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El examen final. El rol del profesor adjunto

Zahalsky, Sonia

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXXVII

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXXVII

ISSN: 1668-1673

Año XX , Vol. 37, Febrero 2019, Buenos Aires, Argentina | 198 páginas

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Resumen: El examen final es un mundo en sí mismo. Desde las ansiedades y nerviosismo del estudiante, cuando las horas siempre resultan pocas para preparar la materia, el querido profesor que resulta distante hasta la presencia de profesores adjuntos y su peculiar mirada. Desde su rol como fiscal y veedor a nivel administrativo y académico, teniendo en cuenta si pertenece a la misma disciplina que el titular o no, su intervención en la mesa interrogando al estudiante, y este, ¿atrevimiento?, sin conocer el proceso personal y académico desarrollado en clase, hasta la mirada inquisidora sobre el profesor titular que también se siente evaluado por un colega que de un segundo plano, pasa al primero. Las inseguridades, los egos y la competencia profesional y académica terminan condimentando una jornada que resulta intensa desde donde se la mire. En el presente ensayo se pretende reflexionar sobre el rol del docente adjunto y la influencia de su figura sobre la situación evaluativa.

Palabras clave: Examen final – profesor – rol –docente adjunto - evaluación


Nos pareció maravillosa, la estatua más regia que había hecho nunca, y entonces vimos a Ariel que la miraba, salido de la ventanilla la miraba solamente a ella, girando la cabeza y mirándola sin vernos a nosotras hasta que el tren se lo llevó de golpe.

(Cortázar, 2002, p.173).

Final del Juego Por más amena que haya sido la relación del estudiante y el profesor, el día del examen final, el aire se corta con un cuchillo. Los estudiantes entran al aula de a uno, y se enfrentan al mismo profesor que vieron durante 15 semanas, pero esta vez, este se encuentra apurado, tenso e impredecible. En dos o tres comentarios muy informales, se presenta la consigna del trabajo final a una o dos personas que tienen cara de aburrimiento y apuro, expresión que queda evidente al otear el celular varias veces consecutivas en busca de algo más interesante. La necesaria e intimidante escolta que completa una cotidiana situación de mesa final, es la figura del profesor adjunto.

La pregunta en cuestión es ¿cuál es el rol del profesor adjunto dentro de un tribunal examinador? Las miradas son tan variables como la cantidad de personalidades y situaciones existentes, y cada una de ella conforma una experiencia única, que puede quedar para la posteridad en la memoria de todos los presentes en el aula, ya sea buena o mala o, en otros casos, ni siquiera registrada y debidamente olvidada.

El examen final, sumativo, de resultados o de certificación, es toda una situación académica particular en sí misma. El estudiante, en escasos 15 minutos, en el mejor de los casos, debe demostrar los conceptos adquiridos sobre una materia específica durante un cuatrimestre de cursada.

Howard Gardner diferencia los criterios de la evaluación y del examen, siendo la primera la obtención de información en ámbitos informales y la segunda el instrumento para ámbitos neutros y descontextualizados (1995). En este sentido “reconocemos que el principal desafío a la hora de pensar en la evaluación consiste en construir criterios que nos permiten obtener información válida y confiable” (Litwin, 2010, p.30). Sin embargo, en un examen final, la evaluación muchas veces tiene el carácter de acreditación, sin necesidad de dejar de lado el proceso del estudiante y la evaluación del mismo. (Palou de Maté, 2010).

Alicia Camilloni realiza una profunda reflexión sobre la validez del contenido y la validez predictiva del examen final y certifica que no puede tratarse de una simple prueba de actuación o ejecución de la tarea. Analiza su confiabilidad, sus ventajas y desventajas: El sistema de promoción que incluye una instancia de evaluación final tiene un valor, es menester señalarlo, que lo hace irremplazable en un programa de evaluación, ya que permite evaluar de manera completa, no parcelada, el dominio alcanzado por el alumno sobre el universo de los contenidos de la asignatura, el área o un conjunto de asignaturas.

(2010, p162).

Si bien el docente planifica didácticamente su cursada y evaluación, no suele considerar a otras figuras importantes que intervienen en forma significativa en este proceso de conocimiento: los padres del estudiante y sus expectativas, los compañeros del estudiante y el trato entre ellos conformando el clima de trabajo en grupo y del aula, y por último los profesores adjuntos en el momento de la evaluación final.

Estatuas y Actitudes Esta figura, o mejor dicho, esta función, que se ejecuta durante los periodos de examen final, son ejercidas por todos los docentes de una institución educativa. Su intervención en la mesa examinadora presenta tantas variables como docentes y personalidades hay: Su principal función consiste en simplemente estar en la mesa, de hecho, la jornada comienza hasta que un docente adjunto se avizore en el aula. Su misma presencia denota un rol de fiscal y veedor de lo que acontece en el aula, inmiscuyéndose en el contrato tácito entre alumno – profesor. Que el examen oral o escrito, fehacientemente se haya realizado, que no exista animosidad de una u otra parte, que las preguntas hechas por el profesor titular y las respuestas ofrecidas por el estudiante sean coherentes con la nota alcanzada, y que esta nota, surja del consenso del tribunal, suelen ser las tareas que realiza un docente en su papel de adjunto.

Sin embargo, en muchas oportunidades, estas horas asignadas a la fiscalización, las cuales se presumen tranquilas y de poco esfuerzo académico, agregan más tensión al clima ya establecido por la instancia que los reúne.

Es habitual saber de antemano si se es profesor titular o adjunto en la fecha de citación, pero también es habitual no conocer específicamente quién va a ser designado profesor adjunto: el juego inicia, el azar manda.

En el imaginario de la comunidad educativa, la actitud de este profesor es de un silencioso escucha de lo que acontece en el aula, realizando las preguntas al estudiante cuando el titular le cede el espacio. Al consultar la nota final, siempre está de acuerdo con la que el titular tiene en mente. Reglas de buena cortesía educativa no escritas en ninguna parte. Pero a veces este idilio protocolar tácito no sucede.

Por estos caprichos del azar, los docentes convocados pueden pertenecen al mismo área disciplinar o ser de campos totalmente diferentes. La diferencia entre ambos casos no debería ser un factor incidente en el clima de la mesa, sin embargo, algunas situaciones pueden devenir en espectaculares anécdotas.

El compartir una mesa con colegas significaría tener licencia para realizar las preguntas necesarias y de esta forma potenciar la exposición del estudiante, así como enriquecer la devolución final al mismo. No obstante, en esta circunstancia se cae en el peligro de presenciar el despliegue de los saberes de cada profesional, con el fin de impactar al colega y dejar constancia de la supremacía profesional y didáctica, menoscabando al estudiante y su trabajo.

Por otro lado, cuando los profesores no son del mismo campo, puede ocurrir la magnificencia de escuchar una devolución complementaria que enriquece a todos los presentes en la mesa, o por el contrario contemplar la completa apatía, el desinterés y falta de atención, entendida por todos como una falta de respeto de parte de este profesor adjunto.

Cuando no existe un espíritu solidario y humilde, entendida esta como una virtud humana que no todos se permiten cultivar, el titular siente que la mesa se boicotea.

La particularidad que se crea en esta instancia de examen final es similar a la de un escenario: tener un espacio y los minutos necesarios para mostrarse y demostrarse calificado ante colegas y alumnos, con su correspondiente contrapartida: descalificar a colegas y desmerecer el trabajo del estudiante. Los egos individuales y sobre todo las inseguridades personales afloran como demonios escapados del averno.

En este contexto y ante la mirada del docente adjunto, tanto alumno como profesor titular se sienten evaluados.

Ambos rinden un final. A ambos, implícitamente se les está tomando examen. El estudiante en primera instancia y la causa de dicho encuentro tiene una característica básica: no importa cuán bien se haya preparado y domine la bibliografía, el corazón late fuerte, las manos se vuelven sudorosas y la voz temblorosa: la ansiedad ejerce un efecto negativo sobre el rendimiento del estudiante, que suele lamentarse por haber olvidado cuestiones elementales. Pero sobre todo, el que siente una mirada examinadora es el docente titular: su programa, desarrollo didáctico y evaluación quedan expuestos a la mirada de un tercero.

Apreciar, estimar, atribuir valor o juzgar han sido los conceptos que más se asociaron a la evaluación.

Desde una perspectiva didáctica, el concepto implica jugar la enseñanza y juzgar el aprendizaje; atribuirles un valor a los actos y las prácticas de los docentes y atribuirles un valor a los actos que dan cuenta de los procesos de aprendizaje de los estudiantes.

(Litwin, 2010, p.13).

En definitiva, las habilidades, los saberes y conocimientos específicos, así como la calidad de los trabajos que comparten sus alumnos, son el reflejo de lo ocurrido puertas adentro en una cátedra que tuvo como guía a este profesor titular.

Papelitos Si bien existen cursos, licenciaturas, maestrías y doctorados en educación, el desarrollo del tema convocado se suele tratar en charlas coloquiales dentro del aula, creando un imaginario social entre los docentes. Muestra de esto es la dificultad de encontrar material bibliográfico como antecedentes de investigación, sobre el papel que desempeña el profesor adjunto específicamente en mesas examinadoras.

A la luz de esto, el desafío consta en potenciar esta experiencia como profesor adjunto y que logre convertirse en una instancia que adquiera más relevancia, no como crítica sobre lo acontecido, hacia el docente titular y su estilo de enseñanza y evaluación, sino como propia formación académica.

Transformar las horas dedicadas a esta tarea, en una instancia de formación académica, en la que se es expuesto a otras maneras de enseñar y evaluar, y a partir de dicha experiencia poder reflexionar en forma personal, a través de la producción académica, para luego compartirlo en un ámbito creado para el mismo con otros colegas, permite el desarrollo pedagógico. “La organización de espacios interactivos, dinámicos, del intercambio del hacer pedagógico entre docentes con diferentes grados de experiencia y variados saberes desencadena el proceso de reflexión, modificación y diversificación de posturas pedagógicas” (Hoffmann, 2010, p. 89).

La escritura académica tiene importancia epistémica y política para empoderar al docente de sus propias ideas y no solo para producir o reproducir conocimientos en un contexto específico, sino para elaborar conocimiento propio y ser interlocutor válido, en diferentes escenarios con identidad y criterio. (Hernández, 2009).

La pregunta es ¿cómo superar la crítica personal y comparación entre docentes? Hoffmann percibe la gran complejidad del tema debido a los compromisos personales y profesionales variados de cada profesor, además de sus características personales. La reflexión arribada tiene un doble eje: uno personal y otro académico.

Para eliminar esas críticas es necesario obtener de cada profesor un grado de compromiso hacia el propio crecimiento académico y pedagógico, y por otro lado, en un aspecto normativo y formal, con pautas establecidas de antemano por la institución sobre conceptos y cuestiones específicas a tener en cuenta en la hora de presenciar un examen final.

Jussara Hoffmann al reflexionar sobre la evaluación mediadora, toma en cuenta a la evaluación, a los evaluadores, y a los aprendices. Tomando lo dicho sobre los evaluadores y trasponiéndolo a la evaluación sumativa y a esta búsqueda de aprender de la evaluación de otros: Una mirada que busca otras miradas. Cada uno ve hasta donde pueda. Personas diferentes miran el mundo de formas distintas [subjetividad]. Estas miradas múltiples, son, por eso, complementarias y enriquecedoras. Reúnen conocimientos, experiencias, sentimientos diversos que se contraponen a verdades arbitrarias y las derrumban. (2010, p.77).

Edith Litwin agrega que en el marco en el que las actividades reflexivas se producen, se reconoce que el mundo es ambiguo e inequívoco, las disciplinas no representan el total del conocimiento y a menudo se yuxtaponen, que el docente es falible y la mejor expresión del conocimiento es el razonamiento del estudiante, y del docente en su continua capacitación, acerca de un tema o cuestión, en este caso la evaluación final. (2010).

En definitiva, enfrentarse al tribunal examinador, siendo alumno, o docente más allá del rol y de todas sus implicancias, uno sabe que el proceso iniciado a principio del cuatrimestre termina, y flota en el aire una sensación tensa y liberadora a la vez, de que el juego llegó a su fin.

Cuando llegó el tren vimos sin ninguna sorpresa la tercera ventanilla vacía, y mientras nos sonreíamos entre aliviadas y furiosas, imaginamos a Ariel viajando del otro lado del coche, quieto en su asiento, mirando hacia el río con sus ojos grises.(Cortázar, 2002, p.174) 

Referencias bibliográficas 

Camilloni, A. R. W. (2010). Sistemas de calificación y regímenes de promoción. En Camilloni, A., Celman, S., Litwin, E., Palou de Maté, M. C. (2010). La evaluación de los aprendizajes en el debate didáctico contemporáneo. (pp. 133-176). Buenos Aires: Paidós.

Cortázar, J. (2002). Final del Juego. Buenos Aires: Alfaguara.

Gardner, H. (1995). Inteligencias múltiples. Barcelona: Paidós.

Hernández Zamora, G. (enero-junio 2009). Escritura académica y formación de maestros ¿Por qué no acaban la tesis? En Tiempo de Educar. 10 (19), pp. 11-40 

Hoffman, J. (2010). Evaluación mediadora. Una propuesta fundamentada. En Anijovich, R., (comp.). (2010). La evaluación significativa. (pp.73-102). Buenos Aires: Paidós.

Litwin, E. (2010). La evaluación: Campo de controversias y paradojas o un nuevo lugar para la buena enseñanza.

En Camilloni, A., Celman, S., Litwin, E., Palou de Maté, M. C. (2010). La evaluación de los aprendizajes en el debate didáctico contemporáneo. (pp.11-34). Buenos Aires: Paidós.

Palou de Maté, M.C. (2010). La evaluación de las prácticas docentes y la autoevaluación. En Camilloni, A., Celman, S., Litwin, E., Palou de Maté, M. C. (2010).

La evaluación de los aprendizajes en el debate didáctico contemporáneo. (pp.93-132). Buenos Aires: Paidós.

Perrenoud, P. (2008). La evaluación de los alumnos. Buenos Aires: Ediciones Colihue 

Nota: Este trabajo fue desarrollado en la asignatura Evaluación a cargo del profesor Matías Panaccio en el marco del Programa de Reflexión e Innovación Pedagógica.


Abstract: The final exam is a world in itself. From the anxieties and nervousness of the student, when the hours are always too few to prepare the subject, the beloved professor who is distant until the presence of assistant professors and his peculiar look.

From his role as fiscal and seer at administrative and academic level, taking into account whether he belongs to the same discipline as the owner or not, his intervention at the table interrogating the student, and this, daring?, without knowing the personal process and academic developed in class, even the inquisitive look on the professor who also feels evaluated by a colleague who, in the background, moves on to the first.

The insecurities, the egos and the professional and academic competition end up spicing up a day that is intense from where you look at it. In the present essay we try to reflect on the role of the assistant teacher and the influence of his figure on the evaluative situation.

Keywords: Final exam - professor - role - assistant professor - evaluation 

Resumo: O exame final é um mundo em si mesmo. Desde as ansiedades e nervosismo do estudante, quando as horas sempre resultam poucas para preparar a matéria, o querido professor que resulta distante até a presença de profesores adjuntos e sua peculiar mirada. Desde seu papel como promotor e veedor a nível administrativo e académico, tendo em conta se pertence à mesma disciplina que o titular ou não, sua intervenção na mesa interrogando ao estudante, e este, ¿ousadia?, sem conhecer o processo pessoal e académico desenvolvido em classe, até a mirada inquisidora sobre o professor titular que também se sente avaliado por um colega que de um segundo plano, passa ao primeiro.

As inseguranças, os egos e a concorrência profissional e académica terminam condimentando uma jornada que resulta intensa desde onde lha olhe. No presente ensaio pretende-se refletir sobre o papel do docente adjunto e a influência de sua figura sobre a situação evaluativa.

Palavras chave: Exame final - professor - papel - professor assistente - avaliação 


Sonia Zahalsky. Licenciada en Relaciones Públicas (Universidad de Palermo). Organizadora de Eventos (Universidad de Palermo). Maestría en Comercialización y Comunicación Publicitaria (USAL, en curso).


El examen final. El rol del profesor adjunto fue publicado de la página 74 a página77 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXXVII

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