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La educación para el futuro

Galant, Juan Pablo

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación. Nº XLI

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación. Nº XLI

ISSN: 1668-1673

XXVIII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación

Año XXI. Vol. 41, Febrero 2020, Buenos Aires, Argentina | 284 páginas

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Resumen: El presente ensayo busca indagar en diversas cuestiones relacionadas con pensar la educación para el futuro, a partir de considerar la implementación de la tecnología como potenciadora de esta. A través del análisis de ciertas tendencias que se dan en la actualidad, contrastadas con lo que proponen ciertos autores respecto a qué clase de educación deberían recibir los estudiantes para enfrentar un mañana incierto, se analiza el rol determinante del docente para vincular alumnos con contenido, a través de la tecnología, con las ventajas y complejidades que esta ofrece.

Palabras clave: Educación – tecnología – TIC – futuro – rol docente – contenido inmersivo



La educación para el futuro

Una de las afirmaciones habituales respecto a la educación es que los estudiantes ingresantes al sistema formativo, cuando finalicen su trayectoria académica, van a trabajar en empleos que aún no han sido creados. Los cambios a nivel mundial, cuyo principal impulsor es el avance de la tecnología, han acelerado los procesos donde se transforma no solo el campo laboral, sino también el económico, el del entretenimiento y lo social, incluyendo las relaciones humanas y la construcción de vínculos afectivos. Con base en esa incertidumbre que plantea la afirmación inicial, convendría tomar acción para pensar que no alcanza con reformar la educación para enfrentar ese futuro, sino que es necesario reinventarla (Wagner, 2019). Incluso más aun en aquellos países emergentes o categorizados del tercer mundo, como Argentina, donde habitualmente los conflictos educativos pasan por el corto plazo. Si se continúa poniendo la atención sobre otras cuestiones que no sean el formar estudiantes capacitados para enfrentar un futuro incierto, no solo a nivel tecnológico sino también económico y social, se está atentando contra el desarrollo y la evolución de la sociedad.

Es apropiado reconocer que pensar la educación para el futuro es complejo, considerando que más allá de ciertas tendencias factibles de identificar, no hay un pronóstico exacto que permita anticipar cómo será ese porvenir. Pero cuando menos, se puede trabajar sobre ciertas certezas destinadas a construir los pilares que sostendrán esa reinvención educativa necesaria.

De acuerdo a Toffler la educación para el futuro debe formar “hombres capaces de juicio crítico, de abrirse camino en medios nuevos, de contraer rápidamente nuevas relaciones en una realidad sometida a veloces cambios” (1999, p.426). Por otro lado Wagner considera que

(…) estar preparado para la era de la innovación requiere que los niños aprendan a trabajar de forma colaborativa, que aprendan a pensar de forma crítica, que aprendan a comunicarse de forma efectiva, y que sepan resolver problemas de forma creativa. (2019)

Es destacable observar que ambos coinciden, con décadas de diferencia, en varios de los puntos. Y un posible factor que resulta determinante para lo que proponen, es el uso de la tecnología. Por un lado, ya que la evolución de esta es quien marca la velocidad de los cambios; y por el otro, porque gracias a ella podrán resolverse muchos de los problemas de hoy y, con seguridad, los de mañana. Por eso resulta esencial la incorporación genuina en la educación, reconociendo su valor en la enseñanza (Maggio, 2012). Considerando todo esto es fundamental resolver el dilema, obsoleto pero vigente, de la implementación o no de la tecnología en el aprendizaje. El reflexionar sobre la práctica educativa siempre es positivo, pero si se hace con preguntas pertinentes, actuales y anticipadoras. Optar por mantener espacios educativos ausentes de tecnología no solo es plantear un escenario obsoleto, sino también uno artificial, que no se corresponden ni con el presente ni mucho menos con el futuro de los estudiantes. Como ya se mencionó, a líneas generales, la tecnología atraviesa transversalmente la sociedad, los ámbitos laborales, el entretenimiento, las relaciones humanas y los vínculos afectivos. La clave de la cuestión pasa entonces por considerar seriamente cómo tendría que ser su implementación en la educación, también de manera transversal y no como un recurso aislado. Es decir, de manera consciente y con un propósito, no como un artificio.

Con base en esas cuestiones, para continuar pensando esa educación para el futuro, es pertinente considerar cómo interviene el docente en cumplir su papel destinado para tal fin.

Tal como sostiene Wagner:

el papel del profesor tiene que cambiar. Ya no es lo que enseñamos ni cómo lo enseñamos. Es quiénes somos en el aula. Hasta ahora los profesores trabajaban en un contexto de escasez de conocimiento, pero hoy ya no es así. El conocimiento es un producto. Es gratis, está en cualquier dispositivo con acceso a Internet. (2015)

Es así como la figura del docente tradicional como único poseedor de la verdad, que históricamente propuso la escuela tradicional, ha quedado obsoleta. A partir de incorporar la tecnología de la información en la práctica educativa, como potenciadora de esta, se abre un panorama de oportunidades, siempre y cuando su implementación sea acertada. Pero es pertinente reflexionar cómo funciona esa implementación, a partir de observar de qué forma el docente propone un acercamiento del contenido a los estudiantes, en un panorama que se muestra complejo. La libertad de acceso a la información y la posibilidad de acceder a prácticamente cualquier tipo de conocimiento conlleva ciertos peligros. De acuerdo a la tendencia, en lo inmediato, o cuando menos corto plazo, la desinformación o la falsedad de los contenidos difundidos en Internet puede llegar a ser un problema sumamente importante. Incluso hay claros indicios que el desarrollo de ciertas tecnologías de inteligencia artificial y algoritmos puede hacer escalar rápidamente la divulgación de información tergiversada o falsa. Es crucial entonces que el docente esté a la altura de la situación, con una actitud analítica y crítica de la información, evaluando qué contenido es válido y cual no, a la par que acompaña al alumno a que lo aborde, ya que este potencial problema puede incluso contribuir más a la ignorancia que al conocimiento.

Por otro lado, hay otras cuestiones que merece la pena considerar, en relación a cómo el estudiante puede incorporar el contenido que le facilita el docente. La tendencia respecto a la tecnología es que esta permite, cada vez más, vivir experiencias interactivas e inmersivas. Actualmente hay herramientas tecnológicas incipientes que, potencialmente, van a cambiar la forma de pensar la educación, si se las implementa. La realidad virtual, la realidad aumentada y mixta, aunque lejos aún de democratizarse y masificarse, claramente representan una oportunidad. Si se considera que el alumno debe ser participe activo de su educación, estos sistemas proveen contextos donde el acercamiento al contenido puede ofrecer una experiencia parcial o completamente interactiva. Por supuesto que, como cualquier estrategia de enseñanza, requiere de una intención destinada a facilitar el aprendizaje, pero cuando menos, el potencial está.

También es de suma pertinencia dar lugar y tener en cuenta el protagonismo de los estudiantes, al momento de pensar la educación para su futuro. Entender, conocer y considerar sus saberes previos, contextos e intereses es fundamental. Resulta de importancia que el docente no pase por alto estas cuestiones, porque a veces se toman decisiones con base en supuestos que no necesariamente son ciertos, provocando que el proceso educativo falle. Actualmente se tiende a considerar que todos los estudiantes son nativos digitales, término ampliamente difundido para denominar a las generaciones que han nacido e incorporado la tecnología durante todas las etapas de su vida. Pero es crucial no generalizar y continuar contextualizando la educación, ya que si bien es cierto que la tecnología está presente desde el momento que han venido al mundo, no quiere decir que esté al alcance de la totalidad de ellos. Aún quedan numerosos espacios sociales donde el acceso a cuestiones básicas como la vivienda digna, el agua, la alimentación y, de hecho, la educación, no es un bien común. Mucho menos la tecnología. Con lo cual, pensar una educación para el futuro donde el acceso a esta sea un factor excluyente, en muchos casos podría ser un abordaje que profundice desigualdades. Para evitar esto, la existencia de espacios tecnológicos de experimentación y uso en las instituciones educativas resulta determinante. Esto trae, por supuesto, complejidades a resolver de otra índole, ya que una escuela para el futuro requiere una inversión mucho mayor en tecnología. Y si se consideran los contextos donde ni siquiera las condiciones mínimas de comodidad y recursos son alcanzados por falta de inversión, sea esta pública o privada, promueve a que la educación, lejos de modernizarse, quede aún más obsoleta. Solucionar estas cuestiones es complejo, pero entender que esa complejidad es la respuesta que justifica el no hacerlo, es contraer una deuda que tarde o temprano perjudicará seriamente al desarrollo de cualquier sociedad.

Por todo lo expuesto, el rol del docente es fundamental. El reflexionar y actualizar las prácticas educativas toma un cariz de importancia mayúscula por la velocidad de los cambios y la tendencia a que estos dejen obsoletos numerosos espacios laborales, en el corto o mediano plazo. A la vez, se producirá un efecto donde otros campos de acción que hoy no existen, se manifiesten. No hay un claro y único camino posible para reinventar la educación orientada al futuro, pero si se puede trabajar sobre ciertas bases. Mientras tanto, la tecnología seguirá avanzando y modificando las sociedades y el estilo de vida. Convendría entonces comenzar a pensar cómo incorporar los adelantos tecnológicos, no solo para enseñar de manera más efectiva, sino también para brindar oportunidades emancipadoras. En conclusión, cuando menos es difícil determinar con exactitud qué clase de futuro sucederá, pero sí es posible ayudar a que los estudiantes lleguen mejor preparados para enfrentarlo.

Referencias Bibliográficas

Aprendemos Juntos (2019, 28 de enero) Versión Completa. ¿Cómo preparamos a los jóvenes para la innovación? Tony Wagner [archivo de video]. Recuperado de: https://youtu.be/-_1YdN_whnA

El futuro es apasionante (2015, 16 de diciembre) ¿Qué educación necesitan nuestros hijos para afrontar el futuro? Responde Tony Wagner [archivo de video]. Recuperado de: https://youtu.be/wGMqGnWqO8k

Maggio, N. (2012) Enriquecerla enseñanza. Los ambientes con alta disposición tecnológica como oportunidad.

Toffler, A. (1999) El shock del futuro. Barcelona: Plaza & Janés Editores.

Nota: Este trabajo fue desarrollado en la asignatura Introducción a la Tecnología Educativa a cargo de la profesora Natalia Lescano en el marco del Programa de Reflexión e Innovación Pedagógica.



Abstract: This essay seeks to investigate various issues related to thinking about education for the future, based on considering the implementation of technology as an enhancer of this. Through the analysis of certain trends that are currently taking place, contrasted with what certain authors propose regarding what kind of education students should receive to face an uncertain tomorrow, the teacher’s determining role in linking students with content is analyzed, through technology, with the advantages and complexities it offers.

Keywords: Education - technology - ICT - future - teaching role - immersive content

Resumo: O presente ensaio procura indagar em diversas questões relacionadas com pensar a educação para o futuro, a partir de considerar a implementação da tecnologia como potenciadora desta. Através da análise de certas tendências que se dão na atualidade, contrastadas com o que propõem certos autores com respeito a que classe de educação deveriam receber os estudantes para enfrentar uma manhã incerto, analisa-se o papel determinante do professor para vincular alunos com conteúdo, através da tecnologia, com as vantagens e complexidades que esta oferece.

Palavras chave: Educação - tecnologia - TIC - futuro - papel do professor - conteúdo imersivo


Juan Pablo Galant. Diseñador Gráfico (Escuela Municipal de Bellas Artes, 2004). Profesor de la Universidad de Palermo en el Área de Diseño Visual de la Facultad de Diseño y Comunicación.


La educación para el futuro fue publicado de la página 214 a página216 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación. Nº XLI

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