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Si no puedes con el enemigo, únete a él

Ruiz, Marisa Ester [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXXIII

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXXIII

ISSN: 1668-1673

V Congreso de Creatividad, Diseño y Comunicación para Profesores y Autoridades de Nivel Medio. Interfaces Palermo

Año XIX , Vol. 33, Febrero 2018, Buenos Aires, Argentina | 291 páginas

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Resumen: “¡El celular en el aula noooo!” es la frase que habitualmente se escucha de los docentes. La realidad es que este dispositivo llegó para quedarse y resulta ser un accesorio que se encuentra pegado a las manos de los estudiantes. La prohibición de su uso es prácticamente un caso perdido. Entonces, ¿por qué inhabilitar su uso? ¿Por qué no encontrar el modo de incorporarlo al salón de clases y convertirlo en un aliado?

Palabras clave: educación - tecnología – celulares – aula – docentes – estudiantes – aprendizaje


Antes de preguntarnos “¿cómo el celular llegó al aula?” nos deberíamos preguntar “¿de dónde viene?” Actualmente, es inconcebible pensar nuestra comunicación y nuestra vida sin celulares y sin Internet; ambos elementos se han vuelto parte indispensable de la comunicación. Ni hablar de lo que significa para los adolescentes: no pueden vivir sin Internet, sin las redes sociales; todo está y todo lo sabe el “señor Google”, y el celular es prácticamente el único medio de contacto con los demás, es una “extensión” de su mano. Internet y celular para ellos son sinónimos de estar conectados. Estos dos elementos, en su uso justo y adecuado, se podrían considerar indispensables para la vida cotidiana de cualquier persona; ni hablar si pensamos que pueden convivir, estar juntos en un solo aparato. Entonces, ¿por qué esperar que los adolescentes de hoy quieran dejarlos de lado durante un tiempo determinado y además por imposición de un docente? 

En la década del 40, en Estados Unidos, se percibía la ventaja de la tecnología en la vida cotidiana, pero recién a partir de 1985 la telefonía celular comenzó a avanzar a grandes pasos. Primero surge el denominado 1G (primera generación), con aparatos pesados, grandes, incómodos e inalcanzables económicamente para la mayoría de la ciudadanía. En la década del 90, con el sistema 2G, no solo se mejora la comunicación, sino que los teléfonos comienzan a ser portátiles para el uso diario y sus respectivas comunicaciones accesibles. Acercándonos a nuestro tiempo surge el 3G, permitiendo la conexión a Internet en todos los celulares y en la actualidad nos encontramos (en Argentina) con el 4G, que le agregó velocidad a todo lo que ya se podía realizar con los “pequeños” aparatos. 

A comienzos de 1960, con la finalidad de que el ejército estadounidense pudiera comunicarse sin interferencia durante la Guerra Fría, comienza Internet, pero es recién en 1972 bajo el nombre de ARPENAT que comienza su verdadero desarrollo hacia lo que conocemos hoy, y en el año 1995 surge la WWW, dando inicio a la Internet comercial, al ciberespacio y a la conexión de todos con todos, lo que suele denominarse la “aldea digital”. Internet y los celulares llegaron a nuestras vidas, se quedaron y no tienen intenciones de irse; pero éste no es el inconveniente: el problema surge al pensar dónde, cómo y cuándo debemos y podemos utilizar el celular con Internet y todas las demás prestaciones que éste nos puede brindar. Debido a esto, es inevitable, dentro del ámbito académico, preguntarnos: ¿celular en el aula no o celular en el aula sí? Si las tecnologías cambiaron la forma de comunicarnos y se volvieron prácticamente parte indispensable en nuestras vidas, se tiene que tener en cuenta que los adolescentes actuales nacieron con ellas y no están dispuestos a abandonarlas. Entonces, ¿no será la hora de pensar qué estrategias se deben poner en práctica para incorporarlas como una herramienta más a las utilizadas diariamente? 

Estamos inmersos en un mundo tecnológico; intentar prohibir el uso de teléfonos celulares dentro del aula es casi imposible. Por tal motivo, es indispensable integrar su uso al dictado de las clases. 

Para los jóvenes la tecnología es algo cotidiano; los docentes deben tener presente que son educadores del siglo XX capacitando a estudiantes del siglo XXI. Con los avances que transcurren rápidamente de la mano de la tecnología y la ciencia, lo enseñado hoy en clase tiene una gran posibilidad de ser obsoleto mañana; en consecuencia, se deben impartir no solo conocimientos: además, se debe enseñar a buscar esos conocimientos, pues la tecnología al servicio del aprendizaje nos brinda esa posibilidad, y los celulares son los vehículos portátiles más accesibles que ofrecen la oportunidad, la herramienta de poder realizarlo. 

Hace algunos años (no tantos), el uso de las calculadoras en el aula era impensable. Estaba vedado. Hoy, esa posibilidad es inimaginable. ¿A quién se le ocurriría decirle a un estudiante “está prohibido el uso de la calculadora durante la clase”? Los docentes tuvieron que adaptarse y encontrar una aliada en las calculadoras, con la salvedad que son útiles para áreas como matemáticas o física. Los docentes se encuentran ahora ante el gran dilema de permitir o no el uso del celular en las instituciones educativas, aunque esto ya parece cosa juzgada. ¿Cuántos son los estudiantes que al llegar al colegio avisan a sus padres que ya están dentro del establecimiento? La mayoría adopta esta práctica, y se debe a los cambios que ha sufrido la sociedad, por lo tanto prohibir su uso dentro de la institución es imposible. Ahora: ¿qué hacemos dentro del aula? Responder a esta pregunta es aún mucho más complejo. 

Las tecnologías han avanzado a pasos agigantados y la educación no puede quedar afuera de ellas. En los años 80, el avance lo tuvo la PC; para Internet fue la década del 90 y en la actualidad la revolución la viven los celulares. Como expresa Howard Rheingold (2004), en torno a estas tecnologías se han desarrollado organizaciones colectivas espontáneas, virtuales, inteligentes, y sus nuevos usos son liderados en la mayoría de los casos por los usuarios más jóvenes. Basta con ver el uso masivo que los nativos digitales hacen de los mensajes de textos, para distintos fines. 

Los estudiantes de hoy son llamados “nativos digitales”; la mayoría de sus docentes han tenido que migrar a las llamadas “nuevas tecnologías” (que actualmente no son tan nuevas). A mediados del siglo XX, el bolígrafo “amenazó” a las escuelas: podían dejar de lado el uso de la pluma, y tanto el uso del bolígrafo como el de la calculadora, para citar solo dos ejemplos serían imposibles en la actualidad fuera del aula. Permitir el uso del celular en clase, como lo vemos hoy, es mucho más complejo, ¿pero lo será dentro de algunos años? Un celular a los estudiantes, a los docentes y a todos en general, no solo les permite ver la hora: permite usar la calculadora, sacar fotos, grabar videos, usar Internet y verificar si lo que el docente dice es verídico; pueden compartir información y opinar a través de las redes sociales, entre otras cosas. Todo lo enunciado expone la tarea diaria del docente; se vive en una convergencia digital, lo que permite la interacción de “todos con todos” en los diversos ámbitos en los que nos movemos, facilitando las tareas laborales, familiares, sociales, comerciales y educativas. 

Los nativos digitales en general no van a las bibliotecas, no buscan la información en las enciclopedias: la buscan en Internet y no conocen un mundo sin comunicación y conectividad móvil, viven sus experiencias de manera audiovisual, interactivas, ricas en contenidos y sobre todo de forma colaborativas. Todo se comparte en las diversas redes sociales; los adolescentes no utilizan Internet para navegar: ellos viven conectados a la red, en donde comparten todas sus experiencias, construyen su identidad y experimentan nuevas formas de aprender a través de la cultura digital. Contrariamente a lo que es natural entre los estudiantes, en las aulas en general no sucede lo mismo: no experimentan nuevas formas de aprender porque se utiliza la vieja forma de enseñar, y como observa Zygmunt Bauman (2013), se debe tener en cuenta que olvidar por completo y con rapidez la información obsoleta y las costumbres añejas puede ser más importante para el éxito futuro que memorizar jugadas pasadas y construir estrategias basadas en un aprendizaje previo. 

La tecnología avanza día tras día, los teléfonos celulares son cada vez más complejos y con acceso a nuevas y diversas aplicaciones, y mediante ellos se puede hacer uso de toda esa tecnología. Entonces, ¿no sería oportuno dejar de pensar “el celular en el aula no” y pensar en cambio “si no puedes con el enemigo, únete a él”, tratando de responder a dos preguntas clave para esta área: cómo los educadores pueden acompañar las experiencias de los estudiantes en el mundo digital y cómo se pueden aprovechar las nuevas formas de aprender? Los docentes actuales tienen el gran desafío de conquistar la mente de sus estudiantes, pero teniendo presente que la tecnología en las escuelas representa nuevas oportunidades de aprendizaje que no reemplazan las clásicas estrategias pedagógicas; contrariamente a eso, las enriquecen y complementan. Pedagógicamente deben facilitar y enriquecer el aprendizaje; entonces, ¿por qué no incorporarlo de diversas formas a la clase? Por ejemplo, pedir a los alumnos que busquen información de un tema determinado en la red; hacerlos navegar buscando secuencias lógicas de conceptos; con el material recopilado, producir contenidos en videos, animaciones, blogs, páginas en redes sociales. Etc., etc., etc. Cada área y cada docente deben buscar su método y nicho acorde a las necesidades particulares de su clase. Como ha señalado Luis Alberto Quevedo (2006), la escuela tiene el desafío de administrar las nuevas tecnologías y de usarlas todo lo posible, particularmente los teléfonos celulares, que han reducido la brecha digital. En la medida en que las tecnologías para la información y la comunicación llegaron para quedarse, la actitud más inteligente de padres y maestros es no demonizarlas. 

Lamentable o afortunadamente, las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) y los celulares invadieron la educación; por lo tanto, si su uso no está incorporado al aula, el proceso de enseñanza se verá interrumpido. Se debe aprender a aprovechar las ventajas que sus usos puede brindar al aula: incorporar el teléfono celular al contexto áulico, interactuando con él; integrar su uso en una herramienta habitual, sin prohibirla ni censurarla; transformar el recurso tecnológico que brinda el teléfono celular para potenciar las TIC en el aula. 

Los medios visuales son uno de los principales elementos en el proceso de aprendizaje. La retención de las personas varía de acuerdo al sentido que se utiliza: si solo se escucha, la retención es de un 10 por ciento; es de un 20 por ciento si solo se ve, y de un 65 por ciento si se escucha y se ve. Por lo tanto, ¿de cuánto será la retención de los estudiantes si además de escuchar y ver pueden interactuar participando con lo que para ellos es fundamental en sus vidas: el celular? ¿La retención no sería mayor a ese 65 por ciento si pueden utilizarlo durante la clase en diversas actividades propuestas por el docente? La educación tradicional no es una receta infalible. ¿Todos aprenden y todos se reciben? ¿Por qué pedírsela a esta nueva forma de enseñar y/o de aprender? Educar para el siglo XXI no solo enfrenta nuevas formas de aprender, enfrenta nuevas oportunidades para enseñar.

Referencias bibliográficas 

Bauman, Z. (2013). Tiempos líquidos. Barcelona: Tusquets. 

Quevedo, L.A. (2006). El celular es todo un desafío para el colegio. La Nación, 4 de marzo de 2006. 

Rheingold, H. (2004). Multitudes inteligentes. La próxima revolución social. Barcelona: Gedisa. 

Sabat, G. (2012). Celulares: ¿debe prohibirse su uso en los colegios? Guioteca. Disponible en: http://www.guioteca.com/educacion-secundaria/celulares-debe-prohibirse-su-uso-en-los-colegios/.


Abstract: “The cell phone in the classroom noooo!” It is the phrase that is usually heard from teachers. The reality is that this device arrived to stay and turns out to be an accessory that is stuck in the hands of the students. The prohibition of its use is practically a lost case. So why disable its use? Why not find a way to incorporate it into the classroom and make it an ally?

Key words: education - technology - cell phones - classroom - teachers - students – learning

Resumo: O celular no sala de aula... Nãoooo!!! É a frase que habitualmente se escuta dos professores. A realidade é que este dispositivo chegou para ficar e resulta ser um acessório que se encontra colado às mãos dos estudantes. A proibição de seu uso é praticamente um caso perdido. Então ¿Por que inhabilitar seu uso? ¿Por que não encontrar o modo de incorporar ao salão de classes e converter em um aliado?

Palavras chave: Educação – Tecnología - Celulares - Sala de Aula - Professores - Estudantes - Aprendizagem


Marisa Ester Ruiz: Lic. en Relaciones Públicas e Institucionales. Magister en Comunicación. Finalizando Doctorado de Educación Superior. Profesora de la Universidad de Palermo


Si no puedes con el enemigo, únete a él fue publicado de la página 118 a página120 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXXIII

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