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Trabajos ganadores del Concurso Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación. Comunicación Oral y Escrita. Segundo Cuatrimestre 2018

Rubio, Ayelén

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación

ISSN: 1668-5229

Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Introducción a la Investigación. Proyectos Ganadores Segundo Cuatrimestre 2018 Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita. Proyectos Ganadores Segundo

Año XVI, Vol.85, Julio 2019, Buenos Aires, Argentina | 184 páginas

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La fábrica

(Primer premio)

Zubiria, Federica

 

Con el pie izquierdo

Nuestra rutina está compuesta por varios factores, colores, aromas, lugares específicos, objetos, etc.

Elementos que conforman nuestro campo visual, ya sea un trayecto largo o corto, como por ejemplo la ida y vuelta a casa desde el trabajo.

Un simple cambio en esta rutina hace que nuestros sentidos se despierten. Por más pequeño que sea, como caminar del lado de enfrente.

Es así como cerrando mis ojos puedo hacer todo el recorrido desde mi trabajo, ubicado en el centro de la ciudad de Azul, hasta mi casa.

En ese camino puedo decir los árboles que hay, dónde hay perros que se asoman para ladrar desde sus casas, el lado de la vereda en el que da el sol y aún más.

El trayecto lo hago en 20 minutos exacto, tal vez algunos más.

Los colores verde y rojo, provenientes del patio y de mi casa se hacen presentes. En seguida mi memoria auditiva hace sonar los tan característicos ladridos de mis perros, Repentino y Orión que se encuentran sentados esperando mi llegada.

Sin embargo, hay un lugar antes, que al verlo de lejos hace que los minutos de ese camino se hagan segundos. Es un punto de referencia, ya que da a la vereda vecina a mi hogar.

Una fábrica, con grandes paredones color gris y portones donde apenas se ve algún que otro movimiento. 

Antiguamente era una cervecería, se fabricaba cerveza y esta era envasada en botellas de cerámica. Mi abuela siempre nos cuenta que cuando era niña, su papá y abuelo juntaban esas botellas para hacer las galerías y entradas, de lo que hoy en día, es mi actual casa. Pasados los años, cambiaron de dueño y se trasformó en un frigorífico, donde también, realizan comida balanceada para animales.

Me gustaría decir que ya no lo hacen más, o simplemente que nunca lo hubieran hecho.  También pienso en que lo mejor hubiera sido no haberme enterado de ello.

Porque toda mi perspectiva, realidad, y sentidos cambiaron ese día que cambié mi rutina.  El camino que describí antes varió dos cuadras antes. Decidí realizarlo así para alterar de alguna manera mis sentidos, esa mañana no me había ido bien en el trabajo y por lo tanto, necesitaba otro tipo de aire.

Cómo iba a saber que esta pequeña decisión iba a trascender en mi vida, que lo iba a modificar todo.

Fue así que pasé por otro lado de la fábrica y pude percibir que uno de los portones había quedado abierto. Me acuerdo que me acerqué con el mayor esfuerzo para no hacer ruido, pero lo que vi no era nada fuera de lo normal. Había cargamentos de productos, trabajadores con trajes blancos y apenas se oían ladridos de perros, en ese momento sólo pensé: deben estar para probar los alimentos producidos.

Al llegar a casa, miré a mis mascotas, las acaricié y enseguida me topé con la bolsa de residuos esparcida por el patio, totalmente desarmada, obviamente mis queridos animales se habían entretenido haciéndolo.

Con los labios apretados, renegando por dentro porque no podía decir nada, era mi culpa, levanté basura por basura.

Recuerdo que entré a casa y en seguida olí un aroma proveniente de la fábrica, del cual ya me había acostumbrado desde chica, pero esta vez más fuerte. Pensé en los pobres animales encerrados en ese lugar.

Esa noche no me podía dormir, el motor de la fábrica sonaba cada vez más, haciendo imposible hasta contar ovejas. Consolidé el sueño una vez que realicé la técnica que me enseñó un compañero de trabajo, sólo había que pensar en lo que había hecho ese día.

Me convencí a mí misma, que todos tienen un mal día y que, aunque sea zurda, levantarme con el pie izquierdo me afecta como a todos.

La curiosidad aún no mató a nadie

Pasó el tiempo, no recuerdo si una semana o dos de aquel vistazo a aquella infraestructura.

Seguí con mi vida, sin darle importancia, aunque ahora que pienso parte de mi mente se mantuvo allí.

Lo que más observé del lugar era que cada vez eran más frecuentes los camiones que entraban, cuestioné ese hecho, pero no se movió un pelo, me recordé a mi vecina, la chusma del barrio y no me lo permití. Abandoné todo pensamiento.

Una madrugada, cuando llegaba de salir con mis amigos al boliche, me di cuenta que ingresaban personas al edificio. Pero estas personas no vestían como obreros o guardias del lugar, algunos lucían trajes, otros batas de científicos. No parecían empresarios dueños del lugar, eran varios y los otros no eran simples químicos, además cuestioné el horario.

Tenía un par de tragos de más, pero no la cantidad suficiente como para que me nuble el juicio. Esa noche, nuevamente, el motor de la fábrica comenzó a sonar en su máxima potencia, y mi cabeza percibía los Hertz con más sensibilidad. El resto de la noche imagínensela ustedes.

Al día siguiente, me desperté y después de tomar varios antis resaca, me dediqué a buscar todo tipo de noticias sobre el ruido que impedían mis horas somníferas, pero nada. Miré para la ventana unos segundos y vi a mis perros, decidí sacarlos a pasear. El tema me había capturado suficiente por ese día.

Más tarde con correas en mano, pasé a buscar a Colegia, mi amiga de la infancia, de esas que siempre están, con solo pasar el rato con ella, cambia todo. Si solo pudiera compartirle lo que me hace un nudo en la garganta, que por más que haga fuerza no se desata.

Dimos un largo paseo, y lo más importante reímos. En ningún momento recordé a los señores elegantes de la noche anterior.

Cuando regresaba a casa, Orión comenzó a ladrar, tiró con todas sus fuerzas de la correa hasta que no pude más y la solté. Corrió hacia uno de los famosos portones, y para mi sorpresa… ingresó.

Con Colegia nos miramos y ninguna dijo una palabra, corrimos para buscar al perro entrometido, pero antes de llegar, salió moviendo su cola. Suspiramos, pero tal suspiro cesó cuando vimos que, en su boca, llevaba algo. Con mis manos les separé los dientes y se lo saqué.  No era el supuesto alimento fabricado, era un frasco con un líquido adentro y en la tapa estaban las iniciales, ADN.

En ese segundo miré a mi amiga, y le aseguré que algo estaba pasando.

Pasaron las horas, me despedí de mi cómplice y me convencí que por algo había pasado todo.

Debía comenzar a investigar.

Me contacté nuevamente con Colegia, me dio el ok, juntas íbamos a saber qué pasaba dentro de esas paredes.

Nos organizamos horarios, lugar, modo, y así comenzamos a observar detalladamente todos los movimientos de mi famosa vecina, la fábrica. Eso equivalió a más paseos con las mascotas, más vueltas manzanas y quedarse despiertas en horas de la madrugada. Claro que esto último fue sencillo debido a los ruidos del sospechoso.

El tiempo que pasó no fue suficiente, la información que recolectamos era nula, no valía.

Sólo poseíamos una agenda con horarios sobre cualquier actividad, pero eso no revelaba nada, y como consecuencia de eso, mis ojos presentaban debajo de ellos, gran color violeta, las ojeras habían aparecido para quedarse.

Comencé a preguntar a la gente más cercana sobre el conocimiento que poseían sobre dicha infraestructura, pero todos sabían lo mismo, producción de alimentos balanceados.

Mi mente transformó al tema en la nada misma, estaba negada tanto yo, como mi compañera.

La investigación pasó a ser de la totalidad de nuestras horas libres, a un tercio de estas, y nuestras sospechas se dirigieron al rumbo de la contaminación ambiental o maltrato animal. De todas maneras, no podíamos hacer nada, me planté.

La investigación fulminó su curso, pero era algo más que me hacía dar vueltas en la cama, hasta dormirme.

 

Rogelio

En la realidad anterior en la que vivía, aquella dónde realizaba mi rutina diaria, tuve un único y verdadero amor, Rogelio.

Con él habíamos planeado un futuro juntos, pese a la diferencia de edad que poseíamos. Él ya más grande me hizo pasar uno de los veranos más lindos de mi vida, y esos recuerdos son los que elijo quedarme, si bien dejamos de tener una relación por la edad que me llevaba, marcó fuertemente la persona que hoy en día soy, y no por una buena causa.

Cómo todo ex, apareció cuando no lo busqué. Ese momento me quedó grabado y lo rebobino una y otra vez como si fuera un casete, de esos en los que se escuchaba música antes.  Analizo cada momento, cada palabra, para que algún día, pueda entender lo que sucedió.

Rogelio me tomó del hombro, por detrás en el segundo que busqué a mi perro dentro del lugar antes investigado. Ese fue mi objetivo desde un principio, entrar.

El hecho de que había dejado la investigación, hizo que más intriga me dé. Mi curiosidad tenía pocos límites.  Por eso, saqué a caminar a otro de mis perros.

Cuando llegué al famoso portón lo abrí con fuerza, liberé a Repen y dejé que entrara.

Lo seguí, y comencé a introducirme en la arquitectura de ese edificio, no reaccioné hasta después de ponerle nuevamente la correa, cuando me incorporé y me di cuenta a dónde había llegado mi inquietud.

Mis ojos no dejaron de moverse de un lado a otro, quería capturarlo todo. Además de poder ver los espacios de adentro del lugar, donde perros encerrados ladraban, vi fotos de seres humanos junto con la de otros animales, frascos con las mismas iniciales y de otros tipos también.

Llegué a una especie de oficina, donde múltiples muebles con cajones ocupaban todo el espacio, sentí como alguien se acercaba silbando, cerré los ojos, y pensé que sea lo que Dios quiera.

Lo siguiente que escuché fueron las palabras de Rogelio, provenientes de detrás de mi espalda. Mencionó su nuevo trabajo en esa fábrica al ver mi cara de sorprendida, y luego me guio hasta una puerta donde me esperaba Repen.

Mi vista no se despegó en toda la noche de la vereda de en frente.

 

El pequeño gran sabio

Mi imaginación por varios días alcanzó grandes niveles. Relacionaba una y otra vez el encuentro con mi antiguo novio, las imágenes, los animales y sobre todo analicé una y otra vez ese lugar, del cual yo tenía recuerdos. Serían de mi niñez porque eran borrosos, alguna que otra visita con mis familiares.

Debido a la concentración, las horas sin parar de pensar, y la falta de sueño sufrí muchas migrañas que impedían pensar o actuar con lucidez. Pero frente a este caso tenía que actuar rápido.

Le conté todo a Colegia, incluso las migrañas y con gran certeza me dijo que tenía que acudir a alguien, ese alguien lo tuve en cuenta varias veces, pero debido a mi orgullo no lo había hecho partícipe dela investigación.

Esa persona, grande en conocimientos, pero sin una barba larga y blanca, joven de edad, reconocido como uno de los más grandes científicos del mundo, era nada más y nada menos que mi hermano menor, Hilario.

Estaba negada, pero lo tenía que hacer, así que una vez, juntado el valor suficiente y dejando el orgullo de lado, me dirigí hacia su encuentro.

Hilario si bien es reconocido mundialmente, posee un perfil bajo y después de viajar por el mundo, se asentó en su ciudad natal. Es la primera persona a quien grandes investigadores acuden. Y como una persona que poseía su investigación recorriendo por sus venas, no tuve más remedio que pedirle ayuda.

Le expliqué cada mínimo detalle, mis descubrimientos, mis pensamientos… todo. Mi cuerpo y mente habían sido expuestos frente a él, como un libro de acertijos abierto, queriendo ser descifrado.

Me miró y levantando una ceja, dijo una palabra: mutación.

Ahí mi cerebro empezó a recorrer como una aguja de brújula descompuesta, a querer relacionar lo que el gran sabio acababa de decir.

Sirvió café y reconoció que iba a hacer una noche larga, de arduo trabajo y con mucha explicación.

Lo siguiente que recuerdo después de una noche de ver todo un pizarrón escrito hasta en el más pequeño lugar de una esquina, es abrir mis ojos y encandilarme con la luz del sol. Ya era de día.

Mi pequeño e inteligente hermano seguía hablando y explicando, hasta que con un grito me dijo que tenía que regresar al lugar.

Después de darle las gracias, comenzaron las típicas peleas fraternales, acto siguiente, me despedí con un portazo.

 

Un plan poco profesional

Con la sensación de estar en una película de espionaje o en esas donde se planea el asalto a un gran banco, llené toda una mesa de papeles, bollos de ideas frustradas, cronogramas de horarios de entradas y salidas, planos que conseguí de la hemeroteca, en diarios cuyos artículos hablaban de la apertura de una industria de cerveza.

El plan para ingresar debía ser perfecto, cada detalle pensado más de una vez y sobre todo el primer componente era la valentía.

Varios días llevó finalizarlo, y gracias a mis seres queridos, Hilario y Colegia. Porque a pasear que por su ayuda fue que a mis manos llegó tal contenido grabado en papel, nunca voy a dejar de agradecer que estuvieron, están y sé que estarán ahí, cuando los necesite.

Que el momento en que mis cuerdas vocales cobren la impotencia necesaria para expresar lo que tanto mi ser anhela, no voy a dudar en alzar nuevamente mi voz, hacia ellos.

El ingenio de los tres culminó en una idea capaz de desarrollarse, de poder realizar lo que me aconsejó mi hermano. Ingresar a la infraestructura de en frente.

Con copia en mano del plan, nos dividimos las tareas y esa noche se realizó.

Colegia era la encargada de observar las entradas del lugar, mi hermano, en cambio, tenía la ardua tarea de distraer a Rogelio, a quien más temprano, lo había llamado con la excusa de que tenía datos geofísicos para su trabajo.

Recuerdo que respiré hondo tres veces, y realicé todos los ejercicios de meditación que sabía.

El grupo de personas que había visto en la madrugada la otra vez, estaban saliendo, así que me apresuré, y sin que nadie se diera cuenta, atravesé las puertas y me escondí detrás del primer contenedor que vi.

Todas las luces se apagaron, era la hora de cierre. De mi bolsillo saqué una linterna, que una vez finalizada la jornada laboral, prendí. Todo iba de acuerdo al plan.

Revisé las demás salas, los laboratorios e incluso las maquinarias, no tenía el mismo conocimiento que mi pariente tan allegado, pero estaba dispuesta a arriesgarlo todo.

De repente mi mente comenzó a traerme imágenes, provenientes de recuerdos, que hacían que todo dentro de esos cuatro paredones, sea familiar.

Escuché pasos, mi corazón comenzó a latir rápido. Miré la oficina que tanto me capturó la vez anterior, y entré. Supuse que nadie iba a dirigirse hacia ahí. Pero me equivoqué.

El sonido de aquella voz, la reconozco en cualquier parte, era Rogelio, el plan no había salido después de tanto replanteo.

Supliqué que esa llamada que lo tenía tan ocupado y distraído no terminara nunca. Sin embargo, más dudas me generaba el hecho de que mi hermano no había realizado su parte.

Apagué la linterna para ser más cautelosa, y justo cuando ya iba a salir rendida pude escuchar detalladamente la conversación telefónica.

Cuando comprendí que Hilario era quien se comunicaba con él, mi cuerpo se liberó expresando todo lo vivido, con un largo suspiro. Mi respiración cobró el mismo ritmo de siempre. El plan seguía en marcha.

La conversación cada vez se oía menos, era mi oportunidad para seguir, la distracción del enemigo estaba en marcha y yo no podía titubear.

Coloqué la linterna prendida en mi boca, para poder revisar mejor, y después de ver varios expedientes, seleccionar algunos, hacer lectura rápida en otros, terminé mi búsqueda.

Todos esos documentos registraban los cambios a través del tiempo, de animales, cuya nutrición se basaba en producciones de alimentos altamente modificados.

Metí todo en mi mochila y mi mano agarró el picaporte, para así retirarme con éxito del lugar.

Todo iba bien, hasta que di un último vistazo al escritorio que se encontraba entre los demás muebles, encima de él una carpeta con señalizaciones, y de color azul. Era distinta a las demás, y la quería en mi poder.

 

La verdad… ¿será deseada?

Cuando miro a las personas más cercanas a mí, lo que más me entristece es saber que ya nada es como antes.

El secreto de la fábrica, me lo callé hasta el día de hoy, día en que cuento a través de poderosas oraciones aquello que me hace cuestionar toda mi vida.

Pienso en Hilario, Colegia, personas que estuvieron dispuestas a investigar conmigo, y que pusieron tanto empeño en hacerlo. Pero no puedo, temo que ya no me miren como siempre, sino como alguien desconocido.

Todo lo que me pasa es por haber estado en ese momento ahí, por descubrirlo todo, tener hasta la mejor de las pruebas y a la vez, la mayor inseguridad.

Nuevamente se me vienen las imágenes del recorrido, hacia mi hogar, que describí al inicio de mi relato. Colores, aromas, hasta el sentir de mis manos tocando las hojas de los árboles al pasar. Pero todo se fragmenta y pierde su esencia.

En ese cuarto, con los papeles ya garrados, fue cuando mis manos comenzaron a temblar, mis ojos se llenaron de lágrimas y me inundó un vacío existencial.

Escrito en cada página se detallaba el experimento más grande de una investigación. Un animal había sido alimentado años atrás con una antigua fórmula que había dejado de realizarse por el resultado final. Seguido de eso se detalló el desarrollo de una inteligencia humana en esa criatura. Se describía a su principal químico, quien todo el tiempo figuraba como un enamorado de su creación.

Mis ojos no podían dejar de leer.

Espero que al relatar esto, me motive a seguir adelante, porque la última hoja revelaba la identidad del fenómeno, mi identidad.

 

 

Nada es lo que parece

(Segundo premio)

Colman, Estefania Belén

 

Era hace una vez…

Todo comienza un 20 de Abril de 1948, en la ciudad de Transilvania, allí vivía una joven llamada Nelly Kazaku de tan solo 13 años, ella vivía con sus padres Nicoleta Florescu y Artur Kazaku. La dulce Nelly, poseía una belleza única, era de tez muy blanca, de cabello rubio oro y ojos celestes cielo, por todas estas cosas era la joven más hermosa de todo su pueblo, y así, muy codiciada por todos los muchachos solteros del lugar, en las mentes de algunos tenían la idea de algún día desposarla, aunque ella únicamente soñaba con salir de ese pequeño pueblo, para descubrir el mundo.

Una tarde de primavera, Nelly caminaba por su pueblo, admirando la naturaleza que se encontraba en su alrededor, muy atenta escuchaba el silbar de los pájaros, en su mente, se preguntaba qué había más allá de su pueblo, es por eso que, mientras seguía su camino, imaginaba algún día dejar atrás todo y recorrer el mundo, es así que comienza ese gran sueño.

Al volver a su casa Nelly se encuentra con sus padres, ellos, con una felicidad expresada en sus rostros, le comentan que tienen una gran noticia que va a cambiar su vida, automáticamente su rostro se ilumina, ella cree que su gran sueño estaba a punto de convertirse en realidad. Sus padres le dicen que tome asiento, que le van a contar de qué se trata la noticia, “hija ahora sí, vas a ser feliz”-dice su madre. Ella rápidamente pregunta que era eso tan importante que estaba por ocurrir para cambiar su vida radicalmente, a lo que sus padres le comentan que le consiguieron un esposo y que en un mes se van a casar, que el muchacho provenía de una gran familia poderosa del pueblo. Nelly no podía creer lo que estaba escuchando, ella dice a sus padres que cómo iba a ser eso posible, ya que ella tenía otros planes para su vida. Sus padres le dicen a Nelly que no importaba lo que ella quería, sino que la familia en este momento lo necesitaba, ya que sus padres se encontraban muy enfermos, y esto hacía que posean muchas deudas, y que estaban a punto de perder su casa; y que con esta noticia ella podía ayudarlos. Nelly le dice que sí los ayudará, así que acepta conocer aquel muchacho que iba a desposarla.

Llegó el día, el momento justo para conocer a quien iba a vivir con ella el resto de su vida. Tocan a la puerta, ella entra en pánico, sus padres responden con rapidez, se escucha “Bienvenidos a nuestro humilde hogar…”, los padres del novio entrar a la casa. Nelly estaba a punto de huir de esa situación, pero justo su madre la encuentra, “Vamos hija, llegó la hora”. Entran a la habitación en la que se encontraba su padre y la familia del futuro esposo, las caras eran raras, la situación era tensa, había un silencio profundo; nadie decía nada. Se sirve el té, solo se escuchaba el sonido de las cucharas mientras se revolvían las tazas. La madre de Nelly para salir de tanta incomodidad comenta lo bello que se encontraba la tarde, y rápidamente comienza la charla y acto seguido empiezan a planificar la boda.

Por la noche, de ese mismo día, antes que los padres del novio se retiraran de la propiedad, arriba Manuel, el futuro esposo de Nelly, este había llegado más tarde, ya que tuvo que realizar un pendiente que sus padres le había encargado.

Llegó el momento en que los novios se conocieran, así que ambas familias presentan a sus respectivos hijos, Nelly intentó ser lo más amable posible, aunque sabía que no era lo que ella esperaba con tan corta edad. Manuel, al instante en que la vio se impactó al ver tanta belleza en una persona. Después de este encuentro cada familia termina de programar el casamiento. Es así que poco tiempo después la Gran Boda se concreta.

 

Recuerdos

Era una tarde lluviosa, Nelly se encontraba sola en su nueva habitación, en ese momento solo venían a su mente pequeños fragmentos de recuerdos de su niñez. Ella trae a su conciencia varias secuencias de una noche en donde se encontraba leyendo su libro favorito junto a su padre, cuando se escucha que golpean la puerta, su padre acude a abrirla, y detrás de ella Nelly podía apenas ver a unos hombres muy extraños que apenas emitieron sonido, le entregaron una carta a Artur, y de inmediato se retiraron. Aquel episodio jamás se borró de la memoria de Nelly, así que decide ir hablar con su padre para saber exactamente qué decía aquella carta. A la mañana siguiente va en busca de su padre, al encontrarlo, comienza a preguntar sobre aquella noche. Su padre comenta que no podía hablar bajo ninguna circunstancia sobre lo que había en esa carta, y le prohibió a Nelly que volviera a comentar algo sobre aquella noche. Claramente no era lo que ella esperaba escuchar, fue así que busca a su madre para indagar más sobre el tema. Nicoleta, se encontraba lavando la ropa en el patio, mientras disfrutaba de la maravillosa mañana. Allí la encuentra Nelly y comienza con su interrogatorio, preguntando sobre aquellas personas que fueron a ver a su padre. Su madre se pone nerviosa y acto seguido se le caen las sábanas que tenía en sus manos. Le dice a Nelly que no eran nadie importante solo unos viajeros nocturnos pidiendo ayuda, y dice que se olvide de eso, cambia rápidamente de tema y pregunta si quería quedarse a almorzar con ellos.

Nelly no quedó sorprendida por todo lo que había pasado con sus padres, así que decide seguir indagando más sobre aquellas personas, pero lo que le llamaba más su atención era el contenido de aquella carta, se preguntaba en dónde se encontraba y qué fue lo que hizo que sus padres no contaran la verdad sobre los “viajeros nocturnos” – según su madre -. Ella necesitaba saber la verdad, algo muy importante están ocultando sus padres, esto tenía que salir a la luz en algún momento, y Nelly no iba a parar hasta conseguirlo.

 

Lo negado, ¿no existe?

Fue aquella noche en donde todo salió a la luz, la verdad que ella tanto anhelaba saber se encontraba en sus manos, sentía pánico porque de alguna manera ella presentía que a partir de ese momento todo en su mundo iba a cambiar, es ahí en aquella habitación, su lugar favorito, su amada biblioteca, en donde solo se encontraba rodeada de tanto libros viejos. Decide abrir aquella carta, en ella se podía leer un acta de nacimiento, su acta de nacimiento, pero los nombres de sus padres no figuraban allí, sino que había un gran espacio en blanco.

La negación de su vida invadió su cuerpo, jamás pensó que aquellas personas que la criaron, podrían no ser sus padres. Lo único que ella quería era escapar de aquella realidad en donde se encontraba, así que sin pensar decide comenzar a viajar de ciudad en ciudad, sin que nadie sepa de ella, desparecer por un tiempo, sin pensar en nadie, solo en ella misma. Tal vez en algún momento iba a poder despertar de ese mal sueño, en el que se encontraba.

Después de tanto viajar, llega a un pequeño pueblo y decide quedarse allí unos días. Caminando por sus calles, buscando un lugar en donde pasar la noche, reconoce a lo lejos un lugar, al cual su memoria trae de sus recuerdos, ella siente que estuvo allí en algún momento de su vida. Fue en ese instante que vagos recuerdos de cuando era muy pequeña vienen a su cabeza, y allí parada en la puerta de aquella casa vieja, descuidada, pudo escuchar un sonido que la trasladó de inmediato a la noche de los “viajeros nocturnos”. Entró en pánico, quiso correr de ese lugar, pero parte de ella quería saber quiénes eran esas personas, así que decidió enfrentar ese momento, no iba a permitir que eso la atormentara toda su vida. Golpea la puerta, y al tocarla se abre, detrás de ella se podía ver un pasillo muy largo con una puerta verde, así que comienza a caminar, con mucho miedo encima, camina lento y en silencio, y es así que llega a esa puerta. Vuelve a golpear y de inmediato se escucha una voz muy ronca que contesta, ¿Quién es?, y Nelly contesta que era una vieja amiga. De inmediato abren la puerta y aparece un hombre muy extraño, que al verla se asombra. Es así cuando comienza la verdadera historia. Todo cambiaria en un instante, su vida dejaría de ser aquella que siempre tuvo y soñó tener, porque viviría una realidad totalmente inesperada, sus sueños y anhelos comenzarían a esfumarse en un abrir y cerrar de ojos. Aquel hombre sabía la verdad, ella era un gran cabo suelto que intentaron ocultar, pero los planes fallaron cuando Nelly decide huir de sus padres; así que rápidamente la agarra de un brazo y la mete inmediatamente a esa casa, y allí comienza el calvario para Nelly. Aquel hombre no iba a permitir que la verdad se supiera por nada en el mundo.

 

La verdad en un Maletín

Gregory era un agente en cubierto de la CIA, encargado del caso de la muchacha desaparecida, es decir, de Nelly, ¿ese era su nombre real? No lo creo, ya que este agente, estaba cada vez más cerca de descubrir el porqué de la desaparición.

El agente mientras recorría los lugares en donde se creía que tenían a la muchacha, encuentra en un sótano, de una casa abandonada en la ciudad de Moldova, Rumania, un maletín. En él encontraría pistas para resolver el caso de la joven desaparecida.

Aquel maletín tenía en su interior fotos, papeles, una cinta de hospital con dos nombres y un collar con iniciales y una fecha. Gregory comienza a conectar las pistas que tenía hasta el momento junto con las nuevas que había encontrado, aquel maletín se tornó clave para la investigación. Es así que el caso de la muchacha desaparecida comienza a resolverse de a poco.

Gregory comienza con la pistas, aquellas fotos eran de una pareja joven con una pequeña en sus brazos, detrás de una foto había escrito una fecha; la cinta de hospital se creía que pertenecía a la mujer de esa foto, se podía leer apenas “Dulce Masha”, y aquel collar se podía observar en una de la fotos, lo tenía en su cuello la mujer. Es así que Gregory cree que esa chica desaparecida, había sido robada de sus padres, y que la había secuestrado porque era un cabo suelto de una operación que había salido mal.

Los meses, horas y días pasaban por lo que Gregory debía apresurarse a encontrar a la muchacha ya que estaba en riesgo su vida, él sabía que estaba muy cerca de encontrarla. Así que envía un comunicado a todas las agencias de investigación, para que comiencen con la búsqueda masiva. Había que actuar con cautela, ya que un paso en falso podría llevar a la muerte a la joven.

Cada día comienza a ser clave en la búsqueda, Gregory no va a parar hasta encontrar con vida a Masha, ya que ese era el verdadero nombre de la muchacha desaparecida.

 

Encrucijada

Los días pasan, Nelly sigue en esa pequeña habitación, sin fuerzas, sin ganas de seguir, ella cree que nadie va a ir a rescatarla, sus esperanzas se pierden, pero aun así una pequeña parte de ella cree que su héroe va en su búsqueda.

Masha comienza a dejarse morir, ya no come ni bebe porque ve que no hay a dónde escapar.

El secuestrador, que la retuvo por meses, estaba asustado porque había visto varias fotos de Nelly por las calles, y sabía que tarde o temprano la iba a encontrar, así que los planes tenían que cambiar. Había que sacar a la joven de aquella casa, pero teniendo mucho cuidado, ya que al primer error todos podían enterarse que se encontraba allí. En la madrugada se lleva a cabo el nuevo plan de cambiar a Nelly de esa casa, así que el secuestrador irrumpe en la habitación, la saca arrastras y la mete en una camioneta, salen con tanta rapidez que uno de los vecinos llega a escuchar unos golpes dentro de esa vieja camioneta. El vecino rápidamente recuerda que estaban en búsqueda de una joven, así que llama a la policía para avisar de esa situación, es así que llega Gregory al lugar, pero ya era demasiado tarde, se la habían llevado. Al parecer iba a sacarla del país, porque se podía ver que habían llevado algo de ropa, y habían hechos pasaportes nuevos.

Gregory sabía que tenía que pensar con rapidez porque que si llegaban a sacarla del país, jamás volverían a verla con vida, pone alerta a todos los aeropuertos del lugar.

Nelly tiene los ojos y la boca tapada, las manos atadas, ella sabe que no va a salir de esa situación con vida, aquel hombre no la iba a dejar ir. Ya sin esperanza alguna, comienza a recordar momentos de su niñez donde sintió amor y felicidad, recuerda que ella soñaba en conocer el mundo, así que piensa en esos lugares como si hubiese estado ahí.

 

El gran final

El agente Gregory estaba a punto de encontrarla, escuchó que un patrullero había visto una camioneta como había descripto el vecino, así que salió con rapidez al rescate de la joven.

Nelly estaba desanimada, se encontraba sola. Su vida estaba a punto de terminar, ella presentía que cuando llegaran a destino, y esa camioneta parara, su vida terminaría.

El secuestrador escucha a lo lejos el sonido de una patrulla, así que al ver que ya estaban a punto de capturarlos, decide acelerar su camioneta, el patrullero comienza con la persecución. Esquivan autos y camiones, en medio de una autopista, a lo lejos se ve un cartel que decía “salida Lago Snagov”, así que acelera con mayor rapidez la camioneta. El secuestrador había decidido que iban a entrar al lago, así no lo capturarían. Gregory estaba a minutos de ventaja del lugar, así que llega antes, junto a varios móviles policiales, no iba a permitir que Nelly muriera.

Ya con todo el perímetro rodeado, el agente espera el arribo de la camioneta, a lo lejos logra visualizarla. El secuestrador intenta maniobrar para esquivar a las patrullas, la camioneta se patina y sale volando, y cae boca abajo, el secuestrador muere instantáneamente, y Nelly estaba desangrándose, su vida estaba en peligro, se estaba muriendo, los paramédicos intentan reanimarla, rápidamente la sacan y la meten en la ambulancia, mientras la asisten, entra en paro, la reaniman, pero aun esta en peligro, ya que perdió mucha sangre. Al llegar al hospital, la ingresan de inmediato al quirófano, los médicos hacen todo lo posible para salvarla. Los médicos hicieron todo lo que estuvo a su alcance, pero aún estaba en peligro, solo un milagro podría sacarla de aquel coma.

Nelly estaba soñando que se encontraba con su príncipe azul, él le pedía que no lo dejara, que todavía tenía mucho que vivir, pero solo podía escuchar su voz, no llegaba a verlo. Es así que se despierta, los médicos no lo pueden creer. Nelly era un milagro.

El agente Gregory, se entera que Nelly ya estaba fuera de peligro, así que va a visitarla. Golpea la puerta de la habitación, y pide permiso, ella dice “pase”, en su mente reconoce esa voz… en ese instante al verlo, siente que es él su príncipe azul de aquel sueño. Su gran héroe, ese que había esperado por su rescate.

El agente comienza a comunicarle a Nelly su verdadera historia, que su verdadero nombre era Masha, le muestra las fotos de sus padres bilógicos, los cuales fueron asesinados cuando ella era bebé, y que uno de los asesinos, al verla tan indefensa, no tuvo el valor de matarla, así que decidió llevarla a su casa y criarla como su hija. Pero cuando Nelly descubrió la verdad, puso en riesgo su vida, ya que otro de los asesinos al encontrarla, quiso terminar aquello que no había sucedido, que era matarla.

Una vez ya enterada de que su vida había sido una farsa, decidió empezar de nuevo, cambió su nombre  a Masha, y quiso comenzar a concretar su sueño, que era viajar por el mundo y ser feliz.

 

 

 

Del norte al sur

(Primer premio)

Lobos, Sofia

 

De vuelta en casa

En una iglesia en Pljeveja, Montenegro, 1941, se encuentran alrededor de cinco soldados alpinos agarrados de una viga en la estructura del techo, esperando que no los descubran. Ya pasaron diez horas desde que se colgaron de las maderas y ya cayó la noche pero siguen sin chances de escapar.

Pasa un día, uno de ellos piensa que ya era seguro huir y empieza a bajar de su puesto, antes de que pueda saltar uno de sus compañeros lo agarra por el cuello del uniforme y le señala algo en la pared, sombras pero no cualquier sombras, son las de sus enemigos, y son muchas. El soldado entiende lo que su colega está tratando de decirle, “si te descubren nos matan a todos”, ambos se vuelven a sus lugares y siguen quedando callados. Pasa otro día, al anochecer uno de ellos nota que no hay luces fuera del edificio, lo que significa que aunque el enemigo se encuentre afuera, serán difíciles de ver. Es el momento justo, no pueden pasar mucho más tiempo allí sin nada agarrados de la estructura. Todos se dejan caer hacia el suelo y empiezan a correr. Ya cuando se encontraban a unos metros de la iglesia, un partisano los ve y comienza a gritar y disparar, pero logran dispersarse y camuflarse hasta llegar a su base.

Es en ese momento que Adriano se despierta. Hace no mucho volvió a su hogar en Génova, Italia. Después de haber recibido una herida no letal en la batalla, lo trasladaron de vuelta a su país y por ahora no lo han vuelto a solicitar. Se levantó y se preparó para su más reciente trabajo como cotero; desde que volvió le ha sido difícil encontrar un trabajo estable, así que hace lo que le ofrezcan. Al salir del departamento en el que vive solo con sus padres, va hacia la piazza de Ferrari donde se encuentra con su amigo Darío, con el que trabaja y que lo lleva hacia donde los necesiten.

-Buongiorno Adriano ¿Cómo están tus padres?- lo saludó Darío.

-Buongiorno. Bien, mamá últimamente está mucho en la casa de Georgina ayudándola con el bebé ¿Y tú?- le preguntó mientras se subían al choche y cerraban las puertas.

- Mi hermana sigue insistiendo en que la ayude a ella y al marido con la mudanza, pero no tengo tiempo, entre este trabajo y el de la ferretería; y además no quiero ayudar al carbón de su marido- dijo mientras se empezaba a enojar

- ¿No te parece darle una mano? Es tu hermana. Si quieres yo puedo cubrirte en la ferretería y la ayudas con su mudanza- le propuso Adriano muy tranquilo.

- Hablando de dar una mano… mi tía conoce a una familia que busca salir del país… ¿No sabes si hay alguien que pueda sacarlos?- le dijo en voz baja.

-… Conozco a alguien que puede llevarlos a España, ahí vive mi hermana Rita, ella refugia a gente durante un tiempo… Mándalos hacia mi casa el martes y el viernes se dirigen hacia allí- le respondió.

Darío asiente y prende la radio, en eso empiezan a escuchar un discurso del partido fascista. Apenas empieza a sonar, Darío decide apagar la radio y siguen el resto del trayecto hablando.

Una vez que llegan, Darío le pregunta:

- Ah, por cierto, ¿cómo van los preparativos para la boda?-

- Bien, sí, Adriana ya consiguió el tapado y la luna de miel va a ser en Cortina d’Ampezzo- respondió.

- Ahh, ¿y cuándo es la fecha?- volvió a preguntar Darío.

- Dentro de cuatro semanas-

- Wow, ya se acerca la fecha, felicitaciones-

Adriano sonríe y le agradece.

 

En 1944 Adriano Giuseppe Mario y Adriana Giuseppina María se casan y ya para 1947 están esperando su primer hijo.

Un día Adriano vuelve a su casa después de ir alrededor del barrio preguntándoles a sus conocidos si sabían de alguien que pudiera necesitar a un “geómetra”, pero sin suerte vuelve a su casa donde lo recibe Adriana.

- ¿Ya de vuelta?... ¿Y? ¿Alguna suerte?- dice mientras corta la comida.

- No, y además le pregunté a Luca si sabía de algún trabajo así, que pudiera hacer, y me dijo algunos pero por ahora, nada estable- le responde mientras se quita los zapatos.

- Qué lástima...Bueno hoy pasé por la casa de postal, llegó una carta de tu hermano desde América-

- Gracias, ahora la leo-

Adriano empieza a leer la carta de su hermano. Allí le escribía un poco de las novedades de su familia, su estadía en Santiago, que las cosas por allá iban bastante bien. Él decide escribirle de vuelta a su hermano su situación, Italia no estaba muy bien desde el fin de la guerra y aunque no tenían problemas, le costaba encontrar trabajos de construcción en Génova.

Dos meses más tarde Gustavo le responde:

“…y con el estado de las cosas en Italia se me ocurrió, ¿Por qué no te vienes a Santiago? Después de la guerra mucha gente está viniendo aquí así que se necesitan nuevos edificios, colegios, etc. y hay mucho trabajo para construcción…”

Al leer esa oración Adriano ve que su hermano tenía razón. Si en América había más trabajo, deberían irse allí para poder vivir una vida más estable. Le propone esta idea a Adriana quien estaba cuidando de Pablo, su hijo, y ella le dice:

-¿América?... ¿Pero qué hay de mis papás? Yo necesito a mi mamá para que me ayude con el Pablo, quiero tener a mi mamá cerca ¿Y mi hermana? Es mi familia, no puedo dejarla acá en el estado del país, sola, cuidando de nuestros padres- le dice un poco preocupada.

- Lo entiendo, pero tienes que pensar, hay más oportunidades allá y así podríamos tener una mejor vida los tres-

Adriana se pone a pensar un segundo y después le dice:

- Bueno, yo me voy a América sin quejas ni protestas SOLO SI también van mi hermana, su marido y nuestros padres-

Viendo que así podría convencerla le responde:

- Muy bien...Así va a ser. Yo voy a ir con mi hermano y después los voy a traer hacia Santiago.-

 

El camino que emprendo

El tan esperado día de su partida llegó. Adriano agarró sus maletas y se dirigió al puerto con su familia. En el puerto estaba lleno de familias despidiendo a gente que se dirigía hacia “La América”. Adriano se despidió de su mujer, les dio un abrazo a sus hermanas y se subió al barco.

Este barco no lo iba a llevar a su destino final, sino que paraba en Buenos Aires y de ahí, él tenía planeado tomarse un tren que cruzara la cordillera y lo llevara a Santiago. El barco estaba lleno de mucha gente Genovesa y, como el trayecto del viaje era alrededor de dos meses, se hizo un par de amigos. Un día estaban todos juntos hablando.

- Sí, ahora cuando llegue a Buenos Aires voy a ver si me puedo conseguir unas tierras para poder trabajar- dijo uno.

- Nah, yo prefiero quedarme en la ciudad, o por lo menos cerca. Tal vez en una de las comunidades italianas de ahí- dijo otro.

- ¿Y tú, Adriano? ¿Dónde vas a quedarte?- le preguntó el primero.

- No, yo en realidad no pienso quedarme en Buenos Aires, soy geómetra y mi hermano me dijo que en Santiago hay mucha construcción- le respondió.

- ¿En Santiago? No, no; por lo que yo oigo de mis parientes en Buenos Aires hay muchísima más construcción que en otras ciudades- le dijo uno de sus camaradas.

- Sí, sí, piensa que en Buenos Aires debe de haber muchísima gente, la mitad de mi familia vive allí y mientras más gente más edificios. Además, mi hermano me mandaba cartas quejándose de que en su cuadra nunca para de haber construcciones- agregó otro.

Adriano se puso a pensar ¿Sería tal vez mejor instalarse en Buenos Aires, en lugar que en Santiago? Tal vez sus amigos tenían razón y le convendría quedarse allí. Pero después de unos segundos le respondió:

- No, creo que mejor me dirijo a Santiago. Aunque no tengan tanta construcción como Buenos Aires, debe de haber mucha y además estaría acompañado de familia y creo que eso ayudaría mucho a adaptarme y aprender el idioma-.

Y eso fue lo que decidió hacer. Cuando llegó a Buenos Aires se tuvo que quedar una semana en lo que ellos llamaban un hotel de inmigrantes, donde chequearon que estuviera bien de salud. Una vez que lo dejaron salir, se dirigió hacia la estación del Parque donde el cajero le sugirió tomarse un tren que lo llevara hasta Mendoza; donde había otra línea que lo llevaría a Santiago. Una vez en el tren, empezó a leer un poco para relajarse.

Después de todos esos trámites, llegó a la estación en Santiago. Se dirigió a un teléfono y marcó el número que su hermano le había escrito en una de sus cartas.

- Aló?- preguntó una voz en el teléfono

- Sí ¿Gustavo?-

- No, soy Piera, su mujer ¿En qué puedo ayudarlo?-

- Piera, soy yo, Adriano-

- ¡Ah! ¡Adriano!, ¿cómo estás? ¿Ya llegaste a Santiago?- le dijo emocionada.

- Sí, me encuentro ya en la estación y quería preguntarte bien cuál es el número de su departamento, así puedo ir-.

- ¿¡Eh!? No, no, nosotros te vamos a buscar a ti en la estación, ahora le digo a Gustavo que llegaste y que apenas pueda te vaya a buscar a la estación ¿En qué plataforma estas?- dijo Piera con un tono de casi indignación de que él haya propuesto otra alternativa que no fuera esa

- Ehh… en la 3…-

-¡Perfecto! Tú quédate ahí. Gustavo no tarda en terminar y te va a buscar. Nos vemos- y con esas últimas palabras le cortó.

Adriano, un poco perplejo con la reacción y orden de su cuñada, se sentó en un banquito de la estación y miró el reloj; las cuatro y cuarto, y pensó que ojala su hermano no tardara demasiado.

Mientras lo esperaba se puso a leer un libro que traía con él, siempre de vez en cuando mirando el reloj. Una de esas veces, cuando levantó los ojos para ver la hora, logró ver a su hermano en el fondo del pasillo. Los dos se alegraron y, aunque no corrieron a saludarse, cuando se tuvieron en frente, se abrazaron.

 

Se aprende practicando

Ya en la casa, Piera salió a recibirlo y mostrarle su cuarto por los próximos meses. Adriano empezó a desempacar lo que había traído y al terminar su hermano le avisó que ya estaba la cena.

En la mesa no solo estaban ellos sino también Liliana y Maura, sus sobrinas de cinco y siete años respectivamente.

- Zio Adriano ¿Cuánto tiempo te vas a quedar con nosotros?- preguntó Liliana.

- No lo sé. Con suerte no será más de cuatro meses, pero hay mucho por hacer, como aprender un poco de español- le contestó Adriano.

- ¡Si quieres yo te puedo ayudar!- dijo excitada Maura  - Mi profesora de lengua dice que soy muy buena alumna-

Adriano sonrió – Gracias Maura, todo tipo de ayuda me vendría bien-

Después de terminar la cena, Piera llevó a las niñas a dormir mientras que Gustavo y Adriano hablaban sobre cómo estaban las cosas en Italia y sobre la vida durante la guerra, ya que Gustavo se había ido de Italia antes de que empezara. 

Al día siguiente Gustavo se fue a trabajar temprano, Piera llevó a Maura a la escuela y después se fue a reunir con unas amigas, y Adriano se quedó en la casa con Liliana. Estaban sentados en la mesa, él leía un diario de Italia y ella dibujaba. De repente Liliana se pone a buscar algo por la mesa y el piso.

- Zio, no encuentro mi lápiz rosso-

Adriano deja el diario de lado y le pregunta cuándo fue la última vez que lo usó.

- Me acuerdo que cuando bajaba las escaleras lo vi en mi caja- le respondió.

Él se levantó y fue hacia las escaleras donde encontró el lápiz tirado en uno de los escalones. Lo agarró y se lo dio a la niña, pero antes de que volviera a agarrar el diario para continuar leyéndolo le dijo:

- Lili… ¿Cómo se dice este color en español?-

- Este es ROJO. Es fácil porque es parecido a rosso. Pero el verde es mucho más fácil porque se dice verde en español también. Este es un poco más difícil se llama naranja…- le explicaba Liliana mientras le mostraba cuál era el nombre del color de cada uno de sus lápices. 

Después a la tarde, ya cuando Piera había vuelto, les propuso salir a hacer las compras y después buscar a Maura. Llegaron a un mercado y Piera le pidió si podía comprar algunas cosas mientras ella buscaba un buen pescado. Él se  manejó hablándoles a los vendedores con gestos y alguna que otra palabra parecida y siempre que les preguntaba algo, como el nombre de una fruta o su costo, le respondían en español, lo que lo ayudaba mucho a ir aprendiendo algunas cosas base.

 

Poco a poco

Después de cuatro meses, Adriano ya sabía las bases de hablar español y se había vuelto amigo de otros inmigrantes de la zona. Durante las mañanas ayudaba a Piera en la casa y a las noches se reunía con sus amigos a los que les preguntaba si sabían de algún trabajo que él pudiera conseguir como Geómetra.

Durante un tiempo no conseguía nada hasta que un día uno de sus amigos le avisó que estaban por construir un colegio en la zona y que todavía necesitaban personal. A la mañana siguiente, se dirigió a la sala de empleo y logró obtener uno de los puestos del trabajo. Ya con eso, y con el dinero que había ganado de hacer algunos trabajos de corto plazo, tenía lo suficiente para alquilar un departamento y comprarle el ticket de barco a Adriana, aunque antes tenía que hacer los trámites de inmigración.

Así llegó el día en que se iba de la casa de Gustavo. Este junto a su familia, lo acompañaron a su nuevo departamento.

-¿Zio, ya no vas a vivir con nosotros?- le preguntó Maura

- No, le agradezco mucho a  sus papás pero no puedo seguir viviendo en su casa-

- ¿Y vas a vivir acá solo?- esta vez preguntó Liliana.

- No, mi mujer y mi hijo, su primo, están en Italia y dentro de un mes los papeles van a estar listos y podrán venir-

Antes de que alguna de las niñas pudiera hacer otra pregunta, Piera les dijo:

- Bueno Maura, ¿porque no van tú y tu hermana al mercado de enfrente y compran unas frutas para que el Zio tenga de postre hoy? Si quieres pueden comprarse algo con el vuelto- Y con esas palabras les dio unos billetes a las niñas y se fueron. Piera le dejó a Adriano unas fuentes que tenían comidas, como fideos, lasaña, etc. y le dijo que mientras viva solo que por lo menos se cuide y cocine de vez en cuando. Dicho esto, bajó a ver cómo iban sus hijas con la compra, dejando a los hermanos solos.

- Quién lo diría, los únicos hombres de la familia, viviendo en América- comentó Gustavo.

- Gustavo… ¿no extrañás nunca Italia?- le preguntó Adriano.

-… Italia es un lugar muy querido para mí, pero ya no es mi hogar. La Italia de ahora, no es el lugar donde crecimos. Italia es mi pasado, y Santiago es mi presente y futuro; y también va a ser el tuyo- respondió.

Después de esa conversación, volvieron las niñas con su madre y todos comieron juntos para estrenar el nuevo hogar de Adriano.

 

Bienvenido a nuestro hogar

Por fin llegaba el tan esperado día, Adriana y Pablo se estaban dirigiendo hacia Santiago. Los papeles ya estaban en orden, habían recibido el dinero para los tickets y, según había calculado Adriano, ya habían llegado a Buenos Aires. Adriano le pidió a su hermano si podía llevarlo en su auto a la estación para poder ir a buscar a su familia y este insistió en que también fuese Piera a recibirla. Al principio no estaba muy seguro de esto dado que tal vez podían estar en la estación por un largo tiempo. Pero Gustavo le dijo que querían ir y que ese día no tenía mucho que hacer. Cuando llegaron a la estación, Gustavo preguntó:

- ¿Cuánta gente viene? Porque solo entran dos personas más en el auto-

- No, solo Adriana con Pablo. Su hermana y el marido vienen con sus padres dentro de un mes-

Se fijaron en información si ya había llegado el tren y el personal a cargo le dijo que estimaban la llegada en dos horas. Entonces se pusieron a esperar. Una hora y media después escucharon un anuncio que avisaba la llegada de su tren. Los tres se pusieron a ver la puerta de salida a ver si entre la multitud de gente saliendo podían ver a Adriana. En eso Piera ve una cara que le resulta familiar.

- Adriano, ¿no es esa mujer de allá con el bebé?-

Él miró hacia donde estaba apuntando y resultó que sí, era esa su mujer. Empezó a llamarla y ella los vio. Cuando estaban todos reunidos, Adriano y Adriana se abrazan. Adriano aprovechó ese momento a presentar a su hermano y mujer.

Ya una vez introducidos todos, Gustavo llevó a Piera a buscar a las niñas y aprovecharon para mostrarle un poco la ciudad a Adriana. Después, se fueron hacia el departamento de Adriano a celebrar su llegada y la de Pablo.

Cuando estaban todos juntos en la mesa, Adriano le pregunta a Adriana.

- ¿Y? ¿Qué piensas por ahora de Santiago?-

Adriana se puso a pensar

- No es lo mismo… Pero creo que no vamos a estar nada mal- le respondió con una sonrisa.  Después de comer se fueron a dormir en su nuevo cuarto, en su nuevo hogar.

 

 

Un viaje para el olvido

(Segundo premio)

Martin, Abril

 

Viajar es posible

Eran los 90, años del 1 a 1, ideal para viajar al exterior…

Eliana, fanática de conocer nuevos lugares, siempre decía que no tenía muy claro si vivía para viajar o viajaba para vivir, pero en todo caso, esa frase definía su esencia.

Así fue que un año, llegando noviembre se abocó a la tarea de buscar un nuevo destino de vacaciones, para luego convencer a Claudio, su marido, de emprender el viaje. Sabía que no era tarea fácil, porque él era más conservador, y prefería ahorrar el dinero para cuando lo necesitaran; pero ella se tenía fe, porque finalmente, más tarde o más temprano, siempre lograba su objetivo. Eso sí, tenía que armar todo el derrotero completo, para presentarlo adecuadamente y entusiasmarlo con la idea.

La imagen de arena blanca y mar turquesa, se le vino rápidamente a la cabeza. En ese momento, todavía no le entusiasmaba tanto el Viejo Continente… después descubrió cuán equivocada estaba.

Pensó distintas opciones… México, Aruba, Islas Vírgenes. Hasta que alguien le recomendó contactarse con una agencia especializada en el Caribe, llamada Sabor, para que la asesoraran.

Allí se dirigió. Entre las muchas propuestas que le ofrecieron, la que más le tentó fue la combinación de hacer una semana en Saint Martin y una semana en Punta Cana. El combo era perfecto porque la Isla de Saint Martin sugería alquilar un auto para recorrer y conocer diferentes lugares, mientras que el final del viaje en Punta Cana, era quedarse en el hotel, disfrutando de las instalaciones y descansar.

Sólo le faltaba definir fecha, y el pequeño detalle de venderle la idea a Claudio.

Entusiasmada, llegó a la casa, esperó un momento adecuado donde ambos estuvieran tranquilos, y entre medio de la conversación típica de un matrimonio al finalizar el día, compartiendo sus múltiples actividades de la jornada, lanzó la bomba. Para su sorpresa, esta vez, tuvo un “dale, vamos” más rápido que lo habitual. Juntos evaluaron fecha en función de los trabajos de ambos, y definieron que enero sería un buen mes para la salida.

Al día siguiente Eliana regresó a la agencia para confirmar todo… no fuera cuestión que Claudio lo pensara mucho y se arrepintiera.

 

Saint Martin

El avión salió en horario, buen augurio pensaron ambos ilusamente… El viaje fue tranquilo y se les hizo más corto de lo esperado, pese a las ansias por llegar y las expectativas respecto de ambos destinos.

Saint Martin fue el punto de llegada. Una isla pequeña, divida literalmente en dos: la mitad es francesa y se llama Saint Martin, y la otra mitad es holandesa y se llama Sint Maarten.

Ni bien aterrizaron, recogieron el auto alquilado en el aeropuerto, que les permitiría recorrer toda la isla.

Su alojamiento era en el lado francés, en el Hotel Sonesta Maho Beach Resort, ubicado en la playa del mismo nombre. Maho Beach es una hermosa playa, con todo lo que habían imaginado: arena blanca, Mar Caribe de un turquesa profundo, palmeras, y un pequeño detalle… el aeropuerto pegado (no cerca, sino ¡pegado!) a la playa y el hotel.

Lo que al principio creyeron entretenido, por ver a los aviones pasar a lo que parecían escasos metros de la cabeza, se terminó transformando en un fastidio. No había posibilidad alguna que estando en el hotel, y mucho menos en la playa, no se escuchara el ruido ensordecedor de las naves pasando y aterrizando.

Pero dispuestos a disfrutar, decidieron ignorar el tema, y salir a recorrer.

Los días en Saint Martin pasaron rápido, entre las visitas a los múltiples lugares de los que habían obtenido información. Las mismas fueron dentro de la propia isla como también en otras islas cercanas como por ejemplo Saint Barth, a la cual tuvieron que cruzar.

Saint Barth se había hecho muy famosa en Argentina dentro de esa época. Esto fue gracias a una publicidad de cigarrillos (L&M Lights) que mostraba a un hombre moreno y musculoso realizando una sesión de masajes a una mujer, en una bellísima playa. El inconsciente colectivo hizo que ese año, muchos argentinos fantasearan con conocer la isla.

Así llegó el día de dejar Saint  Martin atrás para volar a Punta Cana, el que sería su destino por los próximos 7 días, al menos en sus planes…

 

Punta Cana

Al llegar a Punta Cana, lo primero que les llamó la atención fue la infraestructura, o mejor dicho la no infraestructura del aeropuerto. Se trataba literalmente de una palapa a modo de escritorio de recepción, y un especie de galpón donde se encontraba el sector de retiro de valijas y seguramente alguna oficina, pero solo eso.

El tema del aeropuerto quedó rápidamente en el olvido cuando llegaron a su alojamiento, el Iberostar Punta Cana Resort, un hotel con características de All Inclusive, donde se respiraba un aire relajado, que inmediatamente los conquistó.

Los planes de Claudio y Eliana en Punta Cana eran disfrutar de los servicios del hotel y descansar. Ya tenían información respecto de la estética del lugar, pero no pudieron más que sentirse felices y agradecidos por estar ahí al mirar a su alrededor.

Todos eran ambientes abiertos, enormes e imponentes. Hermosos jardines repletos de la vegetación más variada y frondosa. Conectaban la recepción con los restaurantes, el spa, las múltiples piscinas y, finalmente, la playa. No faltaba ninguna especie de ave, desde loros, tucanes hasta pavos reales. Todos parecían ponerse de acuerdo para hacer más lindo el paisaje ¡Los colores eran fantásticos!

El personal era cálido, sonriente y servicial, siempre con una tranquilidad casi inquietante para quien conoce el ritmo de un hotel, pero a la vez, envidiable.

De inmediato decidieron no salir de ese paraíso durante los próximos siete días, salvo para realizar una excursión que les habían recomendado mucho, que consistía en un paseo en barco por un río en medio de la selva.

Así, yendo de la habitación al restaurante, y del restaurante a la piscina, y de la piscina a la playa; sin importar demasiado el orden, y contagiados del ritmo del lugar, fueron pasando los días. Deseaban que no termine nunca, pero llegó la última noche...

El vuelo del día siguiente salía a las 22.15hs por lo que se les ocurrió acercarse a la recepción, para consultar si era posible que les permitieran permanecer en la habitación hasta más tarde, ya que el horario de check out era a las 12.00hs.

Así lo hicieron. Los recibió un recepcionista que con su clásica sonrisa les comunicó que el día que ellos dejaban el hotel, ingresaba una convención que tomaba todos los cuartos, por lo que no podían permanecer en la misma habitación que tenían, pero les ofreció una que utilizaban como depósito, como para que pudieran dejar el equipaje, utilizar las instalaciones durante el día y darse una ducha antes de retirarse.

La propuesta les cerró perfecto, no necesitaban más que eso. De modo que al día siguiente, se cambiaron a la habitación que le indicaron, y se propusieron disfrutar al máximo, las que serían las últimas horas.

 

¿La vuelta?

El día era precioso, no había una sola nube en el cielo. El paisaje parecía un cuadro, tan perfecto que no hacía más que recordarles que en breve se les terminaba la estadía en el Paraíso.

Y deseaban quedarse… ¡cómo lo deseaban! Trataban de no pensar en la vuelta, pero era inevitable, sobre todo a medida que pasaban las horas. El contraste entre volver a la rutina, y las dos semanas que habían pasado entre mar turquesa, playas de arena blanca y fina, sol casi como contratado dentro del paquete, y naturaleza por donde la miren, ¡era gigante!

Así llegó el anochecer y la hora de prepararse para la partida. Ya habían solicitado en la recepción un taxi para que los llevara al aeropuerto, así que solo les restaba hacer el check out.

El taxi llegó puntual, y en unos minutos llegaron a destino. Les sorprendió ver todo casi en penumbras y ningún pasajero dando vueltas, pero dado que no era un aeropuerto con gran infraestructura supusieron que era lo habitual.

Al acercarse al único escritorio de recepción, vieron a lo lejos un avión listo para despegar, de modo que se apresuraron a presentarle la documentación a la señorita que allí se encontraba. La sorpresa fue más grande aún cuando la azafata les informó que ese avión que estaba por partir era el de ellos, pero que ya había cerrado sus puertas, y no podrían abordarlo.

Los siguientes minutos fueron un intercambio de ruegos, pedidos, y súplicas, para que les permitieran subir. Insistían con que tenían todo en regla, y así era efectivamente, y hasta ofrecieron llevar con ellos el equipaje, pero todo fue en vano. Tanto que en pocos minutos, vieron el avión despegar…

Más tarde comprendieron lo que había sucedido. El aeropuerto estaba siendo remodelado y había cambiado su horario, cerrando dos horas antes de lo habitual, por lo que todos los vuelos habían sido reprogramados. Seguramente, en el cambio de habitación del último día, se había perdido el mensaje que Claudio y Eliana debieron haber recibido, comunicando la modificación en el horario del vuelo. 

Afortunadamente, el taxista había permanecido en su lugar sin retirarse, observando la situación, y asumiendo que tendría otro viaje de regreso. Así fue de hecho. Volvieron a subir al taxi y le indicaron que los llevara nuevamente al punto de partida.

El Hotel parecía otro… el Lobby estaba repleto de gente; nada quedaba de la paz que habían dejado atrás una hora antes, e inmediatamente recordaron que esa noche ingresaba una convención. Con tanta paciencia como angustia, aguardaron su turno y le explicaron la situación al recepcionista, quien muy rápido como siempre, les consiguió un cuarto a una tarifa muy poco tentadora, pero no tenían opción.

La noche estaba pesada, nunca habían sentido tanto calor. Seguramente no había cambiado el clima sino sus ánimos. Todo lo que antes les había parecido divino, ahora lucía terrible.

Luego de atravesar los jardines del extenso complejo, cargando ellos mismos con el equipaje, ya que no había personal disponible para asistirlos, llegaron a la habitación. Estaban desesperados por una ducha refrescante y reparadora, y casi con la misma urgencia, querían llamar a Buenos Aires y comunicar a la familia que no llegarían el día previsto.

Así lo hicieron, Eliana ingresó a la ducha, mientras que Claudio se disponía a utilizar el teléfono, pero casi al mismo tiempo, se escucharon ambos gritos… “¡No hay agua!” – dijo Eliana -, “¡No funciona el teléfono! ” – dijo Claudio -, y se miraron sin saber muy bien si reír o llorar…

Presa de un fastidio sin antecedentes, Eliana recorrió todo el camino de vuelta hasta la recepción, donde encontró como solución el cambio a una habitación fuera de servicio, pero que por lo menos tenía teléfono que funcionaba; y un bidón de agua para repartir entre ambos, ya que el Hotel se había quedado sin agua.

Las siguientes horas fueron una sucesión de discusiones sin sentido producto de los nervios, seguidas de aliento mutuo, y hasta algunas risas, pensando en el momento en que relatarían todas las peripecias a sus familiares y amigos.

Finalmente se fueron a dormir, confiados en que nada más podría suceder que empeorara la situación. Pero estaban equivocados…

 

Gran giro

Ya era de día, había amanecido y la luz comenzaba a penetrar por entre las cortinas de la habitación. Sus alarmas sonaron como si su estadía en el Hotel nunca hubiese acabado y pudieran continuar con su viaje tan soñado… pero no.

Al despertar, ambos se miraron como tratando de convencerse que había sido una pesadilla, pero un rápido vistazo a su alrededor, los trajo a la pura y dura realidad. Seguían en Punta Cana, seguían en el Iberostar Punta Cana Resort… sí, allí seguían. Casi en un acto reflejo, ambos comenzaron a reír, a carcajadas de esas que provocan dolor de panza. En ese momento, por más alocado que esto sonara, Eliana y Claudio decidieron tomarse estos días extras como una extensión de su soñado viaje, pero no sin ocuparse de solucionar su tan ansiado regreso.

Claudio, fiel creyente del “todo pasa por algo”, logró finalmente convencer a Eliana de dejar la habitación y salir a disfrutar, aunque sea de a ratos, del maravilloso entorno, que seguía siendo tan hermoso como antes, solo que ellos no lo disfrutaban de la misma forma…

Antes de encaminarse a la playa, decidieron pasar por la recepción para solicitar que cualquier mensaje que recibieran para ellos, les fuera entregado de inmediato, dado que habían estado contactando varias agencias de viajes para conseguir vuelos de vuelta a Buenos Aires.

Al llegar al Front Desk, notaron un gran revuelo entre los empleados y antes de poder entender qué sucedía, recibieron la noticia… El hotel había quedado en cuarentena por los próximos 30 días con motivo de un virus mortal que había sido detectado entre un grupo de huéspedes.

A medida que la noticia se difundía, la gente comenzaba a agolparse en la recepción, a los gritos, abriéndose paso a los puñetazos, exigiendo explicaciones que nadie podía dar. Disgustados pero más cuerdos que el resto, Eliana y Claudio decidieron regresar a la habitación hasta que todo se tranquilizara un poco. En él mientras tanto, se comunicaron nuevamente con la familia en Buenos Aires, para contarles la novedad,  y llevarles tranquilidad, dado que la noticia ya estaba en los noticieros, y pronto llegaría a Argentina.

Los siguientes días fueron más tranquilos de los que anticipaba la situación. Tenían una rutina bastante bien coordinada con el personal de Sanidad y del hotel. Debían seguir una dieta específica, y tanto huéspedes como empleados debían presentarse diariamente para hacer un control médico. Salvo eso, el resto del día, podían hacer lo que quisieran y disfrutar del complejo.

Pero aun estando en ese hermoso lugar, cuando llegó el día 29 y supieron que al día siguiente volverían a casa, se sintieron felices.

 

El regreso

Llegó el día 30… ¡eran libres!

Ambos coincidieron que en medio de un final de viaje tan accidentado, la buena mirada era que no hubieran tenido que ocuparse ellos mismos de conseguir vuelo de regreso. Dado que la definición de la fecha dependía de un tema sanitario, la responsabilidad de gestionar los pasajes de todos los que tuvieran que emprender la retirada, cayó a cargo del hotel.

Así fue que les fueron entregados dos tickets para un vuelo de United Airlines, que salía del aeropuerto de La Romana.

Tuvieron que leer varias veces para convencerse que efectivamente era ese el punto de partida, y nuevamente los invadió una sensación de incertidumbre. Habían escuchado hablar de ese destino. En realidad, el aeropuerto de La Romana era aún más pequeño que el de Punta Cana, ya que fue construido casi exclusivamente para una Hacienda que se encuentra a muy pocos kilómetros y que incluye un complejo cinco estrellas muy importante. Debían recorrer un trayecto de unos 200 kilómetros en micro para llegar, lo cual en una situación normal no hubiera generado ningún malestar, pero después de todo lo ocurrido, ellos querían estar sentados en el avión sin más trámite y con el cinturón asegurado.

Pero no había otra alternativa, así que allá fueron, se subieron al micro, y entre bromas para relajar y rezos para asegurar el éxito, llegaron al destino.

Una vez en el aeropuerto, se acercaron al Counter donde una señorita con impecable uniforme de la aerolínea, les informó que en realidad sus asientos no estaban confirmados, pero que seguramente, llegado el momento, podrían abordar… La mujer no llegó a completar la frase cuando Eliana, en un estado difícil de definir y a viva voz, le explicó todas y cada una de las peripecias por las que habían pasado, desde el minuto en que perdieron el vuelo un mes atrás.

Claudio intentó calmarla, pero resultó en vano. Sin embargo, la descripción del relato casi épico de Eliana, tuvo sus frutos. Cuando la azafata, comprendiendo la situación emocional que atravesaban, les informó que tenían sus asientos confirmados, ¡y en Primera!

Sentados en el avión, se sintieron como en casa, seguros y tranquilos, dos sensaciones que no tenían desde hacía 30 días.

Y una vez más, no sabían si reír o llorar, ¡pero de alegría! Finalmente, estaban volviendo a Buenos Aires. Al arribar, los esperaba la familia de parte de Eliana de brazos abiertos, anhelando su llegada desde hace más de un mes y con las orejas bien abiertas para escuchar todo tipo de anécdota y situación que pudieran haber pasado.


Trabajos ganadores del Concurso Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación. Comunicación Oral y Escrita. Segundo Cuatrimestre 2018 fue publicado de la página 142 a página150 en Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación

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