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Acerca del pasaje de la universidad hacia el cambio profesional

Toeldo, María Celina

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXXVII

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXXVII

ISSN: 1668-1673

Año XX , Vol. 37, Febrero 2019, Buenos Aires, Argentina | 198 páginas

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Resumen: Este ensayo tiene como objetivo reflexionar acerca de la inserción de los estudiantes en el campo profesional, cómo influye su formación académica en este proceso, cómo se sienten al momento de este pasaje, con qué herramientas pueden contar. Aborda, además, el rol del docente en el proceso de aprendizaje, desde una perspectiva constructivista.

Palabras clave: Pensamiento reflexivo – conocimiento – aprendizaje significativo – competencias – aula taller


El pasaje de la universidad al campo profesional podría asemejarse a la acción de cruzar un puente. ¿Los estudiantes tienen herramientas para cruzarlo de manera tal que no pierdan mucho tiempo? ¿Qué implica llegar al otro lado? ¿Cómo se sienten antes de cruzarlo y cómo deberían sentirse al llegar? ¿De qué depende la longitud de ese puente? ¿Es el mismo puente para todos? ¿Cuál es el rol del docente en ese cruce?

Se pueden esbozar varias respuestas, y una de ellas es que el docente es quien puede brindarle al estudiante la posibilidad de construir el conocimiento necesario para atravesar ese camino de la mejor manera posible y llegar hacia el otro lado para insertarse en el campo profesional. De su parte como docente es necesario que realice una elección de “metodologías de aprendizaje activo” (Mastache, 2009) que impliquen producir y utilizar conocimiento. En esa puesta en acción del conocimiento los estudiantes podrán aprender cómo afrontar diversas situaciones, resolver casos, y enfrentar problemas, y luego aplicar esto en el ámbito laboral. En palabras de Mastache (2009), “(…) para formar personas técnicamente competentes en su área laboral o profesional se requieren instancias de formación que permitan ejercitarse en el hacer. Las competencias y las capacidades no se enseñan ni se aprenden: se construyen, se desarrollan (…)” Lo que puede funcionar en sintonía con esta propuesta es la estrategia del aula taller. Según De Vincenzi (2009), quien retoma a Ander-Egg (1994, p.14), “el aula taller es una metodología que organiza las actividades académicas y estructura la participación de los estudiantes favoreciendo el aprender haciendo, en un contexto de trabajo cooperativo”.

Sin dudas, implica una participación más activa de los estudiantes, lo que a su vez les permite forjar su propia opinión y construir su perspectiva sobre los temas sin que queden huellas o marcas que los condicionen y permitiéndoles que lleguen al otro lado del puente con la capacidad de tener una propia postura, defenderla, justificarla o cambiarla en los casos en que sea necesario.

El docente no debe verse como un modelo en el cual los estudiantes deben basarse para cruzar ese puente, ya que cada manera de cruzarlo puede ser distinta. El docente solo debe dejar señales que orienten, debe ser el andamiaje que luego se retira para que el estudiante pueda seguir construyendo el conocimiento. Guilar (2009) al analizar las ideas de Jerome Bruner, explica la noción de andamiaje que desarrolló para explicar el rol del docente en el proceso de aprendizaje: “A medida que la persona va siendo más competente el monitor o enseñante retira su ayuda y concede más responsabilidad y control de la tarea al aprendiz, para que pueda, finalmente, realizar la actividad o tarea autónomamente”.

Y aquí es posible preguntarse: ¿hay un lapso establecido o estimado para que el estudiante pueda ir resolviendo con las herramientas que adquirió durante su formación académica diferentes situaciones y así lograr pasar de la universidad al campo profesional? El tiempo siempre estará dado por las oportunidades, los desafíos que se presenten, la manera en cada estudiante pueda poner en práctica lo aprendido. En su formación serán importantes aquellos docentes que desde su lugar propongan clases que promuevan aprendizajes significativos, que inviten a pensar, en las que se promueva confianza y creatividad, reconocimiento de logros y aportes (Camilloni, 2007). Otro cuestionamiento que podría agregarse a los del principio es el siguiente: ¿es el docente esa persona que debe pararse en el inicio del puente y aplicar un filtro para establecer quiénes pueden cruzarlo? Sobre el mito del filtro social, Camilloni (1995) sostiene que el docente opera como un agente social que colabora en la selección de los mejores, identifica a los que no pueden y los descarta. Definitivamente no debería actuar de esa manera. La lógica de que los más aptos pueden avanzar y sobrevivir en el cruce responde a una forma de enseñanza que debe quedar atrás, aquella que proponía la memoria como mejor aliada y la copia como la mejor forma de resolución.

¿Pero cuál es la mejor forma de enseñar? “No parece que exista el formato perfecto que asegure que la enseñanza va a ser exitosa y que todos los alumnos van a aprender lo que el docente quiere enseñarles”, asegura Camilloni (2007). La mejor forma de que los estudiantes se apropien de los contenidos es a través de una motivación intrínseca, que en general se despierta en ellos cuando ven la posibilidad de involucrarse y resignificar los contenidos. Según Perkins (1995), “(…) el enfoque constructivista coloca al alumno en el asiento del conductor y lo incita a encontrar su propio camino durante gran parte del proceso de aprendizaje, pero –por supuesto– siempre con la guía del maestro”.

Para Biggs (2006) el primer paso para mejorar la enseñanza consiste en promover un enfoque profundo del aprendizaje (p.35) y esto implica estimular la necesidad de conocer, inducir la curiosidad, que los estudiantes en el proceso de aprender tengan una sensación de desafío, de euforia y también de placer. “La tarea es doble 1. Maximizar las oportunidades de que los estudiantes empleen un enfoque profundo. 2. Minimizar las oportunidades de que los estudiantes utilicen un enfoque superficial. Este es el secreto de una buena enseñanza (…)” (Biggs, 2006, p.52)

Juan Díaz Bordenave, citado por Camilloni (2007), definía a las actividades de aprendizaje como “instrumentos para crear situaciones y abordar contenidos que permiten al alumno vivir experiencias necesarias para su propia transformación”. Es necesario el error en el proceso de formación para que si en el cruce los estudiantes se encuentran con obstáculos puedan buscar formas creativas de superarlos, reflexionar sobre ellos y proponer nuevas formas de resolver las situaciones. El error en las clases además no debe ser condenado, al contrario, posibilita ver el camino de aprendizaje del otro, debe tomarse como insumo para entender cuál es el bagaje cultural que trae consigo cada estudiante y poder aportarle de manera significativa otra respuesta a esa pregunta que respondió de manera diferente a la que se esperaba. En los momentos de aprendizaje, el error o la sorpresa pueden aparecer cuando el estudiante trata de explicar lo que se está haciendo. Un docente debería propiciar estos momentos, ya que con estas acciones se da lugar a la reflexión sobre las prácticas y luego cuando los estudiantes se encuentren insertos en el mundo profesional podrían detenerse sobre aquello que no está funcionando y aplicar esta estrategia de repensar sobre lo que ya está hecho para obtener un resultado distinto y poder superar situaciones. En palabras de Schön (1992), “la reflexión en la acción posee una función crítica, y pone en cuestión la estructura de suposición del conocimiento en la acción”.

Las preguntas son las que pueden llevar al error y por eso en todo ámbito son necesarias, ya que a partir de ellas pueden desplegarse diferentes mundos, diferentes concepciones, cosmovisiones. Lo bueno es no quedarse con lo establecido como algo dado, no tomarlo como mero sentido común, como algo natural. Podría decirse que el cruce del puente debe ser rápido, que los docentes enseñarán todo lo necesario de manera eficaz para que los estudiantes lleguen lo mejor preparados, ¿pero se puede estar seguro de que esto es algo inmodificable y sucede siempre así? Se debe tener en cuenta que todas las afirmaciones se corresponden con un determinado marco ideológico, esconden implícitamente una forma de poder, y la manera de entender de dónde provienen, por qué fueron formuladas, es nada más ni nada menos que con el cuestionamiento. Al preguntarse, cualquier sujeto puede descubrir otras perspectivas, la curiosidad es necesaria y desde la docencia no hay que obturar esa capacidad en quienes se están formando.

Para cualquier estudiante llegar al otro lado puede implicar conseguir ese trabajo que tanto anhelaba y poder aplicar aquellos aprendizajes significativos que tuvo la posibilidad de consensuar con sus docentes a lo largo de su trayectoria académica. Antes de cruzarlo puede sentirse inseguro, desorientado, con la sensación de que le faltan las herramientas necesarias para hacerlo, pero también puede sentirse motivado, con la certeza de que logrará insertarse en el mundo profesional, de que posee las competencias necesarias, pero dependerá de que sienta una u otra cosa en base a las experiencias pedagógicas que haya atravesado. Finalmente, la forma de ese puente no será la misma para todos y en su definición seguramente incidan las experiencias vividas en las aulas. Lo que se necesitan, por sobre todo, son sujetos activos, pensantes, con capacidad de decisión y acción, no meros reproductores de conceptos. A través de la educación es que se pueden cruzar más puentes y llegar más lejos. La educación es recíproca, todo docente también aprende de sus estudiantes, porque el conocimiento se construye de manera social y las mejores experiencias se viven en comunidad.

Referencias bibliográficas 

Biggs, J. (2006). Calidad del aprendizaje universitario. Madrid: Ed. Narcea. 

Camilloni, A. (1995). Reflexiones para la construcción de una Didáctica para la Educación Superior. Ponencia en: Primeras Jornadas Trasandinas sobre planeamiento, gestión y evaluación Didáctica de Nivel Superior Universitaria. Chile. 

Camilloni, A. (2007). Una buena clase. Revista 12(ntes) – N°16 Agosto – Año 2. 

De Vincenzi, A. (2009). La práctica educativa en el marco del aula taller. Revista de Educación y Desarrollo, 10. Abril-junio.

Guilar, M. E. (2009). Las ideas de Bruner: De la revolución cognitiva a la revolución cultural. Recuperado el 10 de julio de https://bit.ly/2l5ERVY 

Mastache, A. (2009). Formar personas competentes. Desarrollo de competencias tecnológicas y psicosociales. Buenos Aires: NOVEDUC. 

Perkins, D. (1995). La escuela inteligente. Barcelona: Gedisa. 

Schön, D. (1992). La formación de profesionales reflexivos. Barcelona: Paidós. 

Nota: Este trabajo fue desarrollado en la asignatura Introducción a la Didáctica a cargo de la profesora Silvia Meza en el marco del Programa de Reflexión e Innovación Pedagógica.


Abstract: This essay aims to reflect on the insertion of students in the professional field, how their academic background influences this process, how they feel at the moment of this passage, with what tools they can count on. It also addresses the role of the teacher in the learning process, from a constructivist perspective.

Keywords: Reflective thinking - knowledge - meaningful learning - skills - classroom workshop 

Resumo: Este ensaio tem como objetivo refletir a respeito da inserção dos estudantes no campo profissional, como influi sua formação académica neste processo, como se sentem ao momento deste pasagem, com que ferramentas podem contar. Aborda, ademais, o papel do docente no processo de aprendizagem, desde uma perspectiva construtivista.



Acerca del pasaje de la universidad hacia el cambio profesional fue publicado de la página 158 a página160 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXXVII

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