanto al impacto de esta teoría sobre los conocimientos, procesos de comprensión, autoestima y motivación, entre otros. Pero también es necesario que el nuevo rol central, que ayudará a los estudiantes a conocerse mejor a sí mismos en tanto aprendices y frente a cualquier proceso de evaluación, implique una nueva responsabilidad respecto de los objetivos y frente a las obligaciones asumidas.

Interrogantes Uno de los puntos que la retroalimentación propone utilizar es la información compartida por los docentes de varias maneras específicas, para colaborar con la realización de tareas por parte de los estudiantes: esto no debería centrarse sólo en analizar y compartir experiencias, también resulta importante profundizar en la necesidad de un cambio de actitud frente a esas labores, lo cual genera una nueva conciencia sobre sus responsabilidades, e impacta en su vida porque perdura en el tiempo. La educación formal se ocupa de muchas cosas al mismo tiempo, eso es sabido, pero los trabajos publicados al respecto hacen mucho más foco en el supuesto desempeño deficiente de docentes, y no en ciertas atribuciones conquistadas por los estudiantes que solo fomentan su dispersión y resultados mediocres. Aunque aún poco utilizada y sin formar parte explícita en currículo, la retroalimentación se plantea como un nuevo intento de captar la atención de adolescentes que, a partir de la aplicación del modelo constructivista, han obtenido un rol central desde el cual toman decisiones respecto de los contenidos que reciben: evalúan cuándo y cómo incorporarlos, si los necesitan para realizar alguna acción inmediata o no, o incluso considerar desecharla, todo dentro de una cursada y en una Universidad que puede ser pública. En este caso, esa toma de decisiones desordenada en el tiempo ¿sería financiada por la comunidad? Dice Anijovich (2010) que “para que los estudiantes se conviertan en aprendices autónomos, necesitan conocer sus modos de pensar, fortalezas y debilidades, y cómo convivir con ellas”. Es justamente al revés: los estudiantes se convertirán en aprendices autónomos acercándose al éxito que resulta de conseguir sus objetivos y metas, sólo cuando aprendan a detectar la mala educación recibida y la importancia de corregir a tiempo las debilidades, nunca acostumbrándose a convivir con ellas. De igual manera ocurre con los mandatos familiares: los condicionamientos emocionales y de conducta grabados por el propio linaje en los inconscientes personales determinan la postura frente a la vida y conducen los actos (brillantes, buenos, malos, defectuosos) a repeticiones de patrones. Las nuevas tendencias pedagógicas casi no incluyen esta problemática fundamental, que resulta la carencia de educación recibida en hogares con ausencia de autoridad parental.

Es menester reeditar el pacto educativo entre padres y docentes, para que la primera educación incluya ciertos parámetros comunes en cuanto a valores, contenidos y principios, naturalizando la idea de que aprender requiere de un esfuerzo personal y divorciando definitivamente la extraña premisa del alumno que sufre. La crítica a este sistema educativo defectuoso no puede completarse sin pensar en una continuidad que, en la práctica, nunca existió ni existe, ni es solidaria en cuanto a su perdurabilidad en el tiempo. El filósofo francés Francoise Dubet (2016) concluye que “la solidaridad ya no es un elemento permanente del sistema social, sino una producción continua, resultado de acciones individuales y políticas públicas”. No es exclusivamente a partir de la experiencia y vivencias que el aprendizaje se transforma en un proceso activo y dinámico. Es muy extraño que términos como disciplina, responsabilidad, respeto y esfuerzo hayan salido de los radares educativos, fomentando así una sobrevaluada interpretación personal en cuanto a todas las situaciones que suceden, con el agravante de que estas cuestiones ocurren dentro del marco de la adolescencia (adolecer: sufrir cierto defecto o carencia). En este punto, el constructivismo no ha aportado soluciones sino que por el contrario, multiplicó inexorablemente la noción de ampliación de derechos frente a una reducción proporcional de la noción de las obligaciones, tanto en su rol de estudiantes como en el de ciudadanos. Prueba irrefutable de esto es la simple enunciación de un posible listado de obligaciones: nadie tiene la menor idea. Por eso es necesario combinar y planificar las nuevas tendencias educativas con métodos normativos (estimado lector: no es necesario relacionar normativo con vigilar y castigar ¿de acuerdo?), para que fortalezcan de manera real sus capacidades y conocimientos generales, introducidos y conversados como experiencia áulica con los docentes, con un seguimiento surgido desde ciertos parámetros. A partir de la inclusión en la vida política y social en una comunidad, a los 16 años de edad, es menester que los estudiantes comprendan las ventajas de comportarse respetuosamente, administrando sus proyectos en ciertos tiempos y formas para mejorar sus oportunidades, asimilando la idea de poder redireccionar su energía (e increíble cantidad de tiempo libre) en nuevas estrategias y modos frente a las tareas e inconvenientes.

Del proceso educativo, en la actualidad, el estudiante no recoge información útil ni intuye sobre los procesos que la generan ¿Cómo hacer para evaluarlos? En esta construcción vinculada a lo colectivo es fundamental la experiencia de otros, que sí puede ser transferible y válida: las anécdotas exitosas inspiran, generando mecanismos creativos y criterios reflexivos.

Esta maravillosa oportunidad que brinda la era contemporánea y que no tuvieron nuestros padres y ninguna de las generaciones que los antecedieron, debe ser apreciada como una oportunidad maravillosa que brinda un sistema educativo híperindulgente, gracias al cual es posible multiplicar conocimiento, y no por el contrario, como un condicionamiento o presión para seguir un camino predeterminado. “Cuando suena la campana, te sacan el banquito y uno se queda solo” comentó el gran boxeador argentino Ringo Bonavena: existe un instante clave en cualquier mesa examinatoria (incluso en la vida misma) donde los individuos deben exhibir lo aprendido, mostrar su capacidad de aprendizaje, autodisciplina, atención y energía constante invertida en sus desafíos. Recién cuando esa actitud sea comprendida, el estudiante mejorará sus posibilidades de ingresar en el radar de profesionales, obtener mejores calificaciones o ser tenido en cuenta por las empresas en las que pretende trabajar. La actitud positiva no es apenas uno de los aspectos de los cuales se ocupa la educación formal, ni una línea más de trabajo: es nada menos que el centro mismo, la primera causa o primer motor del que hablaba Aristóteles.

Una pedagogía y una didáctica que deseen estimular la autorregulación de los aprendizajes no se contentan con apostar a la dinámica espontánea de los que aprenden.

Por el contrario, se necesitan contratos y dispositivos didácticos muy ingeniosos, estrategias de animación y construcción de sentido muy sutiles, para sostener el interés espontáneo de los estudiantes –cuando este existe-, para suscitar un interés suficiente cuando la experiencia vital, la personalidad o el medio familiar no predisponen para ello. (Perrenoud, 2008, pp. 126-127).

Dentro del modelo de enseñanza constructivista, la tríada didáctica puede resultar equívoca: en su lugar deberíamos incorporar el concepto circular, donde a la tríada le es dado girar y combinarse por igual, sin que haya estructuras ni protagonismos que generen confusión, intercalando la planificación académica con la propia experiencia, además de la que surge en el aula. Se ha declarado obsoleto el sistema conductista de acumulación de información transmitida de docentes a estudiantes, que ocurría casi siempre en frías aulas con cuadros de rígidos próceres y autoridades que vigilaban y castigaban si no se obedecía rigurosamente, eliminando todo vestigio de opinión. De esas aulas han surgido asesinos, estafadores, genocidas y demás villanos, pero también surgieron modelos y personalidades como Juan Bautista Alberdi, Alicia Moreau de Justo, Alfredo Palacios, Borges, Sábato, Cortázar, los premios Nobel Milstein, Houssay, Saavedra Lamas, Leloir y Pérez Esquivel, además de Piazzolla, Spinetta y Cerati, entre muchísimos otros.

Dentro del sistema constructivista ¿cuáles serían esos moldes y forjadores? El docente En la era del cambio obligatorio de paradigmas, nuevos desafíos han recaído sobre los docentes, quienes además de invertir muchísimas horas de lectura y capacitación, deben mejorar la práctica, ejercitar paciencias y tolerancias insólitas (que merecen un capítulo aparte), ser eficaces y moderadores, ofrecer actividades que estén dentro de la zona de desarrollo próximo (para evitar el exceso de desafío)monitoreando, identificando errores, debiendo promover un clima de confianza mutuo, apoyo y responsabilidad (Anijovich), ocupando un rol integrador dentro del aula y en una dimensión afectiva, además de generar intercambio en el que la ignorancia y el error sean aceptados, y ofrecer ejemplos o sugerencias (con lenguaje sencillo) con el fin de mejorar un trabajo, una producción, un desempeño ¿Tiene el docente la posibilidad de sentirse incómodo frente a la obligación de multiplicar la ya excesiva mirada benéfica cuando el compromiso de los integrantes del grupo es bajo? La reducción de la capacidad perceptiva (como mecanismo de defensa) está profundamente ligada a una información poco confiable y a saturación de ofertas, que Beryl Langer definió como “estado de insatisfacción perpetua” a través de la estimulación del deseo de novedad y de la redefinición de lo precedente como basura: convivimos con la idea de un presente inmediato, urgente e incierto, en el que los acuerdos son temporales y pasajeros, donde es más fácil unir en la protesta que en la propuesta, y donde las seguridades que se tenían sobre el país, el empleo y la familia no existen más, como enunciaba el filósofo polaco Zygmunt Bauman desde Modernidad Líquida (2000) ¿Cuál es el lugar y el desafío del docente en estos casos? ¿Cómo evaluar en un sistema cuyos límites son borrosos? Difícilmente y con un sueldo insólito el docente pueda trabajar de manera individual, procurando comprender los problemas de casi todo grupo de estudiantes (siempre hay honrosos casos)que tienen como principal objetivo zafar su cursada de la mejor manera posible, que no logran concentrarse y desarrollar los trabajos prácticos requeridos, en medio de una clase con otros 25 estudiantes que comen, beben, llegan tarde, usan sus smartphones y notebooks como única referencia con la realidad, bostezan, duermen, salen e ingresan al recinto cuando lo desean. “La ignorancia de los jóvenes es nuestra propia ignorancia”, expresó Jaim Etcheverry (2006).Refiriéndose a las características de los millennials, Simon Sinek indicó que a pesar de que tienen todo servido no son felices, que esperan una recompensa instantánea, que deben aprender el concepto de paciencia, y que les tocó una mala situación. Y aquí aparece nuevamente la noción de víctima como una suerte de salvoconducto retórico que, como se puede apreciar, fue inoculado como un chip en los educadores: mala situación les tocó a los estudiantes ingleses mientras caían bombas en sus hogares en la II Guerra Mundial; o la que viven a diario comunidades que aún carecen de cloacas; o los que asisten a clase en poblaciones africanas que conviven con el virus del ébola ¿De qué mala situación estamos hablando? “Las causas del bajo rendimiento no pueden atribuirse a la escuela o explicarse solamente a partir de lo que ocurre en ella”, sentenció Jaim Etcheverry. Esta lamentable radiografía del sujeto, situado en la cima de la atención pedagógica, es el resultado de una educación deficiente que comenzó en hogares donde la omnipresente TV mediocre ha impuesto valores, modelos de conducta orientados a la vulgaridad, a la apariencia y a la confrontación con cualquier autoridad. No se forma a los estudiantes para ser mejores creativos, se los educa para ser mejores consumidores desde hogares que son responsabilidad de padres consentidores, opinadores seriales de cualquier tema sin saber mucho de nada, y que ya cuestionaban inútiles materias cuando eran estudiantes secundarios y/o terciarios, sin que nadie los escuchara.

Cabe aclarar que este panorama no es igual en todas las regiones del país, la situación cambia cuando se toma distancia de las grandes ciudades. La ausencia de criterio por parte de las autoridades (supuestamente competentes) no es casual: en Argentina, en su época contemporánea, la educación no es un tema central.

Esta desidia genera hastío, un vocablo que habilita el verbo zafar, y cuyo resultado concreto está a la vista cuando reglas y valores fundamentales caen en desuso, y con el paso de los años desaparece todo tipo de marco regulatorio. En este contexto divorciado de toda lógica, el daño es inabarcable y ubicuo. Con estos parámetros de educación discontinua, laxa y cambiante según las diferentes corrientes pedagógicas, la realidad ha ejecutado lo que los medios establecieron como formatos de pensamiento con las que se piensa la realidad. Cuando este nuevo escenario resulta normal, el marco teórico constructivista no termina de definir qué hacer frente a aquellos saberes fundamentales que son reemplazados sistemáticamente por conocimientos insignificantes, inclinados hacia la banalización y la vulgaridad (mencionada por el arquitecto Norberto Chávez), y cuya sumatoria produce una peligrosa amnesia colectiva. En relación a esta problemática, el investigador norteamericano David Perkins ha planteado Dos alarmas fundamentales: el conocimiento frágil y el pensamiento pobre, síndromes que se asientan en un modelo educativo que se rige por la búsqueda trivial del conocimiento y la priorización de la capacidad sobre el esfuerzo, arrojando como consecuencia la decadencia económica. (1997).

Así plantea su Teoría Uno: la gente aprende más cuando tiene una oportunidad razonable y una motivación para hacerlo. Tal cual lo conocemos en la actualidad, el intento de educar funciona como un experimento defectuoso con muy pocos estímulos, en el que por un lado se procura alentar y generar confianza a estudiantes que, en la puerta misma de la escuela, pueden sufrir robos, violaciones, venta de drogas, o ser atropellados en medio de gritos, insultos y bocinazos. Esto sin mencionar la sobre información y maltrato encubierto que reciben a través de medios de prensa que alientan el bullyng y la violencia de género, y por otro lado redes sociales sin filtro, desde las cuales “los muchachos aprenden modelos sociales que promueven la codicia, el lucro, el desprecio del intelecto y la superficialidad”. (Jaim Etcheverry, 2006). En palabras de los especialistas en contenidos, medios y comunicación Bernarda Llorente y Claudio Villarruel, “la generación mejor formada de la historia, en la que los universitarios superan el 50%, es la misma que recorre las calles buscando pokemones virtuales y se conecta a Internet siete horas diarias”.

¿Alguien estimula y ayuda al docente? 


Referencias bibliográficas 

Anijovich, R. (2010) Sobre la retroalimentación. Fragmento de una presentación acerca de la evaluación de los aprendizajes. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=ylB6oU9O-1g 

Aristóteles (s.f) Aristotle’s Natural Philosophy: Movers and Unmoved Mover. Disponible en https://plato.stanford.edu/entries/aristotle-natphil/#5 

Bauman. S. (2003). Modernidad líquida. México: Editorial Fondo de Cultura Económica.

Bonavena, R. (s.f.) Disponible en: https://www.clarin.com/boxeo/bonavena-boxeo-frases_0_rkfgPxujPXx.html 

Dubet. F. (2016). ¿Por qué preferimos la desigualdad? (aunque digamos lo contrario). España: Siglo XXI Editores.

Jaim Etcheverry, G. (2006). La tragedia educativa. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Llorente, B. y Villarruel, C. (2017) Hijos del postmodernismo. Diario Perfil. Disponible en:http://www.perfil.com/columnistas/hijos-del-posmodernismo.phtml 

Langer, B. (2002). Commodified Enchantment: Children and Consumer Capitalism. Thesis Eleven. Disponible en:www.journals.sagepub.com 

Perkins, D. (1997) La Escuela inteligente. Barcelona: Gedisa Editores.

Shaw. B. Disponible en http://www.elmundo.es/especiales/cultura/gabriel-garcia-marquez/album/04.html 

Sinek, S. (2016). On millennials in the workplace. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=EhDQxUzpnT4  

Nota: Este trabajo fue desarrollado en la asignatura Evaluación a cargo del profesor Matías Panaccio en el marco del Programa de Reflexión e Innovación Pedagógica.


Abstract: When group members emphasize collective work, not only interesting exchanges of knowledge and debates take place, but learning to find and value joint solutions that come from successes and mistakes, converting that training (both teacher and student) in something real: this represents a real feedback, premise enunciated by Rebeca Anijovich (2010) in terms of the impact of this theory on knowledge, processes of understanding, self-esteem and motivation, among others.

Keywords: Constructivism - successes - errors - feedback 

Resumo: Quando entre os membros de um grupo se enfatiza o trabalho coletivo não só ocorrem interessantes intercâmbios de conhecimento e debates, sina que se aprende a encontrar e a valorizar soluções conjuntas que provêm de aciertos e erros, convertendo essa formação (tanto do docente como do estudante) em algo real: isto representa uma verdadeira retroalimentação, premisa enunciada por Rebeca Anijovich (2010) quanto ao impacto desta teoria sobre os conhecimentos, processos de entendimento, autoestima e motivação, entre outros.

Palavras chave: Construtivismo - sucessos - erros - feedback


Esteban Cavanna. Docente de la Universidad de Palermo en el Área de Comunicación Corporativa y Empresaria en la Facultad de Diseño y Comunicación.


Buscando Pokemones. Otro intento de análisis más sobre las propuestas del constructivismo y el conductismo en la educación argentina, pero políticamen fue publicado de la página 68 a página71 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXXVII

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