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Enseñar para Aprehender a ser. Lenguaje, cuerpo y emoción para abrir nuevas y mejores posibilidades en la educación

Tallarico, Verónica A.

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación. Nº XL

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación. Nº XL

ISSN: 1668-1673

Interfaces en Palermo VI. Congreso para Docentes, Directivos, Profesionales e Instituciones de nivel Medio y Superior

Año XX. Vol. 40, Noviembre 2019, Buenos Aires, Argentina | 266 páginas

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Resumen: Tomando como modelo de abordaje la ontología del lenguaje, analizaremos la relación docente-estudiantes-docente a partir de lo que sucede a diario en un aula, con el fin de hacer conscientes el modo de comunicar y sus implicancias, no solo en los resultados académicos sino fundamentalmente en las vidas de los docentes, de los estudiantes y en sus relaciones, tanto dentro del ámbito educativo como fuera de él. Los seres humanos somos seres lingüísticos, emocionales y corporales. Consideramos que, aprenderlo para enseñarlo, aprehenderlo para salir de la automaticidad permitirá dar un salto de calidad en las relaciones interpersonales y en el desempeño escolar.

Palabras clave: Lenguaje – emoción – comunicación - aprendizaje – docente - estudiante

[Resúmenes en inglés y portugués en la página 243]

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Introducción

¿Qué enseñamos para aprehender? ¿Qué aprehendemos cuando enseñamos?

Vamos a responder estas simples preguntas a partir del análisis de la relación básica que se entabla entre el docente y los estudiantes con el fin de achicar la brecha generacional, social, profesional, que existe entre ambas partes y así generar espacios no solamente de convivencia sino también de aprendizaje, no solo de conceptos académicos sino también de cómo somos en la vida, de cómo nos relacionamos con los demás, de cómo coordinamos acciones con los otros, de cómo generamos consensos con los otros en las decisiones que tomamos para poder desarrollarnos y desarrollar junto con los demás nuestras competencias  humanas, más allá de las competencias escolares.

Tomaremos como modelo el coaching ontólogico, que fundamentalmente considera al ser humano, durante todo el recorrido  de su existencia, como un permanente aprendiz de la vida. Desde que nacemos y hasta que morimos aprendemos. Por eso, queremos evidenciar también nuestra capacidad de aprehender, de hacer carne, aquello que nos permite convivir pacífica e inclusivamente con los demás.

Por ese mismo motivo, no podemos dejar de lado que durante la clase lo que se entabla es una relación de tipo humana, más allá de lo que impongan las autoridades, el Ministerio, la currícula. Lo que básicamente se da en un aula es una relación humana y conversacional entre el docente y sus estudiantes, y entre los estudiantes. Si el fin es lograr un equipo de aprendizaje, es necesario que quien tiene el liderazgo formal en sus manos (el docente) pueda arribar a resultados que necesariamente involucran a un grupo de personas unidas circunstancialmente con un objetivo en común: todos juntos aprender y, gracias al aprendizaje logrado, atravesar el desafío planteado y, como consecuencia, pasar el año.

Nos gustaría detenernos en lo que sucede a diario en esa relación que se da mediante conversaciones que involucran el uso del lenguaje, un lenguaje que no solo es oral sino también gestual, corporal y emocional, que se evidencia en la interacción entre lo que decimos, lo que pensamos, lo que mostramos y lo que sentimos. Cada uno de nosotros, con nuestro propio bagaje lingüístico, corporal y emocional y nuestras recurrencias desencadenadas por las interacciones que tienen lugar en el aula, hace que trascendamos el plano individual e impactemos en el grupal.

Para ello, elegimos comenzar por las competencias llamadas lingüísticas, ya que “Los seres humanos son seres lingüísticos, seres que viven en el lenguaje” (Echeverría, R., 2011).

Somos seres lingüísticos, el lenguaje no es inocente y lo que sucede en el aula es una conversación continua. Desde el buen día, hasta plantear una consigna, definir un objetivo a lograr o dar un mensaje. Además, alimentar diálogos de profundidad con los estudiantes para saber qué les está pasando en sus vidas, cuáles son sus sueños y motivaciones, para qué están en el aula, les daría a los docentes la posibilidad de desarrollar procesos de enseñanza/aprendizaje memorables.

Con el fin de bucear en este concepto, haremos hincapié en una serie de actos lingüísticos que, por ser utilizados siempre, quizás sin darnos cuenta, son considerados básicos. Empezaremos por las llamadas afirmaciones, el mundo de los hechos, el llamado lenguaje descriptivo. Gracias a él, podemos reportar el mundo, las cosas que pasan, los hechos históricos, los datos de la realidad. Desde este punto de vista, no supone un lugar de conflicto ya que las cosas son lo que son y como son. En la vereda de enfrente está el lenguaje valorativo, dado por juicios, prejuicios, opiniones, creencias y pensamientos. Lo que cada uno cree o supone que deberían ser los hechos, lo que pensamos acerca de nosotros, de los vínculos que mantenemos con los otros, quienes suponemos que son los otros y que utilizamos de un modo tal vez exacerbado en nuestras relaciones, entre las que se encuentran las que se dan en el interior de un aula. En el lenguaje valorativo “las cosas no son como son sino como las vemos” (Echeverría, R, 2011) y aquí sí podemos decir que este tipo de lenguaje puede colaborar con la generación de conflictos, alimentar el bullying, envenenar las relaciones, propender a la exclusión o todo lo contrario… Ser conscientes de cómo usamos este acto del lenguaje puede ser generador y abrir posibilidades y oportunidades o todo lo contrario… Es importante tenerlo en cuenta cuando, por ejemplo, el docente, a través de sus juicios de valor con respecto a algún estudiante en particular (o los estudiantes en  general) abre o cierra posibilidades de aprendizaje y conocimiento que, tal vez, si se acercara a su mundo podría revisar sus propios juicios, comprenderlo más y no etiquetarlo. Consideramos que esta es una de las responsabilidades del docente que, como líder, implica sacar el foco de lo que él cree que el otro puede o no puede hacer para darse la posibilidad de conocer cuáles son las motivaciones del estudiante y así lograr mejores resultados. En este caso, una mejor experiencia áulica, mejores relaciones y también mejores aprendizajes. No podemos dejar de considerar los juicios que los estudiantes también tienen con respecto a la escuela, el docente, las autoridades y sus propios compañeros. La necesidad de que aprendan a entrar en el mundo del otro y sean capaces de revisar sus propios juicios puede ser una valiosa herramienta para contrarrestar un fenómeno en crecimiento en el espacio educativo que es el bullying. Basado en juicios de valor que no están fundados en ningún hecho, contribuye con la destrucción del ambiente escolar y afecta profundamente las vidas de quienes son víctimas de esos juicios desvalorizantes.

Ahora bien, nos centraremos en el tercer acto lingüístico llamado Generador porque “el lenguaje no solo nos permite hablar «sobre» las cosas: el lenguaje hace que sucedan cosas” (Echeverría. R., 2011). “El lenguaje, por lo tanto, no solo nos permite describir la realidad, el lenguaje crea realidades. La realidad no siempre precede al lenguaje, éste también precede a la realidad”. (Echeverría. R., 2011). Gracias a las que a simple vista podemos considerar simples palabras, las llamadas declaraciones -sí, no, gracias, reconocimiento, amor, perdón, aceptación- creamos nuevas realidades. Nos preguntamos cómo sería un aula en la que un docente pudiera reconocer aquello que hacen los alumnos, un docente proclive o no proclive al sí… Cómo sería un aula en la que un docente también enseñara el agradecimiento, la aceptación y que quienes la integran pudieran manifestarse el afecto profundo que los encuentra en ese momento reunidos en un espacio y un momento de la vida específico, que no es  igual a lo que fue ni a lo que vendrá. Este tipo de lenguaje colabora en la construcción de confianza, no solo desde los estudiantes hacia el docente sino también desde el docente hacia los estudiantes: cada vez que alguien dice sí al pedido de otro sella una promesa que necesita ser honrada. Dar consignas claras, saltear los espacios de obviedad, agradecer lo hecho por el otro alimenta la confianza mutua y refuerza las relaciones.

Debido a que todo esto pasa todo el tiempo, tiene un nivel de automaticidad tal que usamos el lenguaje en trasparencia, sin darnos cuenta de su poder en el abrir o cerrar posibilidades, y de la responsabilidad que esto implica para todos y cada uno de los involucrados. Aunque creemos que es el adulto quien debe incentivar su concientización. 

Ahora salimos de las palabras dichas para poner el foco en el cuerpo porque lo que no decimos con la palabra, lo decimos con los gestos, con las posturas, con una sonrisa o con el ceño fruncido, y es también un modo de traslucir lo que nos pasa. Observar lo que el otro nos muestra. Por ejemplo, un estudiante con la mirada perdida brinda la posibilidad de abordarlo desde un lugar de mayor apertura y aceptación para que pueda, a su vez, abrirse a lo que le está pasando a través del lenguaje verbal. Pero no podemos dejar de lado que el docente también envía mensajes a través de su corporalidad y gestualidad, y los estudiantes lo ven.

Para terminar, nos acercamos al mundo de las emociones. Ponerlas afuera o negar su existencia implica desconocernos como seres emocionales. Las emociones se disparan permanentemente, no solo por las circunstancias que aparecen sino también por el flujo de los pensamientos y los juicios con respecto  a nuestras posibilidades de enfrentar lo que nos pasa. Es importante en el ámbito educativo, porque no es lo mismo que los estudiantes estén motivados, entusiasmados, alegres, comprometidos a que no lo estén. La diferencia es sustancial. Lo mismo vale para el docente: su entusiasmo, compromiso y pasión por lo que hace marca la diferencia. Porque las emociones son grandes predisposiciones para la acción. Ni buenas ni malas, ni positivas ni negativas, al igual que las palabras y los gestos, nos abren o nos cierran posibilidades ante  las circunstancias de la vida: “los jóvenes se están volviendo más solitarios, deprimidos, enojados, insensatos, nerviosos, preocupados, impulsivos y agresivos” (Goleman. D, 1991) y “claros signos de ellos son las cifras crecientes de problemas juveniles como desesperanza, alienación, consumo de drogas, violencia, depresión, desórdenes alimentarios, embarazos no deseados y deserción escolar”. (Kofman. F, 2008)

Por todo esto, es fundamental que los adultos seamos lo suficientemente conscientes de la existencia de las emociones para enseñarlas y usarlas como aliadas, con el fin de que nuestros estudiantes también puedan reconocerlas, aprehenderlas y usarlas para beneficiarse de mejores relaciones con ellos mismos y con los otros, lo que redundará en una mejor convivencia social.

Consideramos que lo anteriormente expuesto es lo que nos pasa todos los días dentro del aula y fuera de ella. Sin darnos cuenta, podemos cerrarnos puertas como docentes en la relación con los estudiantes y viceversa y de consecuencia impactar en sus relaciones con sus compañeros, las autoridades y cualquiera de las personas con las que se vinculan. Creemos que estamos frente a la oportunidad de formar seres humanos mejores, más comprometidos, más solidarios, más agradecidos, más reconocidos y más aceptados. De esto también se trata la tarea docente y depende fundamentalmente del propio compromiso de ese docente, que tiene en sus manos no solo el saber académico para compartir sino también la capacidad de mostrar y demostrar cómo enriquecer la experiencia áulica y vital, generar mejores relaciones y mejores convivencias, basadas en el respeto y la cooperación.

Referencias bibliográficas

Echeverría, R. (2011). La ontología del lenguaje. Buenos Aires: Editorial Granica S.A.

Kofman, F. (2008). Metamanagement. Buenos Aires: Grito Sagrado de Fundación de Diseño Estratégico.

Goleman, D (1999). La inteligencia Emocional en la Empresa. Buenos Aires: Javier Vergara

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Abstract: Taking the ontology of language as an approach model, we will analyze the teacher-student-teacher relationship based on what happens daily in a classroom, in order to make aware the way of communicating and its implications, not only in the academic results but fundamentally in the lives of teachers, students and their relationships, both within and outside the educational environment. Human beings are linguistic, emotional and bodily beings. We believe that, to learn it to teach it, to apprehend it to get out of automaticity will allow a leap of quality in interpersonal relationships and in school performance.

Keywords: Language– emotion –communication – learning – teachers – student

Resumo: Tomando como modelo de abordagem a ontología da linguagem, analisaremos a relação professor-estudantes- professor a partir do que sucede a diário em uma sala de aula, com o fim de fazer conscientes o modo de comunicar e suasimplicações, não só em os resultados acadêmicos senão fundamentalmente nas vidas dos professores, dos estudantes e em suas relações, tanto dentro do âmbito educativo como fora dele. Os seres humanos somos seres linguísticos, emocionais e corporales. Consideramos que, o aprender para o ensinar, o aprender para sair da automaticidade permitirá dar um salto de qualidade nas relações interpersonales e no desempenho escoar.

Palavras Chave: Linguagem - emoção - comunicação - aprendizagem - professor - estudante

(*) Verónica A. Tallarico. Licenciada en Relaciones Públicas y Coach Ontológica profesional, con trayectoria en la Argentina e Italia


Enseñar para Aprehender a ser. Lenguaje, cuerpo y emoción para abrir nuevas y mejores posibilidades en la educación fue publicado de la página 241 a página243 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación. Nº XL

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