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Dime qué nota tienes y te diré cuánto vales: Cómo evaluar

Rodríguez Paz, Nadia Stefanía

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXXVII

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXXVII

ISSN: 1668-1673

Año XX , Vol. 37, Febrero 2019, Buenos Aires, Argentina | 198 páginas

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En la mayoría de las instituciones o prácticas docentes, la cultura de la educación tradicional persiste, y con ella la valoración del estudiante a partir de un número calificatorio impuesto. No alcanza con la intención que el docente posea de una educación constructivista, porque muchas veces su forma de evaluar subyace en las relaciones sociales que intervienen, a saber: la institución educativa, la familia del estudiante, y los mismos alumnos. Ante un examen, a menudo se escucha la pregunta: ¿Qué nota se obtuvo? ¿No sería más certero preguntar qué fue lo que se aprendió? Se observa entonces que a pesar de que el docente es quien tiene autoridad de calificar, no es siempre él quien insiste en preponderar la nota por sobre el aprendizaje. Más bien puede suceder por una cuestión administrativa y burocrática de la institución educativa.

Quizá esto sea una consecuencia de la evaluación clásica. En la educación primaria y secundaria principalmente, aunque también universitaria, la educación se ha regido por el objetivo de cumplir con el currículum más que por enseñar. Como ejemplifica Perrenud (2008), “son los mismos alumnos que, cuando se pasa al capítulo siguiente, no han comprendido o consolidado nada” (p.93).

Haciendo una analogía con la estación de un tren, en la cultura de la educación tradicional, el examen podría funcionar como el boleto hacia la siguiente estación.

Por consiguiente, se convierte en un trámite administrativo que se visualiza al final de cada terminal, en vez de ser parte del camino. Además, si se llega tarde a la parada, es posible que el tren ya se haya ido. Esta última relación hace referencia a la entrega tardía de los trabajos, que terminan teniendo una calificación más baja por su retraso. En ese punto, centrándose en el nivel universitario, Bain (2007) explica que dicha acción es resultado de una evaluación enfocada por el rendimiento en vez de concentrarse en el aprendizaje. Y agrega que losbuenos profesores ayudan a los estudiantes a organizarse. Estos docentes, por más que pudieran ajustar su programa en función de los tiempos de aprendizaje, explican el tiempo que podría requerir su materia, a fin de que los alumnos puedan decidir cursarla con el objetivo de aprender y no asistir a clases haciendo malabares para entregar los trabajos y pasar al siguiente nivel.

Esta lógica se refleja en una motivación extrínseca por parte del estudiante, hasta incluso una motivación impuesta por los padres y la sociedad en general: el hecho de prepararse para rendir un examen y pasar al siguiente escalón, a veces deseando tener la mejor calificación (por el solo hecho de pertenecer a la jerarquía de los aprobados), se traduce en el motor del éxito más que en el aprendizaje per se. Contrariamente, si el estudiante no pasa a la siguiente parada, significa que fracasa. Perrenud (2008) afirma que “lo que separa el éxito del fracaso, es un punto de corte introducido en una clasificación” (p.48). A esto, se puede sumar la concepción de Foucault acerca el examen (2003), que, desde una mirada normalizadora, la evaluación funciona como un dispositivo que sirve para clasificar (jerarquiza entre quienes saben y quiénes no) y para castigar a quienes estén fuera de la norma, es decir, fuera de lo preestablecido (entregar trabajos o exámenes fuera de tiempo y forma, que no aprendan todos los contenidos, entre otros).

En consecuencia, se castiga al estudiante mediante un aplazo, una calificación negativa, hasta incluso con la deserción del sistema mediante la expulsión.

Así, el momento de la evaluación se ha convertido en una especie de ritual en el que el docente tiene el poder de valorar al estudiante mediante una calificación, sin previa clarificación de objetivos y sin justificación de la nota obtenida; y el examen en un lente fresnel que produce una iluminación de alto contraste, iluminando la excelencia de algunos y dejando en sombras la ignorancia de otros. Especialmente en la educación primaria y secundaria se los ha obligado a cumplir con las tareas y exámenes, sin ningún incentivo que pudiera conectarse con la vida cotidiana. Al respecto, Perrenud (2008) habla de una violencia escolar simbólicaen tanto la institución ejerce una constante presión psicológica y moral sobre los estudiantes en función de conseguir su atención y dedicación al trabajo, queriendo abarcar múltiples contenidos aislados y en poco tiempo. No resultará sorprendente que a la mayoría de los estudiantes universitarios les haya aburrido casi todas las materias del primario / secundario, o simplemente les resulte difícil recordar lo aprendido. Esta forma de evaluar ha alimentado, por un lado las competencias estratégicas del estudiante(estimar el tiempo necesario para hacer un examen de opción múltiples, disimular incertidumbres, saber qué respuesta quiere el profesor, entre otros); y por otro lado,ha conseguido fomentar el interés de la calificación numérica por sobre el aprendizaje en sí mismo.

Entonces, ¿cómo evaluar para reforzar el aprendizaje del estudiante, sin caer en la jerarquización consecuente de la calificación cuantitativa? En primer lugar, se debería dar una definición de evaluación. Se trata de decisiones que toman docentes y estudiantes en base a evidencias que dan cuenta de información diagnóstica, para monitorear los resultados y actuar en consecuencia. En otras palabras, la evaluación es el instrumento del docente para ajustar el programa o los métodos de enseñanza a fin de mejorar el aprendizaje del estudiante; y para éste último, la evaluación es el parámetro del alcance de su aprendizaje a fin ajustar conceptos endebles. (Camilloni, 1998). Ampliando esta definición, la evaluación es una representación, construida por alguien, del valor escolar o intelectual de algún otro. Por consiguiente, se inscribe en una relación social específica, que conecta a un evaluador con un evaluado. En realidad esta relación vincula en general a más de dos personas, pues el evaluador es el agente de una organización compleja, en cuyo nombre evalúa, mientras que el alumno forma parte de un grupo escolar y pertenece a una familia, estando ambos grupos implicados, de diversas formas, en la evaluación de sus miembros. (Perrenud, 2008, p.73).

Por consiguiente, el docente se enfrenta a una dicotomía: Por un lado, además de querer cumplir con el currículum, puede sentirse obligado a responder a los intereses de prestigio de la institución, pues ésta persigue cierto nivel educativo que se compara con el resto de las instituciones. Y por otro lado, es consciente de la dificultad que significa calificar a sus alumnos, porque no todos tienen el mismo ritmo de aprendizaje y su objetivo es que ellos aprendan, no que prioricen la nota. Sin embargo, en esta instancia, es cuando el docente puede aprovechar el espacio de libertad que posee, ya que la institución marca qué se debe enseñar, pero no especifica con detalle el alcance de aprendizaje del estudiante, por ende tampoco qué evaluar, o cómo evaluar.

Si bien no existe una fórmula para evaluar a todos por igual, o no se debería tropezar de nuevo con la misma piedra (la educación conductista), Camilloni prepondera la evaluación formativa por sobre la tradicional, en cuanto es significativa. La evaluación formativa realiza una regulación interactiva: observa, obtiene información (intereses, y obstáculos de aprendizaje del estudiante) e interviene en tiempo real con la intención de mejorar los procesos evaluados. Más que otorgar una calificación numérica, explica los errores, utiliza herramientas didácticas para corregir y enseñar, pone el problema en situación y conduce al alumno hacia un contexto que pueda comprender. Perrenud (2008) especifica cinco métodos de evaluación que obstaculizan a la evaluación formativa, que forman parte de la evaluación tradicional: la certificativa, que efectúa el balance de los conocimientos adquiridos y otorga un certificado; predictiva, que fundamenta una orientación; incitante, que tiene como propósito que los estudiantes se pongan Reflexión Académica en Diseño y Comunicación. Año XX. Vol. 37. (2019). pp. 38-174. ISSN 1668-1673 169 Reflexión Académica en Diseño y Comunicación. Año XX. Vol. 37 a trabajar; represiva, que contiene eventuales desbordes e informativa, destinada a los padres, porque evalúa al estudiante mediante una calificación cuantitativa y representativa del logro del educando (aunque en realidad no refleje el verdadero alcance de su aprendizaje).

En estos cinco métodos, el propósito está más enfocado en reflejar resultados que en procesos evaluativos. Según lo expuesto anteriormente, la raíz de la importancia que le adjudica el estudiante a la nota, podría ser la cultura de la evaluación tradicional. Pero, ¿cómo se puede revertir esta situación? En principio, sacando la venda del éxito y del fracaso, para aprender a reflexionar y enseñar más allá del temario técnico, entendiendo a la evaluación como un vehículo para el razonamiento y como una herramienta más de aprendizaje, que ayude al estudiante a conocerse como aprendiz y que pueda autoevaluarse. “(…) Se sostiene hace muchos años que uno de los fines de la evaluación es que los alumnos aprendan a autoevaluarse” (Anijovich 2010, p.142). En este último punto Anijovich expresa el interés en implementar la retroalimentación como eje fundamental del método de evaluación formativa. Perrenud (2008, p.116) la define como “conjunto de operaciones metacognitivas del sujeto y sus interacciones con el ambiente, que orientan sus procesos de aprendizaje en el sentido de un determinado objetivo de dominio”. Pero primero, para que esta sea posible, es menester ante todo clarificar los objetivos del trabajo y los criterios de evaluación (situación que no se daba en la evaluación tradicional), a fin de dar sentido al trabajo o evaluación que debe realizar el educando. Segundo, debe existir una comunicación que posibilite un intercambio, en el que el docente pueda dar una devolución del trabajo / evaluación al estudiante y es importante que sea a término (es decir, ni bien se devuelve el trabajo, evitando así una devolución aislada del tema que se está tratando), apelando a que el educando realice una mejora. Y tercero, es importante la forma en que se emite el feedback, de modo que sea eficazmente recibido. En esta comunicación intervienen las emociones del evaluado, entonces se debe generar un contexto adecuado y disponer del tiempo necesario para hacerlo, por lo que puede impactar en la planificación del programa, existiendo la posibilidad de tener que ajustarlo. De esta manera, el docente es como un guía que clarifica los objetivos de cada trabajo y qué espera de los estudiantes, aproximándolos hacia la autorregulación o autoevaluación, fortaleciendo así la calidad de su trabajo, mejorando también su aprendizaje.

Una estrategia interesante que menciona Cappelletti (2010), es la evaluación por competencia, que requiere de una formación por competencia. Es decir, fomentar el desarrollo de trabajos por proyectos, que se base en la resolución de problemas de casos o situaciones en donde interviene el razonamiento, la articulación de saberes y el trabajo entre pares, permitiendo así la regulación entre pares y la autoevaluación. De esta manera se compromete al estudiante de una forma más profunda que la motivación extrínseca de la nota.

Este punto es importante para las carreras de Diseño y Comunicación, porque generalmente requieren del trabajo en equipo. Si bien en la Universidad de Palermo se realizan diversas actividades grupales y tienen instancias novedosas en las que participan los estudiantes, como concursos o foros educativos, ocurre a menudo - quizás debido al escaso tiempo de cursada (3 horas)- que luego de que el docente explica los trabajos a realizar, los estudiantes comienzan la mayoría de los proyectos fuera de la institución, por lo que el profesor puede perderse parte del seguimiento académico y en consecuencia la evaluación formativa no sería efectiva. Por el contrario, si se refuerza el trabajo en clase, comenzando a trabajar proyectos en el aula, habilitaría la toma de información por parte del docente, mejorando notoriamente la evaluación formativa.

En conclusión, una evaluación formativa cuyo eje sea la retroalimentación, asumiendo la previa explicitación de objetivos de las consignas y criterios de evaluación, complementado con la evaluación por competencia, le da un significado más auténtico a cada trabajo realizado por el estudiante, porque lo asemeja a la realidad laboral, lo hace reflexionar y lo compromete a un nivel más profundo, prevaleciendo así una experiencia autotélica, con el interés puesto en aprender por encima de la nota cuantitativa. Además, el hecho de trabajar en grupo fomenta las competencias sociales y el desarrollo de la responsabilidad, en tanto no es lo mismo hacer un trabajo individual, en el que el estudiante puede tener conceptos y/o ideas débiles, incluso una deficiente organización de los tiempos para realizar el trabajo, a enriquecerlo compartiendo las ideas con el otro, aprendiendo también a cumplir plazos para que la sinergia de trabajo grupal funcione.

Si no se aclara el para qué, no se explica la importancia y razón de ser de lo que se enseña, se estaría convirtiendo en una acción conductista de querer enseñar a los estudiantes con un fin constrictivo de cumplir con el programa, pero no de enseñar a que aprendan.

Aunque no sea fácil, porque no se puede cambiar una forma de actuar de la noche a la mañana, que además está arraigada culturalmente, el docente debiera ser como el guía turístico del tren en el que viajan los estudiantes: debiera explicarles las culturas de cada pueblo (que serían los contenidos), tendría que aconsejarlos acerca de las mejores formas de aprender y debería crear espacio de confianza recíproca que invite al estudiante a participar opinando, exponiendo sus trabajos, sin temer a los errores, para que su viaje por cada lugar sea satisfactorio y se produzca efectivamente el aprendizaje.

Entonces, ¿para qué sirve la evaluación?, ¿la evaluación influye solo en el estudiante?, ¿cómo puede ser más objetiva la calificación? La función de la evaluación es representar resultados, para luego intervenir sobre ellos.

Es una herramienta didáctica que influye de forma directa sobre el evaluado y el evaluador, ya que a partir de ella el estudiante puede reforzar su aprendizaje y el docente ajustar su programa, e influye indirectamente sobre la institución en tanto pretende representar cierto nivel educativo.

Una calificación no puede ser cien por ciento objetiva, ya que en el acto de evaluar está implicada la subjetividad del evaluador, pero puede aproximarse siempre y cuando los criterios y objetivos de evaluación estén bien definidos.

170 Reflexión Académica en Diseño y Comunicación. Año XX. Vol. 37. (2019). pp. 38-174. ISSN 1668-1673 Reflexión Académica en Diseño y Comunicación. Año XX. Vol. 37 Para cerrar, la evaluación puede compararse con un geolocalizador, ya que indica la ubicación real del aprendizaje, para decidir luego qué camino tomar. Ésta se realiza continuamente, debido a que el conocimiento se va construyendo, no es invariable. Por tal motivo no se debería equiparar la calificación numérica que obtuvo un estudiante con su personalidad o capacidad, ya que su personalidad tampoco es estática, sino que es maleable conforme a la construcción del aprendizaje que realiza. El hecho de valorar al educando por las notas que obtiene en cierto trabajo y en determinado momento, significaría fomentar estereotipos factibles de ser predictores del fracaso.

Referencias bibliográficas 

Anijovich, R. (Comp.). (2010).La evaluación significativa. Buenos Aires: Paidós. 

Foucault, M. (2003).Vigilar y Castigar. Buenos Aires: Siglo XXI Editores Argentina. 

Bain, K. (2007). Lo que hacen los mejores profesores universitarios. Valencia: Publicacions de la Univèrsitat de València.

 Perrenoud, P. (2008). La evaluación de los alumnos: De la producción de la excelencia a la regulación de aprendizajes. Entre dos lógicas. Buenos Aires: Colihue. 

Nota: Este trabajo fue desarrollado en la asignatura Evaluación a cargo del profesor Matías Panaccio en el marco del Programa de Reflexión e Innovación Pedagógica.


Abstract: Much has been written about the preponderance that teachers have given and still attribute to the notes of the work and evaluations that students do, but perhaps it is not they who often demand that numerical value, which translates into a personal value? Apparently, it is still difficult to eradicate the culture of traditional education, which aims to fill the black box so that later the results are reflected in the hierarchy that the note suggests. But how can this situation be improved from higher education? How much could improve the quality of the students’ work if its elaboration was driven rather by an intrinsic motivation, rather than by the note itself? How can evaluation contribute to learning? Is the evaluation only an instance at a given moment of the course, or rather part of the teaching? 

Keywords: Certified evaluation - formative evaluation - success - failure - descriptive evaluation - self-regulation regulation - intrinsic motivation - competence assessment 

Resumo: Muito escreveu-se sobre a preponderância que os docentes têm dado e seguem ainda atribuindo às notas dos trabalhos e avaliações que os estudantes realizam, ¿mas talvez não são eles quem muitas vezes exigem esse valor numérico, que se traduz num valor pessoal? Ao que parece, ainda é difícil erradicar a cultura da educação tradicional, que pretende encher a caixa negra para que posteriormente os resultados se vejam plasmados noaninhamento que a nota sugere. Mas ¿Como se pode melhorar esta situação desde o ensino superior? ¿Quanto poderia melhorar a qualidade dos trabalhos dos estudantes se sua elaboração fosse impulsionada mais bem por uma motivação intrínseca, mais que pela nota em si mesma? ¿De que maneira a avaliação pode contribuir à aprendizagem? ¿É a avaliação só uma instância em determinado momento da cursada, ou mais bem parte do ensino?

Palavras chave: Avaliação certificada - avaliação formativa - sucesso - fracasso - avaliação descritiva - regulação da autorregulação - motivação intrínseca - avaliação de competências


Nadia Stefanía Rodríguez Paz. Diseñadora Gráfica Publicitaria (Universidad de Palermo).


Dime qué nota tienes y te diré cuánto vales: Cómo evaluar fue publicado de la página 167 a página170 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXXVII

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