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Trabajos ganadores del Concurso Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación. Comunicación Oral y Escrita. Segundo Cuatrimestre 2018

Ruiz, Marisa Ester

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación

ISSN: 1668-5229

Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Introducción a la Investigación. Proyectos Ganadores Segundo Cuatrimestre 2018 Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita. Proyectos Ganadores Segundo

Año XVI, Vol.85, Julio 2019, Buenos Aires, Argentina | 184 páginas

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Memorias de una chica de pueblo

(Primer premio)

Ciarletta, Sofía

 

Muchos creen que la vida de la esposa de un diplomático tiene que ser muy acomodada, pues, yo puedo asegurar que no.

Con mis 93 años de edad ya puedo decir que mi vida fue una montaña rusa de experiencias y vivencias, tuvimos que abandonar todo lo que conocíamos, nuestros amigos, nuestras familias, encerrar nuestra casa en una cápsula del tiempo que se volvía a abrir cada vez que volvíamos a nuestro país.

Se dice que uno se acostumbra, nosotros nunca nos acostumbramos a dejar todo atrás pero siempre le acompañé desde el día que le conocí.

Conocí al hombre que después se convirtió no solo en mi marido sino en el compañero de vida cuando tenía 21 años. Era una chica de un pueblo de la provincia de Buenos Aires y él fue mi primer y único amor. Alberto, hijo de inmigrantes italianos, nacido en Argentina, siempre tuvo una apariencia muy seria que le transmitió su padre, típica de los italianos.

Nos casamos muy jóvenes porque queríamos empezar nuestra vida juntos lo antes posible ya que cuando conoces al amor de tu vida no quieres perder el tiempo. Y no lo hicimos.

Empezó a trabajar desde abajo, como vicecónsul para la cancillería de la República Argentina.

Nuestros primeros años de vida como pareja fueron, al igual que la mayoría de los matrimonios que acaban de empezar, cambiantes pero en ningún momento no supimos afrontar las dificultades que la cotidianidad nos presentaba.

Cuando mi marido llegó a ser diplomático empezaron los años más nómadas de nuestras vidas. La primera ciudad a la que fuimos fue Berna, en Suiza. Yo acababa de dar a luz a mi primogénito Atilio que pasó sus primeros seis meses de vida muy enfermo pero se curó enseguida con la ayuda de los médicos suizos.

Allá todo era tan tranquilo, tan ordenado. Es verdad lo que se dice de los suizos que son extremadamente puntuales. Mi Alberto se ocupada de problemas de índole burocrático con los residentes argentinos, estuvimos allí dos años, dos maravillosos años llenos de cultura, comida, música, hermosos paisajes y experiencias nuevas, luego nos mudamos durante cinco meses a Zúrich, donde graciosamente Atilio aprendió sus primeras palabra en alemán y español. Lamentablemente por los problemas políticos y sociales ocasionados en tiempos de dictadura tuvimos que volver a Buenos Aires; siempre que nos enviaban a otro país teníamos que pasar dos años en Argentina durante los cuales me dediqué a crear un hogar fijo para nosotros aquí, lo mismo hacía en cada ciudad a la que nos destinaban pero naturalmente Buenos Aires era el único lugar en el mundo para mí en el que sentía que podían estar a salvo los cimientos de nuestro hogar, en el barrio de Recoleta: decidimos echar raíces y ver a nuestro hijo crecer.

Durante su trabajo en la cancillería Alberto fue ascendido a cónsul de segunda, y tuvimos que embarcarnos otra vez, en esta ocasión fue Múnich, Alemania, el lugar que nos recibió. En estos años dorados de la ciudad, cada rincón nocturno tenía vida propia, las luces y música parecían brotar del aire y reflejarse en el río, nuestras noches estaban llenas de cenas importantes y visitas de cancilleres y amigos de todo el mundo, pero durante el día no podíamos evitar extrañar nuestras clásicas costumbres de facturas, asado, y mis famosas milanesas, las cuales no sabían igual preparadas desde la distancia; por suerte siempre lavábamos nuestra reserva de mate al viajar, tradición nuestra de tomarlo juntos en algún parque los domingos, cosa que no repetí desde que mi Alberto partió de este mundo.

A donde sea que estuviésemos siempre nos acompañaba un poco de casa con nosotros, criamos a Atilio con nuestros clásicos valores de ser amable, agradecido, responsable y dar la mejor impresión posible de tus orígenes, su alegría fue desmedida cuando se enteró que sería hermano mayor, se sentía el hombre de la casa y eso que el pequeño Jorge aún no nacía. Éste terminó llegando a nuestras vidas un frío invierno de 1957, lo cual causó que adelantáramos nuestra vuelta a Argentina, fue así en ese verano porteño que Jorge conoció su hogar, el cual lo vio dar sus primeros pasos, decir sus primeras palabras y realizar sus primeras travesuras. Nos trasladamos a Barcelona, cuyas estrechas calles y viejos adoquines me recordaban a mi ciudad porteña; aprovechando que mi madre nos había acompañado en esta oportunidad y podía darme una mano con los chicos inicié a ser colaboradora mayor en organización católica donde acompañábamos a niños huérfanos en su camino de la fe hacia la primera comunión, junto a ellos mi hijo Atilio que hasta ese entonces no había tenido la oportunidad de realizarla. Él era el mayor del grupo, resaltaba entre todos los pequeños por su notable diferencia de edad; fue él a quien más le gustó Barcelona por los amigos que conoció allí, amigos con los cuales sigue hablando hasta este día.

Volvieron nuestros dos respectivos años en casa, momento familiar de calma que nos proporcionaba la ilusión de estabilidad permanente, la suerte que tuvimos siempre de estar rodeados de personas tan únicas, tan reales, con las cuales, a pesar de los años afuera, volver a casa era como poner en marcha esa película que pausábamos cada vez que nos subíamos a un avión.

 Nos destinaron a Las Palmas en la isla de Gran Canaria esta vez, un destino que desconocíamos completamente, ni siquiera sabíamos exactamente dónde estaban ubicadas. Pero  la vida estaba por sorprendernos una vez más, nunca estuvimos en un lugar tan diferente a casa que se sintiera tan acogedor, tan nuevo y familiar al mismo tiempo, lo sentí como mi segundo hogar, un sentimiento que parecía estar ligado a la sensación de seguir viendo el océano Atlántico por otra orilla, no hay mejor manera de describirlo, el mismo océano que me separaba de casa me hacia sentir como en ella.

Con el pasar de los años dicho cariño no hizo más que crecer a la par de mis pequeños, mi hijo mayor Atilio decidió quedarse a construir su futuro y abrirse camino en aquella isla llena de posibilidades, la separación de un hijo es algo para lo que ninguna madre está preparada, sin importar qué tan hombres crecidos sean, yo los seguía viendo como mis nenes. Mi esposo recibió una tarde un telegrama diciéndole que tenía que ir a Caracas a resolver los problemas de los inmigrantes argentinos exiliados en Venezuela, volvimos Jorge y yo a Buenos Aires a resolver unos problemas de papeleo. Meses después alcancé a mi marido en Caracas, no se me hizo una placentera estancia, no parecíamos conectar con nadie, y el clima de la ciudad se nos hizo abrumador y hostil, por eso en cuanto el embajador de aquel entonces, Aguirre Lanari, dejó el país, nosotros le seguimos.

Nos llevó a Vigo, España, vivimos allí cuatro años, puedo decir de Vigo que fue un periodo tranquilo del que disfruté mucho, nuestro ya crecido Jorge terminó sus estudios y regresó a Buenos Aires, éste se convertiría en el último viaje diplomático de mi marido, después, decidió retirarse.

Compramos una casa en Las Palmas, donde íbamos dos veces al año a disfrutar de la isla y visitar a nuestro hijo Atilio, el cariño a ese pequeño paraíso nunca se fue de nuestros corazones.

Desafortunadamente mi Alberto no pudo disfrutar mucho de su retiro porque 4 años después, a los 70 años, una triste tarde de 1990, murió de un golpe accidental en la cabeza. De más esta decir que nunca sentí dolor así de grande en mi vida, yo que me casé con él, que le seguí a los confines del mundo, yo, una simple chica de pueblo, que a pesar de ponerme nostálgica me quedé a su lado desde los 21 años hasta el último minuto que estuvieron tratándolo por traumatismo craneal en la sala de emergencia del Hospital Italiano. Nunca fui la misma, ni vi la vida de la misma manera desde ese día, sin embargo estoy agradecida por el maravilloso mundo de experiencias que recorrí a su lado.

 

 

 

Inmigración griega en Argentina: historia, costumbres y religión

(Segundo premio)

Sarros, Alexandra

 

A modo de comienzo:

¿Cuándo aparecieron los primeros griegos en Argentina?

Los primeros personajes griegos en el país datan de la Guerra de la Independencia y son los oficiales navales Giorgos “Jorge” Kolmaniatis y Samuel Spiro, quienes fueron de gran ayuda entrenando y capacitando a la flota argentina. No fueron estos los únicos personajes importantes en la historia argentina, el presidente Bartolomé Mitre era descendiente de inmigrantes griegos, siendo su apellido original Mitropoulos.

Cabe aclarar que hubo tres grandes olas de inmigración griega en el país: 1890 a 1924, 1924 a 1945 y 1945 a 1952. Aunque, gracias a las consecuencias económicas de la Segunda Guerra Mundial en Europa, la mayor parte los inmigrantes griegos actuales llegaron entre las décadas de 1950 y 1960.

Para 1992, se estimaba una cantidad de 40 mil griegos en Argentina.

Estos se asentaron por diversas partes de Buenos Aires y el resto del país, abriendo varias colectividades e instituciones en estos lugares. Algunos de ellos son: Palermo (Instituto Incorporado Colectividad Helénica), Constitución (Unión Helénica Peloponense), Pompeya (Colectividad Helénica Panelinion), Banfield (Colectividad Helénica Sócrates), Rosario (Asociación de la Colectividad Helénica de Rosario), entre otros.

En sus comienzos, los griegos se dedicaron a las tabaquerías, kioscos e incluso trabajaron como marineros. Hoy en día, ninguna de estas actividades se ha mantenido por la colectividad.

 

Costumbres y tradiciones

Sin embargo, hay tradiciones que todavía se practican tal cual como se hace en Grecia. Con respecto a la religión, este fue el aspecto que menos se modificó y el que resulta de mayor interés hablar. No sólo las misas y ceremonias no se dan en español, sino en griego, hasta practican una religión diferente: cristianismo ortodoxo. Aquí encuentro el principal tema de mi interés y el que desarrollaré durante gran parte de este trabajo.

 

¿Y por qué se rompen los platos?

Grecia es conocida por ser la cuna de la filosofía y la democracia, por los 300 de Esparta, la mitología, el Partenón de Atenas, la danza Zorba, entre otras cosas. Sin embargo, uno de las cosas que más llaman la atención de las personas es la tradición de romper los platos. A todos nos parece increíble, pero muy pocos saben el motivo de esta tradición y cómo es que se deben romper exactamente.

Si bien no se sabe el origen específicamente, muchos aluden a que antiguamente los recién casados rompían los platos en las puertas de sus casas para ahuyentar a los malos espíritus; otros a que cuando los matrimonios debían separarse por un tiempo largo, partían un plato por la mitad para poder reconocerse durante su reencuentro.

Actualmente, su significado está en el despojo de lo material o bien como un simple símbolo de alegría, y se hace durante bodas o cualquier otro tipo de eventos al momento de los bailes. En las fiestas de casamiento, uno de los padres de los cónyuges es el primero en romper un plato en la pista de baile, para que después le sigan el resto de los invitados.

Al contrario de lo que piensa la mayoría, los platos que se rompen no son de cualquier material, sino de yeso, ni tampoco se tiran de cualquier manera: boca abajo y dejándolo caer por su propio peso, de esta manera se evita que los pedazos se dirijan para cualquier lado y lastimen a alguien.

 

Las bodas

Al tener otra religión, los casamientos griegos son completamente diferentes a los que se dan en las iglesias argentinas. Incluso el idioma es diferente durante esta ceremonia, la mayor parte de la boda es dada en griego. Debo decir que para poder casarse con un ortodoxo griego, una persona no perteneciente a la religión, debe bautizarse previamente.

Además de los novios, en el altar se encuentran los padres, quienes no son los padrinos. Estos son personas elegidas por los novios.

Durante la ceremonia hay varios momentos característicos, que se dan sucesivamente:

 

El intercambio de anillos

Realizado por el padrino, los anillos se intercambian tres veces entre las manos de los novios, lo cual representa a la Santísima Trinidad. Este intercambio significa la unión de la pareja.

 

Las velas

Se encienden dos velas, una para la novia y otra para el novio, que expresan la presencia de Cristo cuando este dijo: “Yo soy la luz del mundo”. Al sostener las velas, significa que la pareja seguirá junta a Cristo.

 

La unión de las manos

Luego de leer una oración el páter o sacerdote junta las manos derechas de la pareja, quienes las mantienen de esta manera durante toda la ceremonia para indicar la unión de ellos en la vida matrimonial.

 

La coronación

El sacerdote coloca unas coronas unidas por una cinta blanca en la cabeza de los conyugues, para que luego el padrino las intercambie tres veces, tal como hizo con los anillos. Las coronas simbolizan que los novios se convertirán en los reyes de su propia familia, mientras que la cinta representa la unión.

 

El vino

Los novios beben de una misma copa, con el vino bendecido, como símbolo de la alegría que compartirán juntos en la vida matrimonial.

 

Danza de Isaías o danza ceremonial

Los novios dan tres vueltas alrededor del altar, siendo conducidos por el sacerdote, quien sostiene el Evangelio en su mano derecha. De esta manera, los novios dan sus primeros pasos como matrimonio y son conducidos por el Evangelio de Jesucristo, el cual es el camino que deben seguir como una pareja cristiana.

 

Los confites

Al terminar la ceremonia, los invitados lanzan hacia los novios confites que les fueron previamente repartidos. Estos confites son de un número impar (número que no se pueda dividir por dos), representando que la unión de los novios no pueda ser dividida, y de un gusto amargo, ya que se ora para que la pareja tenga en su vida más dulzura que amargura.

 

Los bautismos

Para empezar con esta ceremonia, quiero aclarar que una persona que quiera ser padrino de un Bautismo o Crismación debe ser un Ortodoxo en buen estado y un miembro colaborador de la parroquia Ortodoxa. La persona no podría servir como padrino si su matrimonio no ha sido bendecido por la Iglesia, o si es divorciado por el civil y no se le ha concedido un  divorcio eclesiástico, o por alguna u otra razón que él o ella no esté en comunión con la Iglesia Ortodoxa.

La Iglesia, además, cuenta con varias fechas en las que no se pueden llevar a cabo bautismos, las mismas son: Semana Santa; Pascua; Del 25 de Diciembre al 6 de Enero; Navidad; Pentecostés; Transfiguración (6 de Agosto); Elevación de la Santa Cruz (14 de Septiembre); Circuncisión de Cristo (1° de Enero); Epifanía (6 de Enero); Presentación del Señor (2 de Febrero).

Antes de realizar el bautismo, la madre debe presentar al bebé a los 45 días de nacido ante la Iglesia, tal como hizo María con Jesús. Ese día el sacerdote le mostrará al bebé las diferentes imágenes y le leerá diferentes evangelios.

Ya en el bautismo, el bebé entra en los brazos del padrino y se acercan hasta el altar, donde se encuentran con los padres, el sacerdote y la madrina. Después de dejar al bebé en brazos de la madre, el padrino enciende una vela que mantendrá durante toda la ceremonia, lo que representa a la luz de Cristo.             

El sacerdote lee diversos evangelios, y al finalizar la madrina esparce un poco de aceite sobre el cuerpo desnudo del bebé. Luego, el sacerdote sumerge al bebé tres veces en la pira bautismal, simbolizando la Santísima Trinidad.

Finalizando la ceremonia, los padrinos cambian con ropa nueva al bebé, y una vez cambiado los familiares junto al niño dan tres vueltas alrededor de la pira bautismal. Tanto la ropa como las vueltas, simbolizan la nueva vida como cristiano del niño.

Los siguientes tres domingos el bebé acudirá a misa y comulgará con pan mojado en vino. De esta manera, pasadas las tres misas, el bebé ya habrá recibido su comunión también.

 

La pascua

La preparación para la Pascua comienza con la Gran Cuaresma, con el lunes de ceniza, y dura 40 días. El Sábado de Lázaro y Domingo de Ramos dan comienzo a la Semana Santa. Este año, el Sábado de Lázaro comenzó con la Pascua el 31 de Marzo y finalizó el 8 de abril con el Domingo de Resurrección.

La celebración de la Pascua comienza la medianoche del Viernes Santo, con la misa de Pascua. Los fieles que acuden a la iglesia ese día portan una vela en su mano, simbolizando la Santa Luz.

Sin embargo, antes de realizarse la misa, ese mismo día, los fieles y el sacerdote dan la vuelta a la cuadra de la iglesia mientras se recitan algunas citas. Dirigiendo a todos, está el sacerdote, seguido por cuatro personas cargando un epitafio. Luego se encuentran los monaguillos, niños y preadolescentes vestidos con túnicas azules, llevando diversos estandartes (cruces e imágenes). Al final, va el resto de las personas con sus velas.

Cuando se termina la caminata, las personas con el epitafio se colocan en la entrada de la iglesia, para que las personas la besen y/o pasen debajo de este al mismo tiempo de que piden un deseo. De esta manera, se da comienzo a la misa.

A la medianoche del Sábado Santo se realiza otra misa. Al término de esta, cuando Cristo ya ha resucitado, el sacerdote se dirige a la entrada de la iglesia para dar otra pequeña misa. Al concluir, ya es el Domingo de Resurrección o Domingo de Pascua, el último día de esta celebración.

En el Domingo de Pascua no hay misas, pero las familias se reúnen a comer platos típicos y realizar una costumbre única de esta fecha: chocar huevos. Esta tradición consiste en que dos personas tienen un huevo de gallina, pintado de rojo, en la mano y al desearse “felices pascuas” (estas frases se dicen en griego) chocan las puntas de los huevos. La tradición dice que la persona que consigue que su huevo quede intacto gana o, que en realidad, tendrá suerte el resto del año.


Trabajos ganadores del Concurso Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación. Comunicación Oral y Escrita. Segundo Cuatrimestre 2018 fue publicado de la página 152 a página154 en Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación

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