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Evaluar la Evaluación

Marcosian, Luisa

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación. Nº XLI

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación. Nº XLI

ISSN: 1668-1673

XXVIII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación

Año XXI. Vol. 41, Febrero 2020, Buenos Aires, Argentina | 284 páginas

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Resumen: Pensar y repensar las instancias de la evaluación constituye un proceso de diseño, continuo en el tiempo, flexible a los diferentes contextos y mejorable en cada práctica de enseñanza.

Evaluar la evaluación propone una reflexión pedagógica de dichas prácticas a partir de una revisión de los juicios de valor que anteceden a los instrumentos de evaluación implementados y a una búsqueda permanente de nuevos modelos de intercambio entre los protagonistas de los procesos de enseñanza y aprendizaje. Haciendo foco en la tarea del docente, asumiendo la instancia de evaluación como una instancia de aprendizaje para tomar decisiones y reorientar las prácticas según el rendimiento de los estudiantes durante el desarrollo del currículum y especialmente a través de la evaluación formativa.

Palabras clave: Evaluar - evaluación formativa – metaevaluación – enseñanza – aprendizaje



“Hay que recordar siempre que la libertad de quien enseña debe tener su correspondencia con la libertad de quien evalúa y en la libertad de quien aprende.”

Alicia Camilloni

Introducción

El contrato didáctico establecido entre docentes y estudiantes al momento de abordar una relación pedagógica supone la definición de los roles de cada uno y explicita los lineamientos y el conjunto de reglas que ordenan y regulan la práctica educativa. Dentro de dicho marco, la evaluación constituye un componente vinculado directamente a la enseñanza y una instancia que evidencia el estado de los estudiantes respecto de su proceso de aprendizaje. Asimismo permite revisar las estrategias, métodos e instrumentos utilizados con el fin de hacer ajustes y cambios que favorezcan las prácticas en búsqueda de una mejora continua.

La evaluación supone un control y un seguimiento del rendimiento de los estudiantes en referencia a los objetivos y propósitos planteados previamente en la programación. Apunta a fomentar aprendizajes significativos por parte de los estudiantes para promover su autonomía en la búsqueda de nuevos saberes, desarrollar su independencia y estimular su propia autoevaluación. Que cada uno pueda experimentar por sí mismos el proceso de construcción del conocimiento, con asociaciones, relaciones y reflexiones propias.

Los factores involucrados en cada instancia evaluativa incluyen a los protagonistas, los contextos de espacio y tiempo, los mecanismos de instrumentación y finalmente los resultados observables en función de los intereses y las perspectivas de quien o quienes evalúan. Hoffmann lo sintetiza:

El acto de evaluar comprende: a) un conjunto extenso de procedimientos didácticos; b) es de carácter multidimensional y subjetivo; c) se extiende por un tiempo prolongado y ocurre en diferentes espacios; y d) involucra a todos los sujetos del acto educativo de manera interactiva. Anijovich (comp. 2010)

El carácter multidimensional al que refiere, supone un diálogo permanente entre evaluador y evaluado, a partir de acuerdos explícitos y una comunicación efectiva que describa los criterios que fundamentan los resultados de acto evaluativo. La observación y el análisis por parte de los docentes, instituciones educativas, organismos y demás actores responsables también implican acuerdos que dirijan la práctica evaluativa hacia una finalidad común que favorezca la toma de decisiones en los alcances que a cada uno les compete. Dentro de este amplio escenario, es necesaria la fragmentación para poder focalizar en cada instancia y replantear las prácticas establecidas y que la instancia de evaluación sea también una instancia de aprendizaje para quienes evalúan, siendo necesario que ciertos interrogantes siempre estén  presentes.

¿Qué evaluar?, ¿cuándo evaluar?, ¿para qué evaluar?, ¿cuáles son los parámetros para una buena evaluación?, y  ¿cómo medir e implementar los resultados que surgen de la evaluación?

Para Perrenoud (2010), evaluar es crear jerarquías de excelencia, en función de las cuales se decidirán el progreso en la trayectoria escolar y es también privilegiar una manera de ser en la clase y en el mundo.

Estos conceptos cobran sentido, dentro de la estructura general de la educación frente a la complejidad de implementar modelos comunes para certificar saberes y competencias, clasificar a la población educativa, diagnosticar y detectar dificultades, asumiendo las nuevas y cambiantes realidades sociales, culturales y tecnológicas que conviven en el entorno educativo, siendo el docente un eslabón clave dentro del ecosistema.

El campo de acción del docente (la evaluación formativa): Frente al inicio de un ciclo y al encontrarse frente a un nuevo grupo de estudiantes, el docente implementa habitualmente una instancia de evaluación que le permite generar un diagnóstico preliminar para determinar los saberes previos de los estudiantes y establecer un primer reconocimiento de los integrantes del grupo.

La evaluación diagnóstica o inicial, le facilita un cuadro de situación de los estudiantes, de sus intereses, competencias, potencialidades y también sus dificultades y áreas de mejora. A partir de allí, el docente puede tomar las decisiones y realizar los ajustes que considere convenientes en el currículum con el fin de mejorar el proceso de enseñanza y contribuir a mejorar también el proceso de aprendizaje de los estudiantes.

La enseñanza y aprendizaje son procesos activos, y las prácticas de evaluación formativa que se implementan durante su desarrollo revelan indicios que permiten al docente detectar oportunidades de mejora a partir de una intervención comprometida, primeramente para identificar e interpretar la información que los instrumentos de evaluación le revelan y luego, para realizar los cambios en las actividades y contenidos, que reorienten la práctica de enseñanza en favor de un aprendizaje más significativo para el estudiante.

Durante el período de vigencia del contrato pedagógico, la evaluación formativa cumple un rol sumamente importante para articular la práctica de la evaluación con la práctica de la enseñanza. Ambas prácticas interactúan y se enriquecen entre sí a partir de la responsabilidad genuina del docente.

No es suficiente adherir a la idea de una evaluación formativa. Un docente también debe tener los medios para construir su propio sistema de observación, de interpretación y de intervención, en función de su concepción personal de la enseñanza, de los objetivos, del contrato didáctico, del trabajo escolar. (Perrenoud 2008)

Durante toda instancia evaluativa es importante establecer y comunicar con claridad por parte del docente las pautas con que el alumno será evaluado. Para que sea realmente efectivo el proceso de evaluación y dada la subjetividad del mismo, ya que se basa en juicios de valor de quien evalúa, es necesario fundamentar de manera clara y rigurosa según parámetros acordados previamente entre docentes y estudiantes.

La evaluación formativa cuenta con una cantidad de elementos e instrumentos que el docente tiene disponibles y conforman un campo de acción que requieren la creatividad en la implementación de estrategias innovadoras y metodologías que admitan ser cuestionadas y renovadas de manera continua. Toda instancia de evaluación es una instancia de aprendizaje, tanto para los estudiantes como para los docentes.

Las consigna claras, el error como oportunidad para aprender, el ritmo y dinámica del trabajo, las valoraciones y devoluciones del docente frente a las tareas de los estudiantes, forman parte del abanico inagotable de recursos con los que cuenta el docente al momento de evaluar a los estudiantes, teniendo presente que el acto de evaluar es también un acto de aprender. Finalmente, el cierre del ciclo pedagógico se completa con la instancia de evaluación sumativa o certificadora que puede implementarse mediante una grilla de evaluación que detalla los criterios que fundamentan las calificaciones del proceso evaluado.

Conclusión

Los contextos educativos suponen cambios permanentes que involucran a los principales actores del contrato didáctico y a los entornos que enmarcan las prácticas pedagógicas.

Revisar dichas prácticas y reflexionar sobre las mismas requiere de un compromiso genuino de los docentes y responsables de la implementación de las políticas educativas, para reexaminar lo realizado y asumir el desafío y los riesgos que implica intervenir en los distintos engranajes que componen la tarea educativa.

Una buena práctica de evaluación no solo impacta en los aprendizajes de los alumnos sino que, a partir de su revisión, los docentes se examinan a sí mismos como planificadores, enseñantes y evaluadores. La información recogida, su análisis e interpretación les ofrecen material para repensar su quehacer cotidiano en el aula. (Anijovich 2011)

Identificar y analizar los resultados obtenidos mediante las instancias evaluativas permite al docente una valoración de los niveles de comprensión de los estudiantes y su rendimiento respecto de las actividades desarrolladas, y al mismo tiempo le sirven para valorar su propia labor en el ejercicio docente, reconociendo sus aciertos y sobre todo, detectando los obstáculos que dificultan los procesos pedagógicos.

La meta evaluación como objetivo docente orienta las prácticas evaluatorias hacia el diseño de nuevos instrumentos que permitan una supervisión de la eficacia o no de los formatos utilizados para evaluar, y especialmente la revisión de los paradigmas y juicios de valor que fundamentan el proceso evaluativo. Nóbrega (2019) sostiene que evaluar sirve para poner en cuestionamiento y a prueba todo lo preestablecido.

La formulación de preguntas y el planteo de problemas a resolver, es uno de los campos de acción del docente en la construcción de conceptos que sean pertinentes a sus propósitos, y sirvan también para cuestionar esos mismos propósitos abriendo nuevos interrogantes sobre las prácticas de evaluación y de enseñanza. Los ejercicios de construcción y deconstrucción de los modelos de evaluación implementados generan un terreno de intervención entre los objetivos, contenidos, currículum y actividades disponibles.

Establecer un proyecto educativo, implica también establecer un proyecto evaluativo y una metodología estratégica que articule los contenidos conceptuales, procedimentales y actitudinales de los estudiantes, así como los umbrales o criterios de valoración y la secuenciación de los tiempos de las instancias evaluatorias.

El desafío docente consiste en elaborar propuestas intencionadas, flexibles y adecuadas a las realidades, contextos y necesidades de los estudiantes en favor de enriquecer y orientar sus procesos de aprendizaje. Implica utilizar las instancias de evaluación como instancias de aprendizaje y ofrecer herramientas a los estudiantes para construir por sí mismos su propia autoevaluación. El docente necesita asumir y comprender la complejidad de la evaluación para generar diálogos comprometidos en la búsqueda de nuevos aportes para mejorar las prácticas pedagógicas y aplicar la autoevaluación a sus propios procesos de enseñanza.

Evaluar la evaluación plantea una perspectiva de mirar como en un espejo la práctica docente, buscando un espacio de abrir nuevos caminos y ampliar los escenarios conocidos.

Referencias Bibliográficas

Anijovich, R. (2010) La evaluación significativa (comp.). Conceptos e instrumentos. Buenos Aires: Paidós

Anijovich, R. y González C. (2011) Evaluar para aprender. Buenos Aires: Aique Educación

Camilloni, A. (2007) Las funciones de la evaluación. Buenos Aires: Mimeo

Nóbrega, B. (2019) Evaluación continua: estadios clave en la instancia pedagógica. UP Programa de Reflexión docente. Universidad de Palermo.

Perrenoud, P. (2008) La evaluación de los alumnos. Buenos Aires: Editorial Cohiue

Nota: Este trabajo fue desarrollado en la asignatura Evaluación a cargo del profesor Matías Panaccio en el marco del Programa de Reflexión e Innovación Pedagógica.



Abstract: Thinking and rethinking the instances of the evaluation is a design process, continuous in time, flexible to different contexts and improved in each teaching practice.

Evaluating the evaluation proposes a pedagogical reflection of these practices based on a review of the value judgments that precede the evaluation instruments implemented and a permanent search for new models of exchange between the protagonists of the teaching and learning processes. Focusing on the task of the teacher, assuming the evaluation instance as a learning instance to make decisions and reorient the practices according to the performance of the students during the development of the curriculum and especially through the formative evaluation.

Keywords: Evaluate - formative evaluation - meta-evaluation - teaching - learning

Resumo: Pensar e repensar as instâncias da avaliação constitui um processo de design, contínuo no tempo, flexível aos diferentes contextos e mejorable na cada prática de ensino. Avaliar a avaliação propõe uma reflexão pedagógica de ditas práticas a partir de uma revisão dos julgamentos de valor que anteceden aos instrumentos de avaliação implementados e a uma busca permanente de novos modelos de intercâmbio entre os protagonistas dos processos de ensino e aprendizagem. Fazendo foco na tarefa do docente, assumindo a instância de avaliação como uma instância de aprendizagem para tomar decisões e reorientar as práticas segundo o rendimento dos estudantes durante o desenvolvimento do currículum e especialmente através da avaliação formativa.

Palavras chave: Avaliar - avaliação formativa - meta-avaliação - ensino - aprendizagem


Luisa Marcosian. Arquitecta (Universidad de Buenos Aires). Profesora en Arquitectura (USAL) 


Evaluar la Evaluación fue publicado de la página 266 a página269 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación. Nº XLI

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