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Trabajos ganadores del Concurso Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación. Comunicación Oral y Escrita. Segundo Cuatrimestre 2018

Talio, Daniel

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación

ISSN: 1668-5229

Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Introducción a la Investigación. Proyectos Ganadores Segundo Cuatrimestre 2018 Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita. Proyectos Ganadores Segundo

Año XVI, Vol.85, Julio 2019, Buenos Aires, Argentina | 184 páginas

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Travesías

(Primer premio)

Crespi, María Del Rosario

 

Capítulo 1

Un martes de enero del 1895 Adolfo miraba por la ventana, concentrado en el horizonte, en los primeros rayos de sol que asomaban. Se lo veía pensativo pero no alterado por el hecho de que su mujer estuviese caminando por la habitación, yendo y viniendo, de una punta a la otra, agarrándose la cabeza. “Vení Elisa, quedate tranquila”. Le dijo con voz suave. “Vas a ver que es lo mejor” susurró mientras le acomodaba el pelo detrás de la oreja. Elisa se acercó a él. “Estoy ansiosa, es todo, no te preocupes.” le respondió con una sonrisa pequeña en el rostro.

Ya tenían todas las maletas preparadas hace días. No sólo sabían que tenían que irse sino que realmente querían hacerlo. Adolfo siempre había soñado con recorrer el mundo, conocer lugares nuevos y sobre todo arriesgarse a lo desconocido. Pero lo que sí les dolía era el hecho de saber que por ahí no volvían. De que esa casa, su casa, no iba a ser suya nunca más. El hecho de dejar todo atrás y empezar de nuevo era un desafío para ellos; para ellos y para millones más.

La situación en Moscú empezaba a complicarse. En las calles se notaba que algo pasaba. Ya habían empezado a surgir varios movimientos por parte de campesinos, estudiantes y obreros, que buscaban derrocar al gobierno del momento. Un gobierno conservador y autoritario que se negaba a la democracia. La oposición más revolucionaria acudió a los atentados políticos y al terrorismo, pero terminó siendo reprimida duramente por la Ojrana, la policía secreta del Zar. Estas pequeñas revueltas llevarían, tiempo después, a una gran revolución así que los más visionarios optaron por partir y probar suerte en un nuevo lugar. Este era el caso de Adolfo y Elisa, quienes iban a partir ese mismo día rumbo a Inglaterra junto a varias personas más.

Eran las 6:25 AM cuando empezaron a juntar sus últimas pertenencias: un reloj de bolsillo, que le había regalado a Adolfo su padre, los aros de Elisa y una foto de ellos en Krásnaya plóshchad, la Plaza Roja. Ya estaban listos, o al menos estaban listas sus pertenencias. Sacaron las maletas y las subieron al tarantás para emprender su viaje. Adolfo echó una última mirada a la casa, ahora vacía. Mientras cerraba la puerta, sin dejar de mirar atrás, imaginó todos los momentos que habían vivido juntos. Una serie de pantallazos apareció en su mente: el día que se conocieron, cuando se dieron su primer beso, su primera noche juntos, las cenas en la familia, los desayunos en la cama… Cerró la puerta, todos esos recuerdos quedaban atrás. Sin embargo, estaba seguro de que, en cuanto pusiera un pie arriba del barco, todo iba a empezar de nuevo.

 

Capítulo 2

“Espero que no se mueva mucho” le dijo Elisa a Adolfo mientras esperaban para subir al barco en el puerto de Portland, Inglaterra. Estaban hacía ya una semana en la isla de Portland y, si bien se habían sentido muy a gusto, desde un principio sabían que no iban a asentarse allí. Adolfo era una persona muy emprendedora y ambiciosa por lo que había aprovechado su estadía para hablar con otros comerciantes como él y juntar información de interés. En los bares se corría la voz de que en el sur de Argentina hacía falta un gran almacén de ramos generales; y eso bastó para que Adolfo eligiera su próximo destino: Argentina.

Elisa estaba asustada. Nunca había hecho un viaje tan largo y lo veía como una travesía peligrosa, por lo menos, para ese entonces, ya existían los barcos de vapor (a partir de 1890, la gran mayoría de los barcos eran de vapor y tardaban una semana en cruzar el Atlántico). Elisa rezaba mientras esperaba para entrar al barco. Era una persona muy dulce y compañera. Desde el día de su boda, había prometido seguir a su esposo en todas sus aventuras y ahora lo estaba cumpliendo, empezaban la primera aventura juntos. Su casamiento había sido hace dos años pero el amor seguía intacto. Su esposo sentía que había encontrado en ella al amor de su vida y que cuanto más la conocía más se enamoraba.

Ahora era Adolfo quien caminaba de una punta del muelle a la otra, ansioso, esperando para subir al barco y observándolo desde abajo. El barco tenía un enorme motor que producía vapor y alcanzaba una altura cercana a la de un edificio de tres pisos. El carbón, su fuente de energía, se encargaba de mantener las hélices en constante y veloz movimiento.

En eso empezaron a llamar por orden para que fueran ingresando aproximadamente unos

2000 pasajeros. Cuando entró se agarró la cabeza y miró para todos lados. No podía creer lo grande y lujoso que era el barco. “¿Qué me decís Elisa?, ¿No parece un hotel?”. Elisa esbozó una leve sonrisa, se notaba que seguía asustada pero de todas formas estaba tan sorprendida como Adolfo. El barco era alucinante, sobre todo la parte en donde ellos viajaban que era una especie de Primera Clase con decorados interiores y espacios sorprendentemente amplios.

Recorrieron mitad del barco hasta que se hizo la hora del almuerzo y luego fueron al camarote, a acomodar sus últimas pertenencias, para poder descansar. Cuando anocheció, salieron a la cubierta a mirar la luna y, una vez afuera, pudieron sentir cómo la brisa les volaba el pelo. El viento, aunque era un viento suave, hacía que el mar les salpicara pequeñas gotas de agua salada en el rostro. Se miraron a los ojos y se abrazaron; estaban emocionados. Podían sentir que se acercaban grandes cosas. Ahora sí había empezado el viaje, las emociones ya se entremezclaban. Así terminaba la primera de seis noches que les esperaban…

 

Capítulo 3

Era un día lunes a las 10:43 cuando se empezaba a ver tierra a lo lejos. Por suerte eran sus últimos minutos en el barco. Un día antes había habido una tormenta tan fuerte que Elisa le había dicho a Adolfo que no volvería a hacer viajes tan largos en barco por un largo tiempo. La fuerza del viento había provocado un mar extremadamente revoltoso, lo cual hizo que el barco se moviera demasiado y gran parte de los pasajeros sufrieran mareos.

Adolfo estaba emocionado. Desde la ventana del camarote podía apreciar la vista. El puerto de Buenos Aires contaba con un muelle de pasajeros que había sido inaugurado hacía poco tiempo y que se encontraba cercano a la Aduana, el primer edificio público de gran volumen dentro del área portuaria.

Una vez que el barco ya se encontraba amarrado al muelle, bajaron y esperaron para recibir sus maletas. Ambos estaban excitados por haber llegado finalmente. “Hermoso lugar” le dijo Elisa a Adolfo mientras éste miraba para todos lados, queriendo conocer más sobre su nuevo hogar. Adolfo no respondió, simplemente asintió con la cabeza y siguió observando.

Cuando les estaban devolviendo sus pertenencias, Adolfo nota que el baúl con cosas de valor que había entregado al maletero antes de subir al barco no estaba. Estresado por el largo viaje, se quedó más tiempo para ver si encontraban el baúl. Pidió que revisaran todo el barco pero no encontraron nada. Sin perder la esperanza, le dejó al maletero anotado el lugar donde se estarían alojando por si el baúl aparecía.

Al anochecer, Adolfo decidió salir a dar una vuelta por el barrio de Belgrano ya que Elisa quería seguir descansando. Entró a un bar de la zona y se pidió una bebida. Habló un poco con el mozo y se puso a leer el diario. “Yaroslavl Great Manufacture: compañía reduce salarios y su decisión no es bien recibida entre los trabajadores” decía una de las noticias. Siguió leyendo. “4.000 trabajadores participaron en la huelga. En respuesta, una división de soldados terminó su reunión, matando a trece hombres”. Rusia ya no era su hogar, pero igual le afectaba lo que pasaba. Cerró el diario. No quería amargarse en su primera noche en Buenos Aires.

Ya estaba por irse cuando escuchó a un hombre en otra mesa hablando sobre su próximo viaje a Trelew. En eso, confiado como siempre, Adolfo se le acercó al hombre y le dijo: “¿podría contarme más sobre aquel pueblito del sur?”. El hombre le puso mala cara y lo ignoró. (Los migrantes europeos, en ese momento, eran vistos como una desgracia no merecida: los culpaban por el desempleo y la inseguridad pública). Adolfo tomó sus cosas y salió del bar. Corriendo lo siguió un señor que se encontraba en la misma mesa del hombre que lo había agredido y le dijo: “Señor, mis disculpas por cómo lo trataron, si está interesado en Trelew yo puedo contarle lo que le interese. Partiré hacia allá en una semana”.

 

Capítulo 4

Al día siguiente, Adolfo ya le había contado a Elisa que el próximo fin de semana partiría a Trelew con un hombre que apenas había conocido la noche anterior en un bar. Elisa estaba acostumbrada a las locuras de su marido; así que no se hizo problema. Le dijo que se quedara tranquilo y que fuera, mientras ella se juntaría con una amiga que estaba en Buenos Aires.

Llegó el fin de semana y Adolfo partió rumbo a Trelew con su nuevo compañero. Luego de un largo y cansador viaje, ya se encontraba en su verdadero destino. Caminando por el pueblo de Trelew, empezó a sentir una sensación extraña que le recorría todo el cuerpo. Podía ver una iglesia a lo lejos y una fábrica de cerveza que se encontraba más cerca. Había pequeñas y grandes casas. Eran alrededor de 50. Le habían comentado que vivían aproximadamente 200 habitantes. Adolfo sintió que ese era su lugar en el mundo. Que ahí iba a lograr grandes cosas. Caminó cinco minutos más por las calles de tierra hasta que se detuvo en una esquina. En su cabeza se imaginó una sola cosa: su propio almacén de ramos generales. Un almacén lleno de mercadería que le diera vida a ese lugar. Que vendiera desde alimentos hasta maquinarias. Que ofreciera tanto materiales de construcción como indumentaria. “Es tal cual me imaginé” le dijo a su compañero de viaje con una sonrisa en la cara. El hombre le dio unas palmaditas en la espalda y le devolvió la sonrisa.

Esa noche se quedó pensando en cómo serían las cosas. Ya estaba decidido, iba a abrir un almacén de ramos generales en Trelew. De lo que no estaba seguro, era de que Elisa aceptara que él se fuera tan lejos. Adolfo no quería separarse, pero tampoco estaba dispuesto a dejar de lado su plan. Los pensamientos lo asustaron. No podía irse a Trelew y dejar a Elisa sola, no era lo correcto. Pensó en que recién habían llegado a un nuevo país y que, si bien tenían amigos y conocidos, Elisa estaba sola, no tenían familia cercana. Él la quería muchísimo como para hacerla sufrir. Tenía que haber alguna forma de poder cumplir su sueño y seguir con la persona que amaba.

Estaba empezando a agobiarse cuando recordó que Elisa siempre lo había apoyado. Decidiera lo que decidiera ella siempre había estado a su lado y había encontrado la solución para que las cosas funcionaran. Esa era una de las cosas que más le gustaba de ella. Esos pensamientos lo hicieron sentirse más tranquilo. Cerró los ojos y esperó a que fuera un nuevo día.

 

Capítulo 5

En cuanto llegó a Buenos Aires, le contó su idea a Elisa y tal como había creído ella se complació. “Me alegro de que sea como te lo habías imaginado” le dijo tomándolo de la mano. “Yo también tengo una noticia para vos. Estoy embarazada”. Adolfo se agarró la cabeza y se tapó la boca. Segundos después saltó a abrazarla. Estaba tan emocionado que se le escaparon algunas lágrimas. Su aventura había empezado realmente.

A mediados de esa semana, dos personas aparecieron en su domicilio y le comunicaron que el baúl que creía perdido estaba por error en otro barco que había salido unos días después que el suyo. Les agradeció enormemente y guardó las cosas que para él eran de tanto valor.

Semanas después, Adolfo ya había planeado un segundo viaje a Trelew para empezar a construir su gran almacén. A su vez, había conseguido contactos que trajeran mercadería desde Inglaterra para poder venderla cuando todo estuviera listo. Con Elisa habían acordado que se verían cada 15 días para no extrañarse tanto y poder enfrentar la distancia. Sus últimos días en Rusia habían sido demasiado duros pero por suerte ahora las cosas se estaban acomodando, al fin estaban empezando a salir bien.

 

Capítulo 6

Unos meses después del nacimiento de Armando, su primer hijo, el almacén ya estaba listo. Adolfo había tenido tiempo suficiente para encargarse del traslado de la mercadería y, para ese entonces, tenía todo listo para acomodar la mercadería una vez que llegara. Se pasaba el día imaginando cómo iba a ser la inauguración del local y, siendo tan visionario y ambicioso, pensaba en lo bien que le iba a ir económicamente ya que sería el único lugar que vendiera productos como esos en todo el pueblo. De todas formas, por momentos le asustaba el hecho de que el negocio no funcionara y que las cosas no salieran como él había planeado. Pero al menos tenía que intentarlo…

Esa misma tarde, Adolfo iba a recibir la mercadería en las costas del Golfo Nuevo, Puerto Madryn. Alrededor de las 15:30 horas, él ya se encontraba en el puerto esperando su mercadería y, una hora más tarde, llegó el barco con los productos. Le hicieron firmar unos papeles y le mostraron la mercadería que había llegado para él. Cuando vio la poca cantidad de cajas que había en el barco se agarró la cabeza y golpeó el costado del barco con el puño. Faltaban más de la mitad de las cosas que él había encargado. Nunca se imaginó que eso podía pasar. Ahora iba a tener que retrasar la inauguración del local mínimo dos semanas más. El hombre que se encargaba de entregarle la mercadería le explicó que probablemente había habido una confusión porque, el mismo día que había salido ese barco, otro barco con destino a Argentina estaba esperando en el muelle para salir unos días después, por lo que era muy posible que la mercadería que faltaba estuviera en el otro barco. Pensó en que tendría que acostumbrarse a estos mal entendidos. “Suele pasar que las mercaderías se mezclen por lo visto…” Le dijo enojado al hombre.

Enojado y un poco frustrado, Adolfo se llevó parte de la mercadería para empezar a acomodarla. A la mañana siguiente, decidió viajar a Buenos Aires para visitar a Elisa y a Armando, ya que la mercadería tardaría unos días más en llegar. Cuando llegó a su casa, los dos corrieron a abrazarlo. Adolfo le comentó a Elisa lo que había ocurrido y ella le dijo que eran cosas que le iban a pasar más de una vez, que tratara de relajarse y esperar a que llegara la mercadería que faltaba. En Elisa siempre encontraba un consuelo, ella siempre sabía qué decir. Estaba feliz de estar en casa.

 

Capítulo 7

Durante esos meses que estuvo yendo y viniendo de Buenos Aires a Trelew, había hecho muchas amistades: en Trelew se había establecido una colonia galesa, el primer asentamiento de origen europeo permanente en la Patagonia central, por lo que había creado buenos vínculos con la mayoría de las personas; no como en Buenos Aires que hacer amistades se había vuelto una tarea más difícil: los inmigrantes provenientes de Europa, en ese momento, eran realmente discriminados.

La mercadería que faltaba ya había llegado y, con la ayuda de sus amigos, terminaron de preparar el local en menos de una semana. Adolfo quería ponerlo en funcionamiento cuanto antes; no quería seguir esperando. Cuando todo estaba listo, Adolfo les agradeció y les dijo que siempre recordaría lo mucho que habían hecho por él. No le había sido fácil hacer nuevos amigos desde que había llegado de Inglaterra.

A las siete de la mañana del día siguiente, cuando ya había terminado de preparar los últimos detalles, abrió las puertas del almacén bien temprano y esperó a sus clientes. El almacén se ubicaba en una esquina aprovechando el frente de dos calles. Construido con paredes de ladrillo de 5 metros de altura, cielorraso abovedado y solado de madera de pino, el almacén contaba con puertas y ventanas altas que permitían el ingreso de luz. Había un mostrador, que separaba a Adolfo de sus clientes, un depósito y un sótano que guardaba los vinos y las cervezas. Detrás del mostrador, había altas estanterías que llegaban hasta el techo con distintas mercaderías como azúcar, yerba, arroz y fideos, acompañados de una gran balanza de dos platos para que los productos fueran pesados. Adolfo estaba a gusto con cómo había quedado el local.

La primera en ingresar, fue una señora de unos 50 años que buscaba bebidas. Adolfo la ayudó y le mostró todo lo que tenía en el local, para que la próxima vez que necesitara algo no dudara en volver. La mujer salió agradeciéndole por la buena atención y le dijo que la vería seguido por ahí. A ella le siguió un hombre en busca de artículos de ferretería para reparar el baño de su casa y hasta las 7 de la tarde no dejó de recibir clientes, uno atrás del otro.

Cuando llegó a su casa, se quitó los zapatos, suspiró y se tiró en el sillón. Se sentía realmente afortunado, su sueño se estaba haciendo realidad. Estaba tan cansado que no tuvo ni tiempo de ponerse a pensar; en cuanto se acostó en la cama, se durmió hasta las 6 de la mañana del día siguiente.

 

Capítulo 8

Los meses siguientes, el local siguió funcionado igual de bien; a tal punto que tuvo que encargar mercadería nueva antes de lo previsto. Un fin de semana viajó a Buenos Aires y dejó a uno de sus compañeros a cargo del local ya que, como su esposa estaba embarazada, quería pasar más tiempo con ella.

Acompañó a su esposa hasta unos meses después del nacimiento de su hija mujer, Josefina, ya que quería pasar más tiempo con ellos y ayudarla con los niños. En su larga estadía en Buenos Aires, paseó por las lujosas mansiones y grandes caserones del barrio de Belgrano, jugó en el Jockey Club y aprovechó para pasar mucho tiempo en familia. Si bien se veían seguido, los extrañaba todos los días que no pasaban juntos. Pero no podía dejar el almacén, gracias al negocio que había creado estaban juntando una buena cantidad de dinero para poder sustentarse en Buenos Aires.

Disfrutó varios meses de estadía en Buenos Aires y para cuando la beba ya tenía 5 meses, volvió a Trelew para ver cómo le estaba yendo a su amigo en el mercado. Cuando vio que su amigo había sido capaz de manejar el negocio y mantenerlo en condiciones decidió dejarlo a cargo algunos meses para pasar más tiempo en Buenos Aires de vez en cuando. Él estaría a cargo del local 9 meses al año, en los que viajaría a Buenos Aires los fines de semana, y su amigo estaría los 3 meses restantes.

 

Capítulo 9

Unos años después, el negocio seguía trabajando muy bien. En Trelew habían abierto la primera sucursal del Banco Nación para que él pudiera operar en el banco y comerciar más cómodamente. Todo era como se había imaginado. Sin embargo, Adolfo quería traer cosas innovadoras ya que sentía que se estaba quedando en el tiempo con los productos que vendía. En consecuencia, empezó a planear un viaje a Inglaterra para estar al tanto de las cosas nuevas que habían entrado al mercado. Le pidió a su amigo si él podía hacerse cargo unos días del local y encargó mercadería para dejarle durante el tiempo que él estaría ausente. Ese mismo barco que llevó la mercadería a Trelew, era el que lo llevaría a Inglaterra.

Era 20 de Octubre de 1902, cuando Adolfo emprendió el viaje rumbo a Inglaterra. Tardó seis días en llegar y, una vez allá, fue en busca de productos nuevos para vender en su almacén. Se encontró con sulkys, carruajes y maquinarias agrícolas que él, hasta ese entonces, no vendía en su local. De todas formas, la novedad del momento serían los autos, para los cuales ahora tenía dinero suficiente. “Irme a vivir a Buenos Aires fue una de las mejores decisiones que tomé” pensó. Se sentía agradecido por todo lo que le había pasado desde que había dejado Rusia.

Estuvo alrededor de cuatro días comprando todo lo que pensaba que le sería útil para el local hasta que tomó nuevamente el barco rumbo a Buenos Aires, asegurándose de que toda la mercadería que había comprado esta vez estuviera en el barco correcto.

Cuando estaba llegando al puerto, sintió de nuevo ese frío que le recorría el cuerpo. Esa sensación de que estaba viviendo su sueño. Su mujer y sus cuatro hijos estaban esperándolo allí, en el muelle. Adolfo se sintió en casa.

 

Capítulo 10

Elisa y Adolfo se sentían completos. Habían formado una gran familia: para ese entonces ya tenían dos hijos varones y seis hijas mujeres. Gracias a lo visionario que había sido Adolfo, pudieron mantenerse en una muy buena posición económica. Con el dinero que obtuvo del almacén, compró varios terrenos en el sur, entre ellos un gran campo en la cordillera con ganado ovino y todo un pueblo de la zona llamado 28 de julio. Durante muchos años el negoció funcionó tan bien como en un principio y fue gracias a ello que pudo seguir manteniendo sus casas tanto en Trelew como en Buenos Aires.

Envejeció trabajando en el almacén y en el campo junto a su hijo Armando, mientras que sus demás hijos optaron por quedarse en Buenos Aires. Armando era igual que él. Emprendedor, visionario y aventurero por lo que fue él quien siguió viviendo la aventura de su padre.

 

 

 

El bunker

(Segundo premio)

Lecaros Millares, Vanessa

 

La ceremonia

En la época de los años 70, Perú pasó por un gobierno militar que limitaba las importaciones y ocasionaba la escasez de alimentos en las cocinas de las amas de casa que se encargaban de cuidar a su familia. En ese entonces, las familias eran muy conservadoras y estrictas con sus hijos, había muchas restricciones, sobre todo con las jóvenes ya que siempre tenían que salir acompañadas de familiares y no tenían la oportunidad de socializar, considerando que no había colegios mixtos, salían del colegio con casi ninguna experiencia previa de socializar con el sexo opuesto. Por otro lado, los padres o familiares se encargaban de emparejar a sus hijos por conveniencia económica y social, siempre debía ser un joven de buena familia, en este ámbito no había tanta libertad e independencia como la hay ahora y se solía manipular a los hijos para casarse por conveniencia en vez de amor; como en el caso de Elena, quien a temprana edad se casó con un hombre que aparentaba tenerlo todo, sin imaginarse los malos momentos que le haría pasar.

Todo comenzó en 1970 en la ciudad de Lima, cuando Elena Rodríguez, una chica de tan solo 17 años que terminaba la secundaria conoció a Miguel Paredes, un oftalmólogo de 37 años que aparentaba tener un futuro exitoso. Ellos se conocieron a través del Hospital de Policías, ya que Miguel trabajaba ahí y como el papá de Elena pertenecía al Departamento de Policía, él se encargó de presentarlos. Los padres de Elena, sin darle importancia a la diferencia de edad, estaban encantados de que Miguel cortejara a su hija, ya que él tenía una muy buena reputación, siempre invitaba a Elena y a sus padres a restaurantes prestigiosos y los llevaba a eventos importantes, además era un hombre de buena familia, educado y culto, eso era muy considerado en esa época. Por otro lado, Elena estaba en una relación con César, quien era un chico de su edad que conocía del barrio, pero la mamá de Elena no estaba de acuerdo con esa relación, ella le decía a su hija que le convenía casarse con Miguel para poder tener un mejor futuro. Así que, después de tanta presión por parte de su madre, Elena decidió casarse al año siguiente con Miguel y dejó de lado los estudios universitarios para empezar una vida como ama de casa y esposa.

La boda se realizó el 11 de noviembre de 1971 en Lima, todos los familiares de los novios asistieron, fue una ceremonia muy tradicional y simple. En ese momento algunos cuestionaban la relación que tenían, ya que Elena era una chica muy extrovertida y alegre, aunque también un poco egocéntrica y le gustaba ser el centro de atención. Mientras que Miguel era un hombre frío, malgeniado y antisocial. Prácticamente eran polos opuestos, pero eso no le importaba a Elena, ella afirmaba que estaba enamorada de él y por eso se casaba.

Después de la boda, ambos se mudaron a una casa en el barrio de Miraflores, la rutina se basaba en que Miguel salía temprano a trabajar al hospital, mientras que Elena se encargaba de la limpieza de la casa y de preparar la comida. Tres años después, Elena quedó embarazada de su primer hijo Bruno, y ella se dio cuenta de que Miguel no era un padre muy cariñoso ni responsable como lo esperaba, sino que ella tuvo que encargarse de las necesidades básicas del bebé con la ayuda de su mamá. Dos años más tarde, tuvo a su segundo hijo Carlos. Miguel mantenía el mismo comportamiento de estar alejado de sus hijos y sólo se dedicaba a sí mismo; salía a trabajar, regresaba a casa, comía y veía la televisión o iba al Club de Policía pasar el tiempo.

La relación entre Elena y Miguel empeoró con el tiempo, se peleaban todos los días por desacuerdos, por la falta de responsabilidad de parte Miguel y sobre todo porque sus personalidades eran muy diferentes. Miguel era muy celoso y posesivo con Elena, no le gustaba que ella llamara la atención en reuniones o eventos familiares, pero eso era lo que le encantaba hacer a ella.

 

El reencuentro

En 1977, Miguel tuvo que irse a vivir por unos meses a provincia por motivo de trabajo, en esa época la comunicación era a través de cartas y se demoraban mucho en llegar, pero al pasar el tiempo él desapareció por completo, se desentendió de sus responsabilidades con su familia; dejó de contactarse con ellos y de cumplir con sus responsabilidades económicas. Elena tuvo que lidiar con la responsabilidad de mantener la casa y cuidar de sus hijos sin ninguna ayuda económica por parte de su esposo, pero por suerte recibió ayuda y apoyo de su familia.

Durante ese tiempo, Elena se volvió a poner en contacto con César y empezaron a verse de nuevo sin que su familia lo supiera, ya que Miguel seguía sin aparecer.

Elena y César habían terminado su relación porque ella decidió casarse con Miguel, entre ellos nunca hubo ningún tipo de problema mayor o conflicto. Siempre se llevaron bien y se quisieron mucho, ambos pasaron por un momento difícil de estrés y soledad al mismo tiempo, por eso se entendieron y empezaron a volver a verse.

Elena quedó embarazada de César, pero repentinamente Miguel volvió a casa y ella aprovechó el momento diciéndole a su familia de que su tercer hijo, Luis Enrique, era de Miguel. Dos años más tarde, Elena tuvo a su cuarto y último hijo Walter, siendo Miguel el papá.

Después de lo sucedido, Elena cortó completamente la comunicación con César y él lo entendió ya que su esposo había regresado, pero Elena nunca le mencionó que tuvo un hijo de él.

 

La lucha por cuatro motivos

Alrededor de 1988, Miguel tuvo que irse de nuevo a provincia por trabajo dejando a Elena completamente sola de nuevo con sus cuatro hijos, pero esta vez no volvió a aparecer. En ese entonces, se creía que Miguel tenía otra familia en provincia y por eso se desaparecía, pero esto nunca se pudo comprobar.

Para Elena era muy difícil mantener la casa, a sus hijos y conseguir trabajar, sobre todo porque nunca tuvo estudios universitarios o técnicos. En esa época, la sociedad era muy machista, se creía que la mujer al salir del colegio tenía que conseguir un esposo que la mantuviera mientras se encargaba de la casa y los hijos.

Elena recibía apoyo de su familia para cuidar y mantener a sus hijos, ella descubrió que Miguel no era la persona que ella pensaba, él estaba atrasado con los pagos de las tarjetas de crédito, dejando a Elena con deudas muy grandes que pagar. Todo este tiempo Miguel sólo fue un farsante que aparentaba tener lo que realmente no tenía, sin importarle en ahogarse en deudas con el banco, gastaba en restaurantes finos, lugares de prestigio y regalos lujosos a terceros, en lugar de gastar ese dinero en cosas importantes que necesitaban sus hijos.

A Elena le quedó claro que Miguel era un padre irresponsable, egoísta y cínico, que no le importaba crear un vínculo con sus propios hijos, ni siquiera pasar el rato con ellos. A él le preocupaba más lo que dijeran sus colegas del trabajo, aparentando ser alguien que no era, que cuidar y mantener a su propia familia.

Durante todos esos años, a Miguel no le importó el bienestar de sus hijos, los trataba muy mal, era muy distante y hasta les negó una carrera universitaria.

Debido a las deudas que le dejó Miguel a Elena, ella estuvo a punto de perder la casa y tuvo que pedir ayuda a sus papás para poder cubrir los gastos.

Ahí es cuando Elena se propone tomar unos cursos cortos de confección y costura, ya que era algo que siempre quiso hacer, además es un trabajo independiente el cual se puede realizar en casa y manejar su propio horario de trabajo.

Elena, con mucho esfuerzo y perseverancia, se volvió una madre soltera que se encargó de educar a sus cuatro hijos, mantener la casa y confeccionar vestidos de boda en sus tiempos libres para tener algún ingreso adicional, y poco a poco se empezó a formar una buena reputación como modista.

 

Ricardo

Cuando Walter tenía ocho años empezó a tener problemas en el curso de matemática, así que Elena contrató a un profesor particular que le recomendaron para que lo ayude.

De este modo, Elena conoció a Ricardo Gonzales quien era un profesor particular de matemática y literatura. Elena y Ricardo entablaron una relación sentimental, pero Elena lo seguía presentando como el profesor particular de su hijo, aunque la mayoría de la familia sabía que era más que el profesor ya que paraba todos los días en la casa, recién después de aproximadamente 10 años ella lo empezó a presentar formalmente como su pareja aunque seguía casada con Miguel. Debido a esto pasó mucho tiempo para que lo presentara formalmente, ya que Elena no sabía cuál era la situación con Miguel, era como si se hubiera quedado en espera, nadie sabía de él ni dónde estaba. Así que Elena decidió seguir su vida junto a un hombre que sí la valoraba y quería por cómo era.

Ricardo se convirtió en la figura paterna de los cuatro chicos, se ganó su confianza, cariño y respeto. Prácticamente los empezó a criar como si fueran sus propios hijos, ya que la única familia que él tenía eran sus dos hermanas, quienes mantenían una fuerte relación con Elena. Ricardo también ayudaba en las responsabilidades domésticas y hasta a veces se hacía cargo de gastos económicos, para las necesidades de los hijos.

Tiempo después, Ricardo empezó a vivir en la casa junto con Elena y sus hijos, él era quien ponía orden y corregía a los niños, porque Elena era muy suave con ellos y los engreía mucho, por eso les hacía pasar cualquier travesura o mal comportamiento.

Con el tiempo Ricardo demostró ser una persona muy transparente, solidaria, amable y sobre todo servicial, le encantaba ayudar a Elena en las cosas de la casa y siempre paraba detrás de ella para lo que necesitara. También demostró estar realmente enamorada de Elena, siempre se preocupó por ella y sus hijos y estaba al tanto de que no les faltara nada.

La familia de Elena no estaba del todo de acuerdo con la relación que mantenía con Ricardo ya que ella seguía casada legalmente con Miguel y según ellos tenía que serle fiel al matrimonio y cumplir con lo que se comprometió. En esos tiempos la reputación ante los demás era muy importante, sobre todo si la familia pertenece al Departamento de Policía, por esa razón su hermano Rodrigo estaba rotundamente en contra de esa relación, él decía que difamaba el apellido de la familia porque se enteró por terceros de que ella asistía al Club de Policía con Ricardo y lo presentaba como su pareja, cuando todos sabían que ella seguía casada con Miguel.

Mientras que la mamá y hermana de Elena, no estaban de acuerdo por el hecho de que le daba un mal ejemplo a sus hijos, hasta la hermana dejó de ir a visitarla con su familia porque no quería que sus hijas vean el mal ejemplo.

La mamá sabía que no estaba bien lo que hacía, pero también sabía de todos los malos momentos que Miguel le había hecho pasar a Elena por su irresponsabilidad e ignorancia, así que ella tenía una posición sumisa en esa situación.

Todo iba muy bien entre Ricardo, Elena y sus hijos, ellos lo adoraban y lo respetaban mucho, todos convivían armoniosamente en la casa y poco a poco Ricardo fue formando parte de la familia de Elena.

 

El regreso inesperado

En el año 2008, se dio el inesperado y sorpresivo regreso de Miguel, simplemente volvió a la casa diciendo que se había retirado de su trabajo y que no tenía otro lugar a donde irse. Elena tuvo que aceptarlo ya que la casa estaba a nombre de ambos y por ende él tenía derecho a reclamar su lugar, además él también afirmó que había conseguido otro trabajo en Lima y, sobre todo, por la pensión que recibe la familia, en este caso la esposa.

Pero cuando empezó la convivencia de nuevo, todos los días eran peleas por cualquier motivo y Elena ya no podía soportarlo más, así que le propuso el divorcio sin importarle perder la pensión o incluso la casa, pero él se negó rotundamente y decía que esa era su casa y no la iba a dejar.

Ni Elena ni otros familiares le comentaron a Miguel la relación que ella mantenía con Ricardo, pero obviamente él tuvo que salir de la casa porque Elena no quería que Miguel se entere de esa relación, así que planteó la excusa de que necesitaba un taller en donde hacer sus trabajos de costura porque Miguel había ocupado una habitación más. Él aceptó y le dio la libertad de construir un taller para sus trabajos, Elena le propuso a Ricardo la construcción de un taller con la verdadera intención de construir un mono ambiente con un cuarto subterráneo dónde él podría vivir. Y así fue, Ricardo invirtió el dinero que recibió de la herencia de sus padres para construir el taller de Elena con un bunker subterráneo. Él fue el que se encargó de pagar y construir todo el taller, pero algunos comentan que no fue una inversión muy sabia ya que invirtió su dinero en un terreno que no era suyo.

Meses después, al tener el taller terminado, Elena realizó una reunión familiar y una de sus invitadas fue su sobrina Katia quien es arquitecta. Katia cuenta que ella estaba en el comedor con sus familiares y que su tía Elena la llamó y le dijo que le mostraría su taller. Al entrar Katia se dio cuenta de que el taller tenía cocina y baño completo lo cual le pareció muy raro, pero tan raro como lo que le mostró su tía. Elena levantó una alfombra y luego levantó un portón del piso y la hizo bajar para enseñarle el cuarto secreto que tenía y le pidió ayuda para diseñar un sistema en el cual sea más fácil levantar el portón del piso. Katia quedó pasmada de todo lo que había visto, no se imaginaba que su tía tenía escondido en un bunker a su pareja para esconderlo de su esposo, pero finalmente la ayudó con el sistema y le dio nuevas ideas para remodelar el taller y que sea más fácil el levantamiento del portón.

A Elena no le importaba que su familia sospechara o supiera, como ya se mencionó antes, a veces era tan descarada que cuando iba al Club de policía, a Ricardo lo presentaba como su pareja y a Miguel como su esposo, pero obviamente nunca iba con los dos juntos, entonces nunca se encontraban.

Miguel y Ricardo nunca se cruzaron, es decir, nunca se conocieron y siguen sin conocerse, esto se debe a que el taller tiene una puerta individual a la calle y también porque Miguel salía todos los días a las cinco de la mañana a su trabajo porque quedaba lejos y por otro lado, Ricardo salía a las ocho de la mañana ya que su trabajo quedaba más cerca.

Cuando habían reuniones familiares, el que se sentaba al costado de Elena y salía en las fotos era Miguel, para mantener una imagen al margen de lo esperado, y lamentablemente Ricardo tenía que quedarse en el taller, eso también demuestra todo el amor que él le tenía a Elena para poder soportar todos esos años que tuvo que esconderse o incluso dejar minimizarse para poder estar con ella, ya que no podía estar junto a ella en las reuniones de colegas o familiares como debería estar por ser su pareja.

 

El presente

Estuvieron así por los últimos 10 años y aunque la situación de Ricardo se haya vuelto más pública, él sigue viviendo en el bunker. Per, también se la pasa dentro de casa ya que actualmente Miguel ya no trabaja y se encuentra delicado de salud, por ende se la pasa todo el día encerrado en su cuarto con la atención de una enfermera particular.

Hoy en día, tres de sus cuatro hijos viven en la casa con sus parejas e incluso hijos, cada uno invirtió dinero para poder construir un mini departamento en la casa, esta está cada vez más grande y más llena. Con la colaboración de todos y con el tiempo, la casa de los Rodríguez es la más envidiada del barrio, tiene dos patios muy amplios uno pasando la entrada de la calle y el otro detrás de la casa, también cuenta con dos salas de estar y un comedor enorme donde Elena realiza sus reuniones familiares y hasta tiene un jardín donde realiza parrilladas y juntas con sus colegas.

Elena le confesó a su tercer hijo que realmente Miguel no era su padre biológico, ya que este se iba a casar y ella pensó que era el mejor momento para decírselo aunque ya sea muy tarde, pero felizmente él no reaccionó tan mal ya que los hijos no tienen ningún vínculo formado hacia su padre biológico. Miguel todavía piensa que sus cuatro hijos son suyos, y Elena piensa dejarlo así, no quiere crear más conflictos o problemas entre la familia.

Ahora, la familia está muy dividida sobre la situación de que Ricardo viva en un bunker en la misma casa que Miguel, ya que por un lado Ricardo ayudó mucho a Elena haciéndose cargo de las responsabilidades de las cuales Miguel no se hizo cargo, y por otro lado, todos saben que Elena está siendo infiel y deshonesta con Miguel sobre Ricardo. También está el hecho de que ella se presenta por un lado con su esposo y por otro con su amante y eso le quita prestigio a su familia antes los colegas del Departamento de Policía y ante la sociedad. El hermano de Elena ya no va ni a visitarla, porque se encuentra muy disgustado con la situación no solo por el mal ejemplo a su familia sino también porque las acciones y decisiones que Elena tomó están afectándolo en el ámbito social y profesional.

La mayoría de la familia apoya a Elena, ya que una vez enterados de todo lo que pasó, se dieron cuenta de que Miguel no fue un buen esposo o padre, mientras que Ricardo, sin segundas intenciones, ayudó a Elena en las responsabilidades domésticas y económicas, en el peor momento de su vida.


Trabajos ganadores del Concurso Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación. Comunicación Oral y Escrita. Segundo Cuatrimestre 2018 fue publicado de la página 157 a página160 en Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación

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